
Por Margarita Pécora B.
La humanidad enfrenta dos grandes batallas: una contra la naturaleza, que parece haber perdido sus ritmos habituales, y otra contra los conflictos políticos y militares.
Para nadie es un secreto que nuestro bendito planea atraviesa una situación climática verdaderamente preocupante. En Buenos Aires hay señales que llaman la atención indicando que la primavera viene retrasada. Las plantas lucen desorientadas, como si no supieran si ya llegó la hora de florecer o si deben seguir produciendo hojas para resistir un invierno que se niega a marcharse. Los días nublados se suceden uno tras otro. No es una catástrofe, por supuesto, pero sí una de esas pequeñas señales de la naturaleza, que nos dicen que los ritmos climáticos están cambiando más de lo que imaginamos.
El planeta atraviesa una situación climática alarmante. Por un lado, azotan olas de calor extremas, inundaciones repentinas, sequías prolongadas, incendios forestales y tormentas cada vez más violentas que afectan simultáneamente a numerosos países. Los científicos advierten que la variabilidad climática y el calentamiento global están amplificando fenómenos naturales.
Lo vimos en España. De Cataluña a Grecia, de Italia a los Balcanes, toda Europa vive una alarmante sucesión de desastres naturales. Y nuestro continente no se queda atrás . Desde Chile hasta México, pasando por Brasil, Colombia, Perú y Centroamérica, toda América Latina parece haberse convertido en un enorme laboratorio de fenómenos extremos. En Chile, por ejemplo, aún están tratando de remover el barro del devastador aluvión que afectó a la Región Metropolitana el pasado 8 de octubre.
Es decir, la naturaleza no reconoce fronteras. Se ha abierto este frente climático, que desafía a los gobiernos , a los que se preocupan por su gente, que no son todos, para que respondan con medidas preventivas, y de mitigación de riesgos.
El panorama es de guerras por un lado, y desastres naturales por otro; todo eso hace que nos preguntemos si ¿está preparada la humanidad para enfrentar al mismo tiempo las tormentas de la naturaleza y las tormentas de la política mundial?
EL NIÑO TRAVIESO
Uno de los factores más influyentes es la corriente de El Niño. Según los expertos, se trata de un fenómeno oceánico-atmosférico que se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal. Ese cambio altera las lluvias, los vientos y las temperaturas en regiones muy alejadas.
Por eso los efectos que produce , son inundaciones en algunas zonas y sequías severas en otras. También favorece temperaturas récord, pérdidas agrícolas, alteraciones pesqueras y daños en infraestructuras. Millones de personas ya se ven afectadas cuando los patrones climáticos tradicionales dejan de comportarse normalmente.
Tanto el derretimiento de los glaciares como la intensificación de El Niño y La Niña tienen una causa humana clara: la emisión masiva de gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles y la deforestación. No es una suposición; la comunidad científica global lo confirma con datos rigurosos año tras año. El planeta nos avisa, a través de estos extremos, que el equilibrio se ha roto…
Ante este escenario, los gobiernos necesitan invertir más en prevención que en reconstrucción. Como dice el refrán. “Mas vale prevenir que tener que lamentar “, para ello son los Sistemas de alerta temprana, infraestructuras resistentes, planificación urbana adecuada, protección de bosques, reservas estratégicas de agua y educación ciudadana , que pueden reducir considerablemente las pérdidas humanas y económicas derivadas de los desastres.
No todos los territorios en Argentina tienen la posibilidad de emprender obras públicas para hacerle frente a las catástrofes naturales…
Recordemos que con el gobierno de Milei, ese ministerio fue disuelto y sus funciones pasaron inicialmente al Ministerio de Infraestructura. En febrero de 2024, esa cartera también fue disuelta y sus áreas quedaron bajo la órbita del Ministerio de Economía, incluida la Secretaría de Obras Públicas.
Sin embargo el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ha corrido mejor suerte que localidades de la provincia de Buenos Aires y de otras del interior del país, afectadas por el presupuesto de la nación.
La ventaja que recibe el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, le permite impulsar más de 14 obras del plan hidráulico en marcha, para mejorar el drenaje y reducir el riesgo de inundaciones ante la posibilidad de lluvias y tormentas intensas.
La Ciudad reforzó las obras pluviales y según sus propia fuente, ya hay más de 60 obras finalizadas con más de 20 km de tuberías nuevas y hay otras 14 en ejecución, entre ellas, el reservorio del Parque Sarmiento, la Cuenca Cildáñez – ramal Zuviría, el ramal Larralde – Ciudad de La Paz y el ramal Castañón.
La CABA activó un Plan de Acción y Respuesta, con monitoreo permanente, equipos en las comunas y coordinación entre las áreas para anticiparse y actuar de manera organizada.
GUERRAS Y NATURALEZA
¿Qué vínculo tienen las guerras actuales con esta reacción anómala de la naturaleza?
Hay versiones que afirman, que las explosiones de bombas, misiles y guerras modernas serían responsables de terremotos, huracanes o alteraciones climáticas globales. Sin embargo, no existe evidencia científica concluyente que demuestre que los conflictos militares puedan generar directamente esos fenómenos planetarios a gran escala.
Cuando ocurrió en La Guaira, Venezuela, el impactante «doblete sísmico» (dos sismos seguidos de magnitud 7.2 y 7.5), usuarios en plataformas digitales comenzaron a difundir que el desastre fue provocado por el Proyecto HAARP (un programa de EE. UU. que estudia la ionosfera) o por supuestos rayos láser y armas de guerra climática. Sin embargo, agencias de verificación global como Chequeado y Euronews desmintieron esto por completo.
De todos modos, asombra ver que los terremotos superiores a siete grados continúan causando alarma en diversas regiones del mundo.. Asia sigue siendo una de las regiones con mayor actividad sísmica debido a su compleja geología.
Otra polémica frecuente gira en torno a instalaciones de antenas, satélites o proyectos tecnológicos avanzados. Algunas teorías sostienen que podrían influir sobre el universo o modificar la naturaleza. Hasta ahora, la comunidad científica no ha validado esas afirmaciones, que permanecen principalmente en el ámbito especulativo. ¿Será como la teoría de los Ovnis, que nos visitan y todavía no se reconoce que hay seres extraterrestres ¿habría que preguntárselo a lgún ufólogo.?
En suma, la humanidad parece enfrentarse simultáneamente a dos grandes desafíos: la guerra de la naturaleza y la guerra geopolítica. A ello se suma el debate sobre la inteligencia artificial. Pero aunque abundan predicciones apocalípticas, creo que el futuro dependerá menos del miedo y más de la capacidad colectiva para actuar responsablemente.



