“Bronce y cenizas”, una mirada sobre la literatura y la historia

Victorio Pirillo integra el taller de novela, teoría y lenguaje “Osvaldo Gasparini”, que dicto en la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNSADA, en San Antonio de Areco. Como miembro de la comunidad del idioma, ha escrito y editado obras literarias valiosas que prestigian su incansable quehacer intelectual y, por extensión, al taller de la Universidad.
De hecho, el libro que centraliza nuestra atención es el cuarto de sus sorprendentes producciones. Los anteriores son Espartaco, y su Legión de Rebeldes y Anarquistas, con prólogo de Osvaldo Bayer; Simón Bolívar en el infierno de Dante, prologado por Pancho O’Donnell; y Francisco de Miranda, el verdadero libertador.
Como lector, trazo algunas ideas y, como profesor del taller de novela, celebro la aparición en los escaparates de las librerías de Bronce y cenizas que, según mi juicio, es como un 25 de Mayo de la literatura del año 2026. Sin duda, la capacidad creativa de Victorio Pirillo y su avezado dominio del lenguaje dan “brillo y esplendor” a la literatura actual que, como se suele decir, tiende puentes y crea una fraternidad ante la diversidad.
La estatura intelectual de Pirillo le concede la posibilidad de abordar el tema de la guerra entre Estados Unidos y Japón con notable solvencia. Esa conflagración funciona como punto de arranque para dar cuenta, “como acta notarial”, de la epopeya de la batalla de Iwo Jima, librada en una isla del Pacífico y transformada por el genio militar japonés en una fortaleza inexpugnable, donde el heroísmo es la manifestación cabal de la idiosincrasia japonesa.
UNA PARTICULAR PERSPECTIVA
Bronce y cenizas es un documento insoslayable que, mostrado desde una particular perspectiva, se constituye en una búsqueda de una verdad más profunda del mundo. En esta obra, las líneas narrativas -el orden de la historia y el orden del relato- se fusionan para recrear y componer, a partir de una apasionada investigación, una obra de arte literario. Precisamente, el objetivo del taller de la UNSADA es afianzar el arte literario.
Sin duda, el orden de la historia, que consiste en la sucesión de los acontecimientos, y el orden del relato, que significa el modo en que el autor dispone los hechos en el tiempo, hacen de la minuciosa investigación de la batalla acaecida en febrero de 1945, previa al lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, un extraordinario documento internacional.
En el prólogo, el doctor Mario Rapoport sintetiza con una frase contundente y subraya al decir: “Aquí vemos la Segunda Guerra Mundial al desnudo”. Por consiguiente, juzgo apropiado, desde un ángulo intergenérico, calificar la obra como una novela alineada en el género de la no ficción (non fiction novel), que surgió con Operación Masacre, de Rodolfo Walsh. Eso nos remite al Tremendismo español.
De hecho, en la introducción, el primer párrafo establece la posición de narrador-testigo, que da cuenta de lo que sucedió con la fidedigna veracidad de un acta notarial. Un escritor de cuño español como Victorio Pirillo trabaja como un ingeniero para armar la trama, que indudablemente es un admirable rompecabezas. Es un creador de un estilo nuevo, una especie de pescador que arroja su red literaria para atraer nuevos y viejos lectores al mundo de la novela ficcional y de la historia.
De igual modo, con perspicacia desarrolla las líneas narrativas conservando la secuencialidad en función del relato.

A golpe de ojo y alborozado por la lectura, me asalta la idea de que esta formidable crónica, concebida como una epopeya, retiene y crea lectores activos merced a las destrezas expresivas exhibidas por el autor para referir los episodios de la batalla de Iwo Jima, liderada por el general Tadamichi Kuribayashi.
Cuando se aprontaba a iniciar la defensa en una isla ubicada a 1.200 kilómetros de Tokio, plagada de túneles, Kuribayashi repartió entre sus tropas un documento titulado “Valerosos votos de batalla”, en el que arenga diciendo: “Nos glorificaremos nosotros y toda nuestra fuerza militar en la defensa de nuestra isla y pedazo de territorio japonés”.
Victorio Pirillo expone los diferentes episodios respetando a rajatabla el dinamismo sintáctico, que hace amena la narración y despierta un entusiasmo que prohíbe desertar de su lectura. Bronce y cenizas es como Facundo, de Sarmiento, pero en el siglo XXI; o como Radiografía de la pampa, de Ezequiel Martínez Estrada; o también como La gloria de don Ramiro, de Enrique Larreta.
El superlativo rector de la economía e historiador Mario Rapoport, en una expresión personal sobre el libro, dijo: “Fue muy difícil y muy fácil hacer el prólogo; difícil porque es un libro muy complejo y profundo y fácil porque es apasionado y una vez que se empieza uno no lo puede dejar de leer hasta el final”.
El notable manejo de técnicas narrativas y/o fenómenos léxicos demostrados en esta obra permiten, mediante la técnica de la yuxtaposición, conservar la linealidad argumental desde el inicio, sumando digresiones que instruyen y retomando el hilo conductor en “Asedio e invasión”, hasta llegar al epílogo, donde el autor da cuenta de las nefastas consecuencias de esa sangrienta batalla que duró 36 días y cobró millares de vidas en ambos bandos.
En verdad, tanto la isla de Iwo Jima como el general Tadamichi Kuribayaski cumplen un emblemático rol protagónico. En un eximio narrador de temas internacionales que tejen la historia de la humanidad, portador de exuberantes conocimientos, suponer los motivos que agilizan su certera pluma equivale a afirmar que es simplemente su realidad justificante, la de un escritor que avanza con la fuerza de una atropellada.
Por Prof. Rubén Darío Gasparini . Escritor, novelista e ilustrador argentino. Profesor de UNSADA (Univ. Nac. de San Antonio de Areco), con participación activa en la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Fundador de un taller de novela para formar nuevos autores. Organizador de congresos literarios en San Antonio de Areco.






