Hallan los restos de un Ave Prehistórica en Mar del Plata
En los acantilados de Chapadmalal, científicos argentinos descubrieron restos fósiles de carnívoros que vivieron hace más de 3, 5 millones de años. El investigador Federico Degrange conversó con MI Club Tecnológico sobre el hallazgo. Revista Mi club tecnológico.
Llallawavis scagliai era un ave no voladora, depredadora y carnívora de unos 1,20 metros de altura. Tenía un pico poderoso, con forma de gancho, que usaba como si fuera un hacha para matar a sus presas. Sus restos fueron encontrados por investigadores argentinos en una playa de Chapadmalal, cerca de Mar del Plata.
El hallazgo estuvo a cargo de los paleontólogos Matías Taglioretti, de la Universidad de Mar del Plata; Alejandro Dondas y Fernando Scaglia, del Museo Municipal de Ciencias Naturales “Lorenzo Scaglia” de Mar del Plata.
Más tarde, se sumaron los científicos cordobeses Claudia Tambussi, investigadora principal del Centro de Investigaciones de Ciencias de la Tierra (CICTERRA, CONICET-UNC), y Federico Degrange, investigador asistente, quienes pudieron reconstruir -con más del 90% de sus huesos excepcionalmente preservados- el esqueleto más completo encontrado hasta el momento de este grupo de animales.
Degrange contó a MI Club Tecnológico que se dedica a la paleornitología, es decir, al estudio de las aves fósiles y aclara que el ave descubierta pertenece al grupo de los “Forroracos”. Algunas especies llegaron a tener hasta tres metros de alto, y se cree que fueron aves depredadoras. “La imagen de animales violentos y muy sanguinarios les valió el nombre que en 1978 le dio el investigador Larry G. Marshall, Terror byrds, es decir aves del terror”, comentó el paleontólogo.
El ejemplar hallado pertenecía a uno de los mayores predadores de América del Sur y habitó el noreste de lo que en la actualidad conocemos como Argentina, hace unos 3.5 millones de años. Particularmente, este ejemplar medía un metro veinte de altura y pesaba alrededor de 18 kilos. Vivía en lugares asociados a palmeras y cuerpos de agua.
Sobre el lugar del hallazgo, Degrange comentó: “Fue en la playa La Estafeta, en Chapadmalal, en 2010, sobre las barrancas. Lo más novedoso fue lo completo que estaba el esqueleto”. Y agrega: “El lugar es una zona rica de fósiles pero, generalmente, suelen estar más incompletos y dispersos”.
La mayor cantidad de restos se encontraron en Argentina, principalmente en el Noroeste y la Patagonia que son ambientes fosilíferos muy ricos por sus condiciones climáticas que permiten la preservación.
Otros fororracos fueron hallados en el país. El más grande apareció en Bariloche: medía 3 metros de altura. Ahora, el descubrimiento de esta nueva especie –que le valió al equipo argentino una reciente publicación en la prestigiosa revista Journal of Vertebrate Paleontology– proporcionará nuevos conocimientos para el estudio de la diversificación de los fororracos.
Acerca del trabajo de investigación, Degrange explicó “siempre es importante saber qué se está buscando. Después del hallazgo se comienzan a realizar estudios paleobiológicos y se requieren numerosas pruebas. Se inicia con el estudio de la anatomía, los músculos, los tipos de movimientos. Por eso el hallazgo es sólo el comienzo de un gran trabajo”. En suma, la investigación final conlleva muchos detalles y tiempo, y también se requiere de la utilización de herramientas de otras disciplinas.
Luego de los estudios que se realizaron se pudo concluir que los fororracos posiblemente hayan tenido lo que se conoce como visión estereoscópica funcional: cuando bajaban el pico y miraban hacia el frente, pudiendo formar una imagen única, con profundidad de campo. Además, para evitar que se formen dos imágenes separadas por el gran tamaño del pico, los ojos sobresalían. Y, para que no queden peligrosamente expuestos, el anillo esclerótico encontrado serviría de protección.
Finalmente, el investigador explicó que en general las aves mueven el pico de manera separada al cráneo y aunque los antecesores de esta especie tenían este tipo de articulación, ésta la perdió. “Esto refuerza la idea de que cazaba las presas utilizando su pico como una guillotina, por lo que una estructura rígida sería más útil que una articulada”, afirmó Degrange.



