TENEMOS TODO, NO TENEMOS NADA

Por Gabriel Princip –
Éramos tan felices y no nos dábamos cuenta. Así fue el siglo 20 porque en este moderno, claro y vetusto siglo somos infelices tiempo completo. El siglo de la comunicación estamos incomunicados. Hoy el sexo es gratis y el amor muy caro. Perder un celular duele más que perder la dignidad. Mentir no es vergonzoso es pura estrategia. Un rapi con una pizza llega más rápido que una ambulancia.
La ropa determina tu valor, la plata dice quién eres y una cartera muestra tu posición social. Una marca en el cuerpo importa más que un corazón. Traicionar es de inteligente y ser leal te convierte en un tonto.
Ser pobre es tener un defecto y la falta de empatía se disfraza de éxito. Tenemos miles de amigos, pero nadie a quien llamar cuando nos encontramos rotos. Podemos hablar al otro lado del mundo en segundos, pero no sabemos mirar a los ojos a quien tenemos enfrente. Mostramos una vida perfecta y aprendemos a esconder todo aquello que nos esta destruyendo. Tenemos internet para conectarnos, pero cada vez menos humanidad para encontrarnos. Hay cámaras para guardar recuerdos, pero poco tiempo para vivirlos.
Éramos tan felices y no nos dábamos cuenta. Nadie era virtual todo era corpóreo. Los amigos estaban a la vuelta de la esquina y no en una pantalla. Teníamos familia, hijos y un futuro. Lo reemplazamos por una pensión, un perro y un interrogante. Tenemos redes para que nos atrapen, ordenadores para ser controlados, cripto monedas para estafar y egoísmo para inventarnos una historia que no somos. Tenemos todo aquellos que no precisamos y precisamos todo aquello que extrañamos.
Éramos tan felices y no nos dábamos cuenta. Votábamos con papel y elegimos ese que nos gustaba. Hoy optamos a quien nos deforma nuestra existencia. La abuela cocinaba, los padres trabajaban y el perro ladraba en el fondo. Hoy nos procesan latas que nos enferman, los padres trabajan más y en peores condiciones y el perro está en la cama. El poder nos indica qué comer, qué tomar y como vivir. El sistema es hijo del poder y nosotros éramos felices y no nos dábamos cuenta. ¿No le parece?



