Sociedad

De turistas a Marte, pero no dominamos los terremotos.

Por  Margarita Pécora   B. –

 

Entre las grandes hazañas  del hombre  en su intento por dominar la naturaleza, está sin dudas el  haber   llegado a la Luna y  varias veces a Marte, donde  ya hoy se busca  señales de vida  para colonizar ese planeta;  pero antes el hombre   logró dominar el fuego, el aire, cambiar  el cauce de los ríos,  derribar montañas, almacenar  la energía  solar, y   poner a su merced la fibra óptica  para la transmisión de datos mediante impulsos fotoeléctricos   que han dado origen a Internet.

Pero lo que no ha podido el hombre hasta hoy,  es   dominar  las poderosas fuerzas que  se mueven en las entrañas de la tierra , ni  evitar que las  gigantescas placas tectónicas  que  se  extienden a lo largo de los continentes,   busquen encontrarse y   al chocar entre sí, liberen  energía  ocasionando devastadores    terremotos.

Convengamos que  es un desafío, una asignatura pendiente para la comunidad científica a nivel mundial, que  hasta ahora   solo  ha avanzado en el terreno  de la predicción  de  estos  eventos sísmicos,   sustituyendo  las  primitivas señales   de  algunos animales  que viven  más cerca de la tierra y   avisan la proximidad del evento sísmico, por la alteración de sus conductas.

Algunos   sismólogos están trabajando en métodos para predecir sismos, como es analizar los gases en la atmósfera antes de un terremoto,  o los cambios que se detectan en los campos magnéticos o eléctricos.

Se sabe  que los terremotos envían señales a la velocidad de la luz (300 mil kilómetros por segundo) y pueden ser registrados mucho antes que las relativamente lentas ondas sísmicas (cerca de 8 kilómetros por segundo),  pero  son  cambios repentinos en la gravedad causados por un cambio en la masa interna de la Tierra.

Sólo recientemente éstas señales fueron detectadas por máquinas que miden los movimientos sísmicos. Con la ayuda de esta información, se podría detectar un terremoto mucho antes de la llegada de su destructivo movimiento, o los tsunamis que causan. Sin embargo, hasta el momento, ninguno de estos métodos ha sido validado.

En  muchas regiones de América  las personas convivimos  con  los temblores de tierra.  Eludiendo   tecnicismos, digamos  simplemente que un terremoto   ocurre cuando dos placas chocan, se acumula una gran cantidad de energía que al ser liberada produce el terremoto.

Como consecuencia de este fenómeno puede producirse  posteriormente un tsunami o maremoto,  que es una serie de olas de gran energía, que en ocasiones alcanzan 30,5 metros. Estas olas, cuando llegan a la costa, pueden causar una gran destrucción.

La mayor parte de los tsunamis ocurren en el Anillo de Fuego del Océano Pacífico, un área en la que la actividad sísmica, las erupciones volcánicas y los terremotos son muy comunes.

Por ejemplo la ciudad  de California, en los Estados Unidos,   se ubica  sobre una serie de fallas, la mayor de ellas -y la potencialmente más peligrosa- es la falla de San Andrés, que atraviesa el Estado de norte a sur y se extiende a lo largo de 1.300 kilómetros. La parte media de la falla se rompió hace unos 160 años y la parte norte en 1906, provocando el devastador terremoto de 7,8 grados que destruyó gran parte de San Francisco en 1906 y dejó más de 3.000 muertos.

 

Latinoamérica es una región del planeta que está expuesta permanentemente a terremotos a causa de su ubicación en el límite de varias placas tectónicas que forman parte del llamado ‘Cinturón de Fuego del Pacífico’, que es el área de mayor actividad sísmica y volcánica del planeta. Comienza en el sur de Nueva Zelanda,  sube por Indonesia, Japón y Estados Unidos hasta que desciende al sur de Chile.

 

Muchos  piensan que la ciudad de Latinoamérica  que tiene mayor riesgo de terremoto es  Santiago (Chile) o la Ciudad de México (México), pero se equivocan; es Lima, Perú. Esta aseveración  fue realizada por AIR Worldwide, una firma de modelación de Catástrofes, que  también categoriza a Lima como una de las ciudades más prominentes para el riesgo  también de tsunami.

Y esto nos lleva a recordar el terremoto  que  sacudió  a Perú el 31 de mayo de 1970- provocando  un desprendimiento de tierra que sepultó a la ciudad de Yungay y mató a unas 66.000 personas.

Diez años antes, un  22 de mayo de 1960,  tuvo lugar en la ciudad de Valdivia, en el sur de Chile el  terremoto de mayor magnitud registrado en la historia del país vecino. Con una magnitud 9,5Mw (Moment magnitude), los   sismólogos   calculan  que la energía liberada fue 20.000 veces más potente que la bomba lanzada sobre Hiroshima al final de la Segunda Guerra Mundial. Unos 15 minutos después del movimiento telúrico, vino un tsunami con olas superiores a los 10 metros arrasó con buena parte del sur del país.

En  resumen hubo 13 terremotos entre el año  2000 y  2019, dejando un saldo  de centenares de miles de personas muertas,  otro elevado número de lesionados  e incalculables daños en viviendas y    la economía de los países  del centro y sur de América. Pero el  más  devastador, fue sin dudas el de Puerto Príncipe, Haití,  en el 2010 que tuvo  una intensidad de 8 , donde  fallecieron 316.000 personas, 350.000 más quedaron heridas, y más de 1,5 millones de personas se quedaron sin hogar.

Pero,  si la ciencia aún no puede  evitar los terremotos, confiemos  en que al menos encuentre  la forma de predecir  estos eventos  con mayor anticipación,  y  así permitir que todos nos podamos poner a salvo.

 

 

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