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Juan Carlos Monedero sobre “El  engaño de las Malvinas”.

 

 

 

Por  Margarita  Pécora  B.-

La política internacional parece un casino donde la soberanía se apuesta como fichas. Argentina, con Milei en el  volante a los bandazos, convierte  la causa por las Malvinas en espectáculo electoral mientras negocia entregar sitio estratégico en Tierra del Fuego a Estados Unidos. “El mundo se sostiene sobre la esperanza de un desenlace fortuito, no sobre diplomacia real”. “El patriotismo se usa como disfraz para encubrir entreguismo y dependencia.  la política ya no la hacen partidos, sino consultoras de mercado”. Señaló Juan Carlos Monedero politólogo y  catedrático español.

Al reflexionar  sobre este y  otros temas, por el Canal  de PA,  el analista  consideró que las decisiones globales carecen de lógica , que  bombardear Irán sin prever el cierre del estrecho de Ormuz,  refleja improvisación peligrosa. La frivolidad domina, y las consecuencias se multiplican en muertes, quiebras y riesgos para la estabilidad mundial. ¿Quién gobierna realmente? – disparó-

Monedero  opina que  Trump y Netanyahu son presentados como líderes que incendian el planeta. Ambos, acorralados judicialmente, buscan legitimar su poder con guerras y provocaciones. Emiratos habría advertido a Netanyahu sobre Hamás, pero lo dejó ocurrir para justificar su ofensiva. La política se convierte en cálculo frío y devastador.

En este escenario, el politólogo español  ve que la ONU aparece impotente. “No hay cascos azules capaces de intervenir contra potencias nucleares. Las cancillerías parecen resignadas a “ganar tiempo”, esperando que Trump caiga por accidente o desgaste. El mundo se sostiene sobre la esperanza de un desenlace fortuito, no sobre diplomacia real-señaló contundente-

Del mismo modo, concuerda con la visión de que  Argentina, Milei  juega con símbolos patrios. Admirador de Thatcher, antes reconocía las Malvinas como británicas y ahora las reclama con fervor. Pero detrás, negocia entregar territorio a Washington. La contradicción desnuda oportunismo electoral y un modelo de soberanía vacía.

Monedero denuncia que la política ya no la hacen partidos, sino consultoras de mercado. “Empresas que producen presidentes como productos, igual que venden mayonesa o espectáculos. La mercantilización de la política convierte la gestión en marketing, alejando a la ciudadanía de decisiones reales.

Ejemplos como Cerimedo y Cambridge Analytica muestran cómo se manipula opinión pública con datos de redes sociales. Se construyen percepciones personalizadas para moldear elecciones. La política se convierte en laboratorio de mercado, donde la soberanía se subordina a algoritmos y propaganda.

Cambridge Analytica – recordó-, fue una consultora británica que se volvió famosa por el escándalo de uso indebido de datos de Facebook en 2018, donde accedió sin consentimiento a la información de hasta 87 millones de usuarios para influir en campañas políticas como el Brexit y la elección de Donald Trump.

“Milei recurre al fervor patriótico como recurso electoral, pero Boris Johnson mismo calificó sus declaraciones sobre Malvinas como tonterías. El verdadero problema es entregar territorio a corporaciones que devastan recursos. La contradicción entre discurso nacionalista y políticas entreguistas desnuda el oportunismo del gobierno argentino.

Monedero alertó  sobre la captura de imaginario y graficó la idea : “Como niñas negras prefiriendo muñecas blancas, la sociedad internaliza mensajes que la hacen ver fea a sí misma. La manipulación cultural erosiona autoestima colectiva y facilita aceptar políticas que van contra intereses nacionales y populares.”

“La educación refleja el deterioro. Informes PISA muestran hundimiento en comprensión lectora. Jóvenes ven leer un libro como subir el Everest. Sin palabras no hay pensamiento abstracto, ni capacidad de prever consecuencias. La pobreza conceptual alimenta líderes como Trump o Milei, caricaturas políticas.

Al comentario sobre  triunfo de la derecha en Alemania, Monedero   afirmó  que “La extrema derecha avanza en Alemania. Alice Weidel, líder de AfD, promete expulsar migrantes y rechazar derechos LGBT, pese a ser lesbiana, tener pareja migrante y dos hijas adoptadas. La contradicción no importa: el discurso conecta con frustraciones sociales y gana apoyo en urnas.

Monedero recordó  que votantes de Trump o AfD no son monstruos, sino gente atrapada en callejones sin salida. La frustración, el miedo y la falta de alternativas racionales los empujan hacia líderes sin escrúpulos, que legitiman actuar sin normas ni coherencia.

Aludió  al  libro “Creían que eran libres” muestra cómo ciudadanos normales apoyaron al nazismo. Panaderos, zapateros, funcionarios. No eran monstruos, eran gente común manipulada por miedo. Hoy, la extrema derecha repite esa estrategia: inyectar temor a migrantes, aunque en regiones casi no existan.

La frustración en Alemania del Este, aún marcada por desigualdades tras la reunificación, es captada por la derecha. La izquierda no logra ofrecer respuestas atractivas. Mientras tanto, discursos xenófobos se normalizan, y la confusión social abre espacio a la extrema derecha.

Del mismo modo, denunció la mercantilización del conocimiento.  “La educación se reduce a mercancía, abandonando filosofía, historia y valores. La sociedad pierde herramientas para comprender el mundo. Sin pensamiento crítico, los ciudadanos quedan vulnerables a propaganda simplista y líderes populistas que prometen soluciones mágicas.

“El neoliberalismo lleva décadas bombardeando con mensajes individualistas: el Estado no funciona, los millonarios son héroes. La depresión se convierte en enfermedad del siglo XXI, porque la biología humana está hecha para cooperar. El choque entre propaganda y naturaleza genera vacío existencial.

“La derecha ofrece fuerza y acción, mientras la izquierda aparece fragmentada y sin imaginario atractivo.-definió el analista-.  Los intereses unen a la derecha, los ideales dividen a la izquierda. Sin unidad, la izquierda no logra contrarrestar el discurso de motosierra y destrucción que seduce a votantes.

Monedero insistió en que la izquierda debe recuperar cuatro dimensiones: intereses, identidades, valores y afectos. “No basta con salarios y condiciones laborales.- subrayó-,  hay que disputar valores progresistas, identidades nacionales y ofrecer afectos, para construir un proyecto político que conecte emocionalmente con la sociedad.

“La extrema derecha se apropia de símbolos de familia, identidad y nación. La izquierda, al renunciar a esos campos, deja vacíos que otros llenan con discursos reaccionarios. Recuperar afectos y valores es esencial para ofrecer esperanza frente al miedo y la frustración.

En conclusión, Monedero planteó  que vivimos atrapados en un imaginario neoliberal que normaliza barbaridades. “La salida—indicó- requiere unidad, coherencia y un proyecto que recupere valores, afectos e identidades. Solo así se podrá enfrentar la ola reaccionaria que amenaza con incendiar democracias y derechos”.

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