
Por Atiragram Arocep –
La Argentina vive un tiempo de fracturas donde los escándalos políticos y la crisis económica se entrelazan en un mismo relato de declive. La detención de Fernando Cerimedo en Bolivia por intento de femicidio contra su expareja, expuso no solo violencia de género, sino también vínculos con corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad, que salpican directamente a la hermana del presidente, a Karina Milei.
Fernando Cerimedo, consultor político argentino y ex asesor de Javier Milei, fue detenido en Bolivia acusado de ser el autor intelectual de un intento de feminicidio contra su expareja, Nadia Beller. La fiscalía lo imputó por “feminicidio en grado de tentativa” y pidió prisión preventiva. Beller recibió tres disparos en un hotel de Santa Cruz y lo responsabilizó directamente, afirmando que él contrató a los sicarios, además de denunciar violencia durante la relación.
Las declaraciones de la víctima no solo lo incriminan, sino que también reavivan un escándalo de corrupción vinculado a la (ANDIS). Porque según Beller, Cerimedo le habló de un esquema de sobornos del 3% que involucraba a Karina Milei. Los audios filtrados por Natalia Basil, esposa de Cerimedo y exfuncionaria de ANDIS, conectan el caso de violencia con un entramado político y económico que golpea de lleno al entorno presidencial.
Este episodio refleja cómo la figura de Cerimedo se convierte en símbolo de la **crisis política** y de la **corrupción institucional** que rodea al gobierno libertario cuando todavía están frescos los cimbronazos del caso Adorni.
Javier Milei niega la crisis económica y defiende su política del uso la motosierra para achicar el Estado. Desde el atril, se burló de las angustias económicas de las familias que no llegan a fin de mes. Hace muecas ironizando, y se jacta de haber provocado la caída de los salarios en el sector público, validando que ha venido a destruir el empleo.
El dato del INDEC sobre la inflación del 2,1 % aparece maquillado, como logro oficial, y contrasta severamente con bolsillos vacíos y salarios pulverizados. Los rubros estacionales, como turismo y recreación, trepan muy por encima del promedio, convirtiendo las vacaciones en un lujo inalcanzable. Vivienda, servicios públicos y educación se disparan, erosionando derechos básicos. La narrativa oficial se convierte en espejismo, mientras la calle se llena de bronca y descreimiento, al p unto de que miles de familias y Pymes se han endeudado y se teme que esa angustia social, provoque un estallido social. El pueblo percibe que gobierna un fantasma, más preocupado por dedicar diez días a escribir libros que por conducir la Nación.
El deterioro económico es generalizado: quince de dieciocho sectores cayeron en mayo, más de 39 mil empresas cerraron desde la llegada de Miel, y la industria manufacturera se oxida. La CGT, las CTA y la UTEP marcharon contra el endeudamiento familiar, mientras el dólar paralelo escala y los alimentos básicos se disparan. A esto se suman denuncias por gastos excesivos en viajes oficiales, que contrastan con la austeridad impuesta a la ciudadanía. La combinación de corrupción, entreguismo y recesión dibuja un panorama de fragilidad institucional que amenaza con convertirse en tormenta perfecta.
La ausencia presidencial es más que física: es simbólica. Gobernar de espaldas a las necesidades es cavar un abismo entre poder y ciudadanía. En ese abismo, la imagen del presidente se derrumba, mientras la sociedad reclama transparencia, responsabilidad y un rumbo claro. El lacayismo internacional y la adhesión a foros ultraconservadores no logran tapar la crisis interna. La adhesión a la Declaración de Ginebra busca proyectar a la Argentina como “vanguardia moral” en foros ultraconservadores.
El gobierno pretende disputar el sentido común con una agenda restrictiva de derechos sexuales y reproductivos. Pero la pregunta persiste: ¿sirve esta cruzada ideológica para ocultar el fracaso económico y político?
La sensación de vacío presidencial se profundiza: un gobierno que se refugia en batallas culturales mientras la realidad golpea con crudeza. El pueblo argentino camina entre persianas bajas y salarios pulverizados, buscando un horizonte que no aparece, atrapado en la sensación de abandono y en la certeza de que el deterioro es generalizado.



