JULIAN REBON: La excusa de que “por algo habrá sido”
El Sociólogo y profesor de la Facultad de ciencias Sociales de la UBA, e investigador del CONICET, Julián Rebón, ofreció por los micrófonos de Comunas AM, sus reflexiones en torno a las razones socio políticas que generan la violencia en Méjico, escenario de la desaparición forzada de los 43 normalistas. Rebón vivió y estudió en el país azteca y da fe de la excusa de quienes desprecian a los pobres y quieren cerrar con celeridad el caso sosteniendo que “por algo habría sido”.
Por Claudia Bustamante y Margarita Pécora
Queremos conocer tu experiencia en Méjico durante una época que marcó muchísimo la historia de ese país y Latinoamérica en la década del ‘90.
Tuve la oportunidad de vivir en esa hermosa, rica e interesante sociedad entre del ’97-‘99 Estudié y trabajé, e hice una tesis sobre desplazamiento de la población durante el conflicto armado de Chiapas.
¿Qué parangón podés hacer más allá de lo que acontece en Méjico, a partir de la desaparición de estos estudiantes¿ No es novedad la violencia en Méjico?
En Méjico se suma historia. Hubo un monopolio político de un Partido casi 70 años. Durante ese período amplio recibió muchos exiliados sobre todo de Argentina. En Guerrero, por ejemplo, hubo una política de exterminio durante los ’70. Cuando en los ‘90 Méjico ingresa al Tratado de Libre Comercio con EE: UU, un grupo de indígenas se rebela por el lugar que les tocaba en ese modelo, e inician un proceso de violencia y represión. ¿Qué fue lo significativo en ese momento? Se movilizó la población y se detuvo la matanza. Por eso se conocen al zapatismo y el subcomandante Marcos, además por los comunicados y no por las balas.
En todo ese período hubo un proceso de apertura política y alternancia de partidos, se da un proceso de democratización pero también continúa una política represiva en zonas indígenas y atrasadas y se suma el desarrollo de la economía de la droga, muy significativo durante los ‘90, y las políticas que se dieron desde el Estado para combatir el flagelo, lejos de atenuar la violencia asociada, las potenciaron. Prácticamente toda la estructura de la fuerza de Seguridad es atravesada por el narcotráfico.
Ahora hay distintos conjuntos de grupos disputándose esos negocios ilegales. Al margen se da la matanza de personas que piensan distinto, que luchan por el derecho a la tierra, el agua, el estudio. La muerte de la dirigencia política y social. Esta violencia genera el “desaparecido, el NN”. Es paradójico que en estos dias cuando se buscaban los chicos aparentemente asesinados en Guerrero. Se encuentran otras fosas. Fíjense la cantidad de NN que hay en el país.
Sí, de personas que son buscadas de hace tiempo. Llama la atención la relación de asociación entre el Estado con los narcotraficantes.
Es que el narcotráfico y las bandas ilegales de todo tipo es parte de ese poder. No es simplemente una guerra entre un Estado y un simple cartel de narcotráfico. Es brutal por la impunidad. Alguien desaparece, y no pasa nada. Por suerte tenemos una sociedad que ha dicho basta.
Es impresionante cómo está movilizando a diferente sectores a nivel mundial, no sé cuál puede llegar a ser el costo político para el Presidente de Méjico.
La gran pregunta es si esto puede aportar en un proceso de democratización de Méjico y por supuesto en un proceso en el cual se avance hacia disminución de la violencia, la muerte como forma de resolver conflicto. Son indígenas, campesinos, personas pobres quienes pierden la vida. Es “un ajuste de cuenta”, así lo inscriben y “por algo habrá sido”. De algún modo la sociedad normaliza esa situación.
Hay una profunda descomposición del modelo neoliberal de desarrollo impuesto en Méjico, la desigualdad tan grande que hay con ricos muy ricos, y pobres muy pobres como los normalistas que son el blanco de los asesinatos. ¿No le parece?
Méjico desde la Colonia se construyó como sociedad de casta, desigual. A principios del siglo XX hizo algunos cambios pero quedó trunca. Se reforzó la desigualdad. Se desvalorizó al indígena. En este caos los normalistas, los profesores de secundaria en Guerrero son “agentes de cambios comunitarios muy importantes”, y el maestro es un organizador comunitario, de las demandas por la justicia, porque llegue la luz, el agua. El Intendente de ese municipio, usa un modo de controlar la disidencia política que es la violencia. Las hay de muchas formas. Hay comunidades donde la sociedad se auto-organiza para enfrentar al narcotráfico, los ladrones y a las fuerzas de seguridad.
Lo que se instaba permanentemente es el “por algo habrá sido”. Por eso las muertes de un montón de luchadores sociales en Méjico se las confunde con “ilegalismo”, ajustes de cuentas, etc. Es una forma de justificación y legitimización de la violencia, y convertir a la víctima en victimario.
Se nota el interés de Peña Nieto por cerrar el caso, incumpliendo con las promesas a los familiares.
Precisamente es la estrategia para este régimen político donde las vidas no valen, lo que vale es el ingreso al circuito financiero a más capital, inversiones, negar y excluir a toda esta población.
Ojala estos chicos aparezcan con vida. Lo que se pide es “con vida se los llevaron, con vida los queremos”.
Esto me hace acordar mucho a la vida de nuestras Madres y Abuelas acá en la Argentina.Ellos pensaron que era un caso más, que se cierra fácil, que no era un tema para darle tanta importancia. Fue un error de cálculo político. Hoy en los 39 estados de Méjico todo el pueblo se moviliza, y los familiares de las víctimas tienen la fuerza moral para presentar esta demanda y el desafío de un Méjico democrático.
Hay una enorme oportunidad para un cambio social en Méjico. En este contexto de tragedia con la esperanza de que aparezcan con vida y que sirva para ampliar el horizonte de democracia en A. Latina.



