
Por Margarita Pécora B. –
“El conflicto entre Irán y Estados Unidos no se explica solamente por el programa nuclear. Sostiene que detrás hay una disputa mucho más profunda por el control político, militar y económico de Asia Occidental, incluyendo el estrecho de Ormuz, Palestina y el equilibrio de poder regional”-explicó el escritor y traductor iraní.
En una charla imperdible, desde el corazón de la República Islámica de Irán, el escritor Sayed Saeid nos ofreció una mirada de ese país que cobra hoy la atención del mundo por la guerra que resiste de EE.UU.,; y lo hizo desde un lugar poco habitual; desde la voz de alguien que vive allí, conoce su cultura y habla de su país sin pasar por el filtro de los grandes medios occidentales. No es una mirada neutral, claro está, pero precisamente por eso resulta valiosa porque muestra cómo muchos iraníes entienden lo que está ocurriendo.
Saeid comienza aclaran do que “una cosa es que los iraníes tengan problemas internos y otra muy distinta es que acepten que una potencia extranjera venga a resolverlos”. “En Irán hay discusiones sobre la economía, las normas sociales, el costo de vida y las decisiones del Gobierno, como ocurre en cualquier país.
Pero, según explica, esas diferencias no se traducen automáticamente en simpatía por Estados Unidos o Israel. Desde dentro, la presión externa es vista como una amenaza contra la soberanía nacional. Es decir, se puede cuestionar al Gobierno, protestar o estar en desacuerdo, pero sin aceptar que otro país decida el destino de Irán.
Ahí está uno de los puntos que suele perderse en las coberturas internacionales. Muchas veces se presenta a la sociedad iraní como si estuviera esperando una intervención extranjera para “liberarse”. Saeid rechaza esa idea y plantea que, frente a una agresión o amenaza externa, incluso sectores críticos pueden cerrar filas alrededor de la defensa del país.
Consultado sobre lo que parece ser una operación mediática demonizadora de Occidente contra Irán, que involucra a una decena de países fogoneando amenazas de ataques letales en América Latina, Saeid explicó desde su perspectiva, que “la presencia iraní en nuestra región no debe entenderse solamente desde la lógica de las acusaciones de seguridad, sino también desde la cultura, los libros, las traducciones y los vínculos entre pueblos. Él mismo- como escritor-, se presenta como parte de ese puente cultural entre Irán y el mundo hispano.
Su argumento es que “Irán quiere que se conozca una civilización con miles de años de historia, más allá de los titulares sobre misiles, sanciones o conflictos”. Y tiene sentido: cuando un país solo aparece en pantalla como una amenaza, se borra su literatura, su memoria, su gente común y toda la complejidad de su vida cotidiana.
Sobre el tema nuclear, Saeid no lo reduce a una discusión técnica. Desde su mirada, el programa nuclear es también una cuestión de autonomía, especialmente en un país sometido a sanciones. Menciona, por ejemplo, el uso médico, pacífico de esa tecnología y sostiene que Teherán busca no depender de quienes, según denuncia, bloquean recursos esenciales.
Pero va más allá: para él, el conflicto entre Irán y Estados Unidos no se explica solamente por el programa nuclear. Sostiene que detrás hay una disputa mucho más profunda por el control político, militar y económico de Asia Occidental, incluyendo el estrecho de Ormuz, Palestina y el equilibrio de poder regional.
Esa lectura puede ser discutida, pero ayuda a entender por qué en Irán muchas personas ven las sanciones, las amenazas y las campañas mediáticas como partes de una misma presión. No las observan como hechos aislados. Las conectan con una larga historia de intervenciones extranjeras y con el recuerdo de épocas en que las potencias decidían sobre el petróleo iraní.
Saeid también explica la asombrosa resistencia iraní desde varias capas: la historia persa, la identidad nacional, la religión chiita y la memoria de guerras e invasiones. No dice que todos los iraníes piensen igual, ni que la religión explique todo, sino que existe una sensibilidad muy fuerte frente a cualquier intento de dividir o someter al país.
En ese sentido, su visión sobre las mujeres iraníes también busca cuestionar la imagen única que circula en Occidente. Defiende que el debate no puede reducirse a la vestimenta y destaca la presencia femenina en las universidades. Sin embargo, este es uno de los temas que exige escuchar también a mujeres iraníes de distintas posiciones, para comprender una realidad mucho más amplia.
Al final, lo más fuerte de la charla, es que Saeid no habla de Irán como un mapa, una amenaza o una consigna. Habla de una sociedad que quiere ser escuchada con sus contradicciones, sus heridas y su propia voz. Quizá eso sea lo central: antes de opinar sobre Irán, hay que escuchar más a los iraníes.



