Sociedad

Clay y Rucci.

Cuenta la leyenda que el 5 de noviembre de 1971 llegaba a Buenos Aires el más grande boxeador de todos tiempos. Su corazón soportó el castigo racista desafiando a su vez al imperialismo de su misma Patria de Nacimiento. Ese día declaró:

«Me sentiré feliz de comprobar que en esta bendita tierra no hay discriminación ni otros problemas raciales. Después de mi combate frente a Bonavena tenía mucho interés de conocer este país. Aquí estoy».

Muhammad Alí no eligió una cena de gala en algún teatro ni tampoco un canal de televisión. Entendía de sufrimientos y esfuerzos. Y ahí fue con ellos: Los Trabajadores. En el anochecer de aquel día de noviembre del ’71 cenó en los quinchos de la fabrica «Lana de Acero» en Lanús repleto de Trabajadores, Dirigentes gremiales y Políticos. Compartió lugar con otro ser humano que también entendía de persecución y de desprecio ejercido por los poderosos. José Ignacio Rucci anunció en Presencia del pugilista la formación de un Sindicato del boxeador. Ante la sorpresa, Alí lo abraza y exclama:

«Eso no existe en ninguna parte y veo que ambos luchamos para que haya menos injusticia».

Sellaron un saludo mano a mano registrado fotográficamente donde Muhammad Alí se deja llevar por la alegría y Rucci por la satisfacción de complacerlo.

Al día siguiente Alí parte a su Patria de origen para seguir el papel de bravucón frente al establishment imperialista. Antes de irse, Carlos Spadone, director de la revistas «Las Bases», órgano oficial del Partido Justicialista, le regala al boxeador una estampita de San Benito de Palermo, monje de piel negra nacido en Italia, fallecido en 1589 y santificado en 1807. Muhammad Alí le pregunta con incertidumbre:

«¿Ustedes los Cristianos tienen santos así?»

Se esfuma en el aire del vuelo entre la sorpresa y satisfacción de haber encontrado una Patria que le dió alegrías en tan poco tiempo.

El 3 de Junio de 2016 parte al Comando Celestial llevándose las luchas contra el establishment yanqui y este hermoso recuerdo donde encontró almas en el sur del universo que sostenían su misma lucha. Quizás se quedó con ganas de más. Pero a veces, con tan poco se comprende que hay gente como uno en el fin del mundo.

 

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