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Los padres de la educación: Roy Cortina y Alberto Sileoni

Por Torcuato Marinelli  .
En un escenario político a menudo fragmentado por la coyuntura, las
trayectorias de Alberto Sileoni y Roy Cortina demuestran que la defensa de la
educación pública y la cultura puede trascender las fronteras partidarias.
Desde la gestión ejecutiva provincial y nacional hasta la labor legislativa en la
Ciudad de Buenos Aires, ambos han forjado los cimientos de una política de
Estado indispensable.
La historia política argentina está marcada por sus contrastes, pero si hay un hilo
conductor que ha logrado zurcir las diferencias históricas en los momentos más críticos, es
la convicción de que la educación es el único motor real de movilidad social. En este
tablero, hablar de Roy Cortina y Alberto Sileoni bajo el título de «los padres de la
educación» no es un capricho retórico, sino el reconocimiento a dos dirigentes que, desde
distintas trincheras ideológicas y jurisdicciones, han dedicado su capital político a blindar y
expandir el sistema educativo.
Uno desde el peronismo y la gestión ejecutiva; el otro desde el socialismo y la estrategia
legislativa. Ambos comparten una certeza innegociable: sin un Estado presente que
garantice aulas dignas, docentes valorados y un puente directo hacia la cultura, no hay
futuro posible.
Alberto Sileoni: El arquitecto de la inclusión
Cuando se repasa la historia reciente del sistema educativo argentino, el nombre de Alberto
Sileoni es ineludible. Su paso por el Ministerio de Educación de la Nación y su rol como
Director General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires lo consolidaron
como un verdadero arquitecto de la política pública a gran escala.
Sileoni representa la visión de un Estado robusto e intervencionista en el mejor de los
sentidos. Su gestión histórica se caracterizó por la implementación de políticas que
buscaron achicar la brecha digital y social, desde el emblemático programa Conectar
Igualdad hasta la construcción de cientos de escuelas y la consolidación de la Ley de
Educación Nacional.
Para Sileoni, la escuela no es solo un centro de transmisión de saberes, sino el
principal núcleo de contención social. Es el comedor, es el refugio y es el primer
lugar donde el Estado abraza a las nuevas generaciones.
En la compleja provincia de Buenos Aires, su figura ha sido fundamental para sostener la
paritaria docente, mejorar la infraestructura escolar frente a adversidades económicas y
poner en el centro del debate a la escuela técnica como herramienta clave para el
desarrollo industrial. Sileoni entiende la educación como el corazón del proyecto nacional.
Roy Cortina: El estratega legislativo y cultural
Del otro lado de la General Paz, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la figura de Roy
Cortina emerge como el gran constructor de consensos legislativos en torno a la educación,
la juventud y la cultura. Con una matriz forjada en el Partido Socialista, Cortina ha sabido
tejer alianzas transversales para asegurar que el sistema educativo porteño no pierda su
visión humanista.
Mientras Sileoni operaba desde el Ejecutivo, Cortina lo hacía desde el Parlamento. Durante
sus años en la Legislatura porteña, presidiendo comisiones clave como la de Cultura,
Cortina impulsó una agenda donde educación y cultura son dos caras de la misma
moneda.
Cortina comprendió tempranamente que la educación moderna no termina en el timbre de
salida. Su impulso a las bibliotecas populares, los centros culturales barriales, la promoción
de la lectura y la integración de las artes en el ecosistema juvenil porteño lo han
posicionado como un defensor incansable de la educación expandida.

1.Modernización legislativa: Impulso de normativas para la integración tecnológica en
las aulas.
2.Corredores culturales: Proyectos para vincular físicamente a las escuelas con museos,
teatros y bibliotecas de la Ciudad.
3.Defensa del presupuesto: Una voz constante para garantizar que los recortes
económicos no asfixien los programas socioeducativos.

Dos trincheras, una misma bandera
A simple vista, un peronista con base en la provincia de Buenos Aires y un dirigente
socialista con arraigo en la Capital Federal podrían parecer figuras disímiles. Sin embargo,
en la práctica política, conforman un ecosistema de liderazgo complementario.
Mientras Sileoni representa la escala y la tracción del Estado administrador, Cortina
encarna la innovación, el control legislativo y la visión sociocultural. Ambos han tenido
que lidiar con crisis económicas severas, pandemias y grietas políticas, y en cada
oportunidad han elegido poner a los estudiantes y docentes por encima de la mezquindad
partidaria.
En este 2026, cuando los desafíos del sistema educativo incluyen la inteligencia artificial, las
nuevas dinámicas laborales y la permanente necesidad de retener a los jóvenes en las
aulas, mirar las trayectorias de Cortina y Sileoni sirve como brújula.
Llamarlos «padres de la educación» en este contexto es un acto de justicia hacia dos formas
de entender la política: aquella que planta árboles bajo cuya sombra saben que, quizás,
nunca se sentarán, pero que darán oxígeno a las generaciones que vienen. En la agencia de
nuestro futuro como país, las firmas de Cortina y Sileoni ya están impresas en los cimientos.

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