
Por Bret Sinclair –
Nadie duda, hablando en serio, de las condiciones psicológicas del actual presidente. Quienes lo aprecian ignoran esa condición, el resto con, palabras más palabras menos, identifican al actual titular del ejecutivo con algunos problemas mentales. Condición que se documenta ni bien otorga una nota, o se hace presente frente a un micrófono dirigiéndose a la gente.
En su última entrevista que concedió a su periodista de turno Luis Majul emitió respuestas que todavía nadie entiende. Muy suelto de cuerpo confesó que su gobierno echo a 10 mil terroristas el año pasado. ¿Ante la sorpresa del periodista siguió con el tema y le preguntó a Majul ¿sabes cuantos echamos este año? Majul sorprendido arriesgó una cifra que no fue la correcta. Milei respondió “otros 20 mil”, y prosiguió Milei,” o sea, 10 mil mas 20 mil nos da 20 mil terroristas deportados”. No, yo no me equivoqué, el hermano de Karina no sabe sumar.
Pregunto, alguien escuchó hablar de terroristas en la Argentina, algún medio dijo que deportó el país uno, dos o cien terroristas. Bien, Majul piensa lo mismo la diferencia que el se calla porque si no se cae la mensualidad de YPF.
Tener un Calígula en el cargo más alto de la república es, al menos, un hecho inapropiado pero solucionable. No es tan difícil en el juego de la democracia. Existe una herramienta llamada juicio político. Incluso Milei lo mencionó en el reportaje con el único periodista argentino que carece de repregunta, si Luis Majul.
Milei habló de juicio político y lo calificó como golpe de estado. Sin pestañar dijo ante la atónita mirada del reportero que Argentina había sufrido en su gestión siete golpes de estado.
En fin… sin irnos por las ramas y para que usted sepa, si el Congreso tuviera una mayoría de representantes honestos, aclaro no marque color partidario, si no fueran tan alcahuetes ni entreguitas esos que se ocultan bajo el techo del Congreso ya se hubiera votado un juicio político y el hombre que habla con un perro muerto estaría en su monoambiente explicando a Conan la escuela austríaca.
Entonces el problema no es un presidente loco, el drama argentino es que el resto del sistema político, entiéndase diputados, senadores, jueces y eclesiásticos son cómplices de una tiranía en formato democrático. ¿No le parece?



