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El  odiador y su banda, se tienen que ir…

 

 

Por  Jorge Rachid   –

 

La reunión entre Estados Unidos y China, sin duda, a través de los ocho puntos acordados, brinda un paréntesis en un proceso de guerra que se está desplegando a nivel global.

Aquí no estamos muy enterados; no se publican los ocho puntos ni se plantea en profundidad lo que está sucediendo. Sin embargo, China y Estados Unidos —Trump y Xi Jinping— acordaron en principio una tregua comercial y un proceso de integración para intentar controlar el escenario mundial, el cual se le ha escapado de las manos fundamentalmente a Estados Unidos.

Hoy, ese proceso bélico está liderado, de alguna manera, tanto por un Trump que intenta replegarse, como por Inglaterra, que ha tomado fuerza, conduce a Europa hacia la guerra con Rusia, maneja la OTAN e intenta el rearme fundamentalmente para seguir avanzando hacia Eurasia y reconquistar la hegemonía que ha perdido.

Esto se produce en medio de un conflicto que se prolonga tanto en Irán como en Ucrania, y que pone en riesgo al mundo por la posibilidad de una guerra termonuclear.

A pesar de esto, hay una puerta abierta al entendimiento, tal como surgió en su momento de la reunión entre Trump y Putin, y la posibilidad del túnel en el estrecho de Bering para conectar Asia con América.   Ahora, con este encuentro con Xi Jinping, ambos se han comprometido: Trump viajará a la APEC en Pekín y Xi Jinping asistirá al G20 en Florida.

Es decir, antes de fin de año habrá dos nuevas reuniones. Esperemos que sean por la paz y que pueda articularse un proceso global, tal como plantean el Instituto Schiller —del cual me siento parte— y la Coalición Internacional por la Paz, integrada por 86 países. Esta coalición exige un proceso de paz global que permita, por un lado, preservar el planeta —la única nave que tenemos para transitar esta vida y que está en riesgo— y, por el otro, evitar tantísimas muertes y lograr que los genocidas sean juzgados.

El pueblo deberà decidir

Por eso, el sistema de odio que se instala en la Argentina con Milei, arrodillado frente a los principales asesinos del mundo actual, es patético para los argentinos.

Debemos terminar con este sistema de odio binario, derramado desde el delirio ya patológico de este presidente que nunca debió ser y que, sin embargo, sigue ejerciendo.

Es difícil que la Argentina pueda esperar hasta el 2027. No soy pronosticador, pero de aquí a ese año el país puede dejar de ser tal cual lo conocimos debido a Milei, su banda y los cómplices de los tantos delitos que están cometiendo, entre ellos la corrupción, la violación a la Constitución Nacional y el desconocimiento de la ley, amparados por una Corte Suprema.

El pueblo deberá decidir; deberemos decidir todos. Muchos de nosotros estamos en la calle, queremos seguir ahí y lo haremos más allá de lo que pase.

Milei se tiene que ir lo antes posible, si es posible por juicio político, garantizando el menor costo social y político para los argentinos. La buena práctica de la política busca reducir ese impacto, pero Milei hace absolutamente todo lo contrario.

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