Sociedad

Un proyecto pedagógico que desafía la visión eurocentrista

A fines de la década del 90, en la ciudad bonaerense de Pinamar, una de las más demandadas por el turismo, comenzó a hacerse notar la presencia de vecinos provenientes de países limítrofes, con lenguas maternas como el aymara, el quechua o el guaraní. La mayoría de las familias había llegado desde Bolivia, Chile, Perú y el interior de Argentina, atraídas por la fuente de trabajo que ofrecía el sector de la construcción, y decidieron instalarse en la ciudad balnearia.

 

Ante esta situación, la comunicadora social Mariana Dufour ideó un proyecto pedagógico llamado “Araí Rugûay/Rabo de Nube, un puente entre culturas”, con el objetivo de brindar herramientas para los docentes a raíz de la alta población de niños con raíces aborígenes en las escuelas primarias.

 

Para entender este proyecto, es imprescindible entender que a lo largo de los años, desde el ámbito educativo se promulgó la enseñanza de que el nativo sólo podía ser objeto de estudio antepasado, folklórico, alejado de nuestra realidad. Se instaló la invasión española de 1492 como el descubrimiento de América, bajo una concepción eurocéntrica, dejando de lado la realidad en la que los pueblos originarios fueron despojados por aniquilamientos y forzados a incorporar una cultura totalmente ajena.

 

A partir de la ola migratoria que atravesó Argentina en el período de guerras mundiales, la identidad nacional tuvo su eje en la cultura europea. La idea de valorar lo extranjero por sobre lo originario se fue haciendo cada vez más fuerte y la educación jugó un papel muy importante en ese sentido, propiciando y fortaleciendo esta concepción.

 

En nuestro país existen 34 pueblos indígenas reconocidos desde el Estado. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, en su último informe de 2010, da cuenta de una población indígena de 955.032 personas en nuestro país; es decir, un 2,38% del total.

 

Hace algunos años, comenzó a tomar forma una serie de políticas públicas para revalorizar a los pueblos originarios y visibilizar el reclamo de sus derechos. En Argentina, se conmemoró el 12 de octubre como el “día de la raza” durante un siglo, hasta que en el año 2007 el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xeonofobia y el Racismo (INADI) presentó un proyecto de decreto para modificar el nombre a Día del Respeto a la Diversidad Cultural, intentando convertirlo en una jornada de valoración de las distintas identidades y de reflexión histórica.

 

Hablar de diversidad desde el campo de la educación no se refiere a incluir la temática aborigen, sino a integrar categorías y valores que conciernen tales como género, clase social, religión, nacionalidad, ideología, etc. El cambio de nombre del 12 de octubre de “raza” hacía “diversidad cultural” propone un mínimo avance, que perdurará en la medida en que la sociedad reconozca que sin el reconocimiento de sus pueblos no puede evolucionar.

 

El trabajo de Mariana Dufour fue llevado a cabo entre 1999 y 2009 y financiado por el Ministerio de Educación de la Nación y por la Municipalidad de Pinamar. Según se detalla en el Inventario Regional de Proyectos de Tecnologías de Información y Comunicación (PROTIC), su propósito pretendía incluir la cosmovisión de los pueblos originarios y africanos debido a que los contenidos escolares se encuentran guiados por una cultura hegemónica.

 

Dufour comenzó con la inclusión de cuentos, leyendas y mitos de pueblos originarios, historizados en los lugares que los niños habían conocido y desde donde habían migrado. Después, dentro de tres escuelas, se trabajó sobre la currícula escolar y se incorporó en el plan de enseñanza esta concepción. El Ministerio de Educación de la Nación publicó un libro con las herramientas brindadas por el trabajo de la comunicadora y su interés por la interculturalidad.

 

El proyecto de Mariana Dufour dio sus frutos, tanto en las ciencias sociales, naturales y exactas como la literatura, las artes y la matemática. Sus años de trabajo en Pinamar propiciaron el diálogo intercultural en todos los colegios, enriqueciendo la multiculturalidad de los niños y las niñas de la zona.

 

Sin embargo, en 2009, después de años de trabajo, la inspectora regional decidió dar marcha atrás con el proyecto de Dufour, argumentando que no existían quechuas en Pinamar. Según explica la comunicadora en una entrevista realizada por Página 12, a la pedagoga “le resultó incómodo reconocer la presencia de alumnas y alumnos de pueblos originarios o descendientes de inmigrantes en las aulas de una ciudad conocida por sus playas y casonas de veraneantes de sectores acomodados”.

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