Fidel no se fue, se convirtió en manantial-Por Margarita Pécora
No es una simple metáfora para titular un comentario. Es una convicción muy fuerte la que nos asiste hoy, cuando pocas jornadas nos separan del primer aniversario de la partida física de Fidel Castro, el hombre que aquel 25 de noviembre del 2016, abandonó el cuerpo material, para adoptar otra forma de vida, la de un manantial de ideas donde los revolucionarios de este tiempo, los dignos, los valientes, los que no se rinden ni se venden, pueden ir a beber de los principios, las estrategias y las tácticas de cómo hacer una revolución justa y defenderla hasta sus últimas consecuencias, como lo hizo Fidel.
¡Que falta nos hace Fidel! He escuchado lamentarse a más de uno a mi alrededor, reconociendo en esta frase, la necesidad de que reaparezca Fidel, para que nos indique qué es lo que hay que hacer ante el avance demoledor del capitalismo y el neoliberalismo ubicados en las antípodas del modelo de revolución popular de los humildes y para los humildes que Fidel supo fraguar con sus manos y su ejemplo.
Para muchos hoy, decir que Fidel fue un gran estadista es quedarse corto, reconozcamos que él fue el arquitecto principal del proceso emancipativo que irradió sobre los movimientos de liberación de Latinoamérica, y que se reforzó con el ejemplo de resistencia al hostigamiento y las agresiones de la principal potencia capitalista, racista y belicista del mundo, al más impiadoso bloqueo imperialista norteamericano.
Hacia su última morada en la necrópolis de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, partió Fidel aquel noviembre del 2016, después de haber sobrevivido a más de 600 atentados perpetrados por la Inteligencia yanqui, y haber dejado a diez presidentes de Estados Unidos con las ganas de verlo caer. A pesar de ellos, Fidel se fue cuando quiso y con lo mejor: con la satisfacción de haber hecho la Revolución cubana, haberla defendido con uñas y garras, sin permitir que el imperialismo norteamericano lo derrotase ni lo eliminase.
Cuando Fidel partió, ya el mundo votaba de forma unánime contra el criminal bloqueo de Estados Unidos contra la Isla. Entonces, ninguna batalla le quedó pendiente en vida a Fidel, que hoy los cubanos no sepan continuarla, bebiendo de ese manantial de dignidad y firmeza en que se ha convertido el hombre que supo pararse con estatura de gigante en el pedestal de la historia de las revoluciones.



