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La Guerra de las Palabras y la Madre de Todas las Bombas

Por  Margarita  Pécora   B.

Desde hace unos días se viene hablando de la aterradora «Madre de Todas las Bombas» a  disposiciòn de Estados Unidos , con una frivolidad que resulta  muy inquietante. Como si mencionar armas capaces de sembrar destrucción masiva fuera apenas un detalle más de la agenda internacional. Por eso, y porque hemos terminado naturalizando amenazas que a veces son directas y otras apenas subliminales, hoy tenemos que hacer un alto para analizar la escalada de violencia verbal entre Estados Unidos e Irán, un escenario donde las palabras suelen tener un poder destructivo tan grande como el de cualquier misil.

En las últimas semanas, la tensión volvió a dispararse cuando trascendió que Washington evaluaba opciones militares cada vez más contundentes, mientras Teherán respondía con advertencias igual de duras.

A mediados de  este mes, distintos reportes revelaron que la Casa Blanca y el Pentágono habían elaborado planes que contemplaban el posible uso de la MOAB, la famosa «Madre de Todas las Bombas», contra objetivos militares y nucleares iraníes. Aunque no se anunció ninguna decisión definitiva, el solo hecho de que semejante arma volviera a la conversación internacional despertó alarma en todo el planeta.  Mide unos 9 metros de largo y 1 metro de diámetro.

Sus dimensiones ayudan a entender por qué se volvió tan famosa: Incorpora una ojiva BLU‑120/B de 8,4 toneladas con explosivo H6, una mezcla que incluye RDX, TNT y aluminio. donde cae una  bomba como esta, genera  un gigantesco golpe de presión y calor capaz de arrasar estructuras superficiales, destruir fortificaciones, inutilizar vehículos y causar graves daños a personas expuestas en una extensa área.  Su efecto más temido es la brutal onda expansiva que barre todo a su alrededor.

Los iraníes interpretaron esa ambigüedad  de Trump respecto de la bomba, como una nueva demostración de beligerancia. Y no les faltaban motivos. Meses antes, en la Asamblea General de la ONU, Trump había planteado una elección inquietante: alcanzar un acuerdo con Teherán o «aniquilar la República Islámica». También habló de empujar al régimen iraní «al infierno», utilizando un lenguaje propio de una confrontación sin límites.

La respuesta no tardó. El canciller iraní, Abbas Araghchi, desafió a Washington con una pregunta cargada de ironía y advertencia: «¿Quieren volver a probar suerte?». Según sostuvo, cada intento de doblegar a Irán terminó fortaleciendo la resistencia interna. Además, acusó a Benjamín Netanyahu de empujar a Estados Unidos hacia una nueva guerra para resolver problemas políticos propios.

Pero mientras los discursos se llenan de amenazas, aparece una contradicción llamativa. El mismo Irán que responde con firmeza también presentó una propuesta para reabrir el estrecho de Ormuz y restablecer plenamente la navegación comercial. Es decir, en medio del fuego verbal, siguen existiendo ventanas para la negociación, aunque queden ocultas detrás del ruido de los tambores de guerra que Washington  insiste en seguir tocando…

Y aquí es donde vale la pena traer a Hannah Arendt,    filósofa y teórica política germano-estadounidense, considerada una de las pensadoras más influyentes del siglo XX. Según  su perspectiva, el poder y la violencia no son sinónimos. Para ella, el poder surge de la legitimidad, del consenso y de la capacidad de convocar voluntades.  La violencia, en cambio, suele aparecer cuando ese poder empieza a erosionarse y necesita apoyarse cada vez más en la fuerza.

Desde esa perspectiva, la retórica soberbia y agresiva de Washington puede estar produciendo el efecto contrario al que busca. Los ultimátums, las amenazas de aniquilación y las referencias a armas devastadoras no parecen acercar una rendición iraní. Tampoco resultan especialmente favorables para Trump en pleno contexto electoral, donde una parte importante de los votantes observa con preocupación cualquier deriva hacia una guerra prolongada. Quizás por eso las palabras de   Hannah Arendt conservan toda su vigencia: «Donde la violencia gobierna de manera absoluta, el poder ha desaparecido.»

Existe un viejo refrán que dice que el pez por la boca muere. Y en política internacional, las palabras suelen ser tan importantes como los hechos. Cuando Donald Trump habla de aniquilar a Irán, de llevarlo al infierno o deja abierta la posibilidad de emplear la llamada ‘Madre de Todas las Bombas’, corre el riesgo de quedar atrapado por sus propias palabras. Porque cada amenaza eleva las expectativas de sus partidarios, endurece la posición de sus adversarios y reduce el margen para una salida diplomática.»

 

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