Un país con narcotráfico es débil e inseguro
(Compromiso del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos en la lucha contra el narcotráfico.)
El comercio ilegal de sustancias adictivas data de 1940 y genera el 1% del producto bruto interno mundial.
Para un narcotraficante es un gran negocio y para el ciudadano un enorme daño a su salud, que termina con pérdida de trabajo, muerte, destrucción de familias y de la economía del país.
La infraestructura tejida alrededor de esta actividad ilícita incluye rutas desde los lugares de producción hacia los de distribución, comercialización y consumo; trabajo casi esclavo de pobres e ignorantes, especialmente de campesinos que en Asia cultivan amapola y en Latinoamérica coca y marihuana.
Desde 1800, en China, Pakistán y otros países asiáticos se cultiva Amapola para elaborar opio, heroína y morfina. Más tarde y hasta 1990 se impusieron marihuana y cocaína, extraída de la hoja de coca, cultivada principalmente en Colombia. A partir de los años 2000 el polvo blanco fue sustituido por anfetaminas como éxtasis, ácido lisérgico y ketamina, diseñadas en laboratorios por bandas que roban la materia prima a la industria farmacéutica, que a veces es víctima y a veces cómplice.
Las drogas sintéticas requieren efedrina y derivados, que suelen encontrarse en medicamentos antigripales y antialérgicos; por eso muchos narcotraficantes realizan acuerdos con laboratorios farmacéuticos para simular que éstos son los que compran la sustancia para elaborar medicamentos, o se abastecen del mercado negro de venta de medicamentos fuera de la farmacia.
El caso argentino de importación de 45000 toneladas de efedrina en un lustro, con acuerdo de droguerías y laboratorios que figuraban comprarla para elaborar medicamentos, no es el único caso que compromete a “empresarios” farmacéuticos.
Aunque las autoridades modificaron la legislación prohibiendo la comercialización de medicamentos con dichos activos, resulta insuficiente porque la variedad de sustancias químicas y farmacéuticas aptas para drogarse es abundante y la demanda para recreación, atender la adicción, o para robar o matar, es cada vez mayor.
Durante las guerras los soldados suelen consumir droga y muchos gobiernos corruptos aprovechan la ocasión para beneficiarse del negocio de los narcotraficantes.
Algunos narcos participan en política para obtener reconocimiento social y blanquear su negocio. Construyen viviendas y financian escuelas, clubes y campañas políticas. Cuando les resulta insuficiente terminan asesinando políticos. Otras bandas son más prudentes y emplean su dinero para sobornar élites, girando dinero a compañías financieras, o a insospechadas cabezas del mundo económico, político y deportivo.
Durante los años 80, el Estado dio golpes duros al narcotráfico, destruyendo gigantes laboratorios de cocaína. Como contrapartida nació el narcoterrorismo: asesinatos de policías, jueces y periodistas, atentados con explosivos, y secuestros de empresarios y políticos.
La droga es fuente de financiación de guerrillas y organizaciones paramilitares, que son el brazo armado de los narcos para dar golpes comando, destruir expedientes judiciales comprometedores, y perpetrar secuestros o asesinatos. También financia la política, como el centenar de droguerías y laboratorios vinculados al tráfico de efedrina que aportaron dinero a la campaña de Cristina Fernández de 2007.
Si bien hubo y habrá intentos del Estado de negociar con los narcotraficantes, existe mayoritario rechazo a la idea de negociar con traficantes, porque solicitan, a cambio de entregarse y terminar con su actividad, ser eximidos de sus crímenes y de la extradición a EE.UU. para ser juzgados, por la mayor dureza de las penas.
Aunque desde 1970 hay propuestas de legalizar la droga, como en Holanda, Corea y Uruguay, la Drug Enforcement Administration – DEA de EE.UU., encargada de coordinar e implementar políticas antinarcóticos a nivel mundial, se opone tenazmente. Solo se logró despenalizar el consumo personal en varios países, considerando al consumidor un enfermo víctima del sistema.
Las Naciones Unidas sostienen que el tráfico y consumo de drogas constituyen un peligro para la salud, la seguridad y el bienestar de la humanidad. Su compromiso es reducir tanto la oferta como la demanda de drogas ilícitas en el mundo.
SAFYB propone 12 políticas activas contra el narcotráfico y las adicciones:
- Fortalecer el poder judicial con fiscalías especializadas en narcotráfico, munidas de suficientes presupuesto y recursos humanos.
- Radarizar el espacio aéreo y proveer más escáneres móviles para utilizarlos en todos los puestos fronterizos, rutas, puertos y aeropuertos.
- Incorporar rápidamente los nuevos estupefacientes al listado de controlados, adecuando los recursos técnicos y materiales a las nuevas sustancias adictivas.
- Fiscalizar más eficientemente la importación, producción, distribución, comercialización y utilización de precursores químicos y productos farmacéuticos, para diferenciar entre el uso legal e ilegal.
- Prevenir el lavado de activos interviniendo en el lucro del crimen organizado, para evitar que ingresen a la economía formal.
- Capacitar sobre: mecanismos de producción, transporte y comercialización de estupefacientes; modus operandi criminales; y detección de lavado de activos.
- Elaborar un plan integral de prevención (marketing preventivo) conformado por programas dirigidos a distintos ámbitos: (a) Educadores (familias, alumnos, sacerdotes y docentes); (b) Profesionales de la salud (médicos y farmacéuticos); (c) Personas destacadas en barrios, comunas, clubes e iglesias (encargados de edificio, comuneros, entrenadores y sacerdotes); (d) Diarios, radios y canales de televisión (artistas, periodistas y comunicadores); (e) Ámbitos laborales (cámaras empresarias y sindicatos); y (f) Centros de atención (hospitales e institutos).
- Incorporar contenidos curriculares sobre medicamentos, drogas y prevención de adicciones, en los tres niveles de educación.
- Adecuar los hospitales, con recursos materiales, humanos y técnicos, para asegurar el acceso a la desintoxicación, internación y reinserción al creciente número de adictos, que se inician cada vez a más temprana edad.
- Articular la participación de las ONG relacionadas.
- Crear una Agencia Federal Antidrogas, con la función de:(a) centralizar información sobre narcotráfico y adicciones, (b) investigar los casos externos y asuntos internos, y (c) articular con las Fuerzas de Seguridad, el Poder Judicial y el Ministerio Público.
- Establecer redes de cooperación internacional.



