
Por Margarita Pécora B. .
El caso de Fernando Cerimedo se ha convertido en un espejo oscuro de la política regional. Lo que comenzó como un asesor digital terminó revelando una trama de poder, violencia y manipulación que atraviesa fronteras. Daniel Devita nos lo describe como un engranaje clave en la maquinaria de la ultraderecha.
Cerimedo no es un personaje aislado. Su nombre aparece vinculado a granjas de bots, portales de noticias falsas y campañas internacionales. La acusación por intento de femicidio y enriquecimiento ilícito lo coloca en el centro de un huracán político que desnuda las sombras del poder contemporáneo.
Ante la Fiscalía boliviana, Cerimedo se presentó como empresario global, jactándose de ingresos millonarios y asesorías presidenciales. Sin embargo, su silencio frente a más de doscientas preguntas revela más que cualquier declaración. Ese mutismo es la confesión implícita de un poder construido sobre la opacidad y la manipulación.
Devita recuerda cómo surgió “La Derecha Diario”, un portal que replicaba titulares burdos y ofensivos, sin rigor periodístico. Detrás de esa usina de fake news estaba Cerimedo, operando como arquitecto de una narrativa diseñada para instalar gobiernos de derecha mediante la distorsión de la conciencia colectiva.
Las granjas de bots que manejaba Cerimedo amplificaban mensajes de figuras como Javier Milei. Un simple tuit se transformaba en un fenómeno viral gracias a miles de cuentas falsas. Esa estrategia digital convirtió la mentira en tendencia y la manipulación en herramienta política de alcance continental.
La justicia brasileña lo señaló como pieza fundamental en el intento de golpe contra Lula da Silva. Su nombre aparece también en Honduras, asesorando campañas fraudulentas. La línea de puntos que traza Devita muestra a Cerimedo como operador transnacional, siempre al servicio de proyectos reaccionarios.
La alianza con Javier Negre, periodista español expulsado por prácticas ilícitas, consolidó un dúo dedicado a la desinformación. Juntos controlaron “La Derecha Diario”, expandiendo su influencia en Argentina y más allá. La combinación de fake news y bots se convirtió en un arma política devastadora.
Devita advierte que el imperio tomó nota de estas experiencias comunicacionales. La militancia orgánica y alternativa desbordaba a los medios tradicionales. La respuesta fue invertir en personajes como Cerimedo, capaces de construir ecosistemas digitales que fabrican líderes y legitiman narrativas reaccionarias en distintos países.
Ejemplos sobran: Bolsonaro en Brasil, Kast en Chile, Milei en Argentina. Todos emergieron con campañas digitales que los presentaban como mesías modernos. Cerimedo fue parte de esa ingeniería, demostrando que la política contemporánea se libra tanto en las urnas como en las redes sociales.
El rol de Cerimedo como asesor digital de Rodrigo Paz en Bolivia confirma su capacidad de infiltrarse en gobiernos. Aunque niega contratos formales, su influencia se ejercía desde las sombras. Esa ambigüedad es síntoma de un poder paralelo, financiado por fuentes dudosas y sin rendición de cuentas.
Devita compara a Cerimedo con Santiago Caputo, estratega de Milei en Argentina. Ambos operan como asesores externos, sin cargos oficiales, pero con poder desmedido. Esa figura del consultor invisible permite decisiones trascendentales sin responsabilidad institucional, un mecanismo perfecto para la corrupción y la manipulación.
La filtración de audios que comprometieron a Karina Milei muestra cómo Cerimedo utilizaba la extorsión como arma. Su capacidad de chantaje lo convirtió en un actor peligroso, capaz de desestabilizar gobiernos. La política se vuelve rehén de personajes que manejan información sensible desde la clandestinidad.
La justicia argentina, coptada por intereses mafiosos, contrasta con la rapidez de la boliviana. Mientras en Bolivia se abren teléfonos y se investigan vínculos, en Argentina las causas se dilatan. Devita denuncia un sistema judicial podrido, incapaz de enfrentar a figuras como Cerimedo y sus aliados.
El blindaje político de Milei y su hermana Karina se sostiene en esa impunidad. Sin embargo, las revelaciones de la víctima del intento de femicidio exponen el entramado de coimas y sobreprecios. La corrupción deja de ser rumor para convertirse en testimonio directo, difícil de ocultar.
La oposición en el Congreso argentino aparece debilitada. Milei somete a gobernadores mediante la extorsión presupuestaria: aprueban leyes regresivas o se quedan sin fondos para pagar salarios. Esa lógica del palo y la zanahoria convierte la democracia en rehén de un esquema autoritario disfrazado de institucionalidad.
Devita señala que la polarización extrema ha domesticado a parte de la sociedad argentina. Muchos aceptan el sufrimiento como sacrificio necesario para un futuro mejor. Sin embargo, las marchas multitudinarias muestran otra Argentina, en pie de lucha, que resiste la narrativa oficial y defiende derechos básicos.
La demonización del peronismo y la construcción de enemigos internos forman parte del libreto de la ultraderecha. Milei reproduce el estilo de Trump, con insultos y provocaciones. Cerimedo fue el arquitecto digital de esa estrategia, instalando discursos de odio y legitimando la violencia política.
El intento de borrar fotos y registros de reuniones con Cerimedo recuerda al “Ministerio de la Verdad” de Orwell. Milei y sus aliados intentan reescribir la historia digital para ocultar vínculos comprometedores. Pero la memoria colectiva y las pruebas oficiales desmienten esa narrativa manipulada.
El pedido del Banco Central de Argentina para que Cerimedo devuelva millones de pesos evidencia la magnitud del fraude. No se trata solo de manipulación política, sino de un entramado económico que drena recursos públicos. La corrupción se entrelaza con la violencia y la desinformación.
El caso Cerimedo es más que un episodio judicial. Es la radiografía de un sistema donde poder, dinero y violencia se fusionan en figuras siniestras. Devita lo expone como símbolo de una estrategia imperial que amenaza la soberanía de los pueblos. La democracia está en juego.



