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ROBERTO SUÁREZ: Costo cero para frenar la ceguera total

Un testimonio de la solidaridad y espíritu humanista del proyecto y pueblo cubanos, ofrece para la audiencia Comunas, un argentino que padece una enfermedad que conduce a la ceguera total. Pero eso no le ha ocurrido aún a Roberto, porque decidió ponerse en manos de la medicina cubana y la ceguera retrocedió a niveles sorprendentes.

Por Gabriel Russo.

Asombra ver a un hombre que estuvo condenado a ser ciego total, disfrutando de las cosas que una persona vidente normal, suele hacer como leer un diario, o practicar tenis. Para eso tuvo que confiar en la pericia médica cubana, mucho antes de que Cuba pusiera en funcionamiento en la capital de la Isla, el prestigioso Centro Internacional de Retinosis Pigmentaria.

“Tengo Retinosis pigmentaria- es una enfermedad progresiva que comienza produciendo ceguera nocturna, luego va reduciendo el campo visual y en su estado terminal, lleva a la ceguera. Es una enfermedad que año tras año va consumiendo la visión”- afirmó de inicio Roberto.

¿Cuando viajó por primera vez a Cuba era ciego?

No. Tenía un campo visual sumamente reducido. Tengo una visión como si se mirara por el ojo de una cerradura, no tengo campo visual ni a los costados, arriba ni abajo. Desde los 7 años me fue reduciendo el campo visual y me operé en Cuba, cuando tenía 16 años.

En estos momentos tengo 42 años y no volví a perder visión, los médicos cubanos me aseguraron que la intervención que ellos hacen logra detener la enfermedad. Nunca me prometieron una cura, pero para mí fue fundamental porque a estas alturas del partido debía estar completamente ciego y conservo la visión que tenía a los 16.

¿Cuántas veces se operó?

Fui 4 veces a Cuba y estuve entre 2-3 meses en cada viaje. Fui invitado por la embajada de Cuba, por intercambios que se hacían con pacientes de Argentina y el gobierno de Cuba nos daban absolutamente todo, la estadía, la intervención quirúrgica, todo, todo, nosotros solo pagamos el pasaje y Cuba nos abría los brazos.

Es decir, costo cero y ya estás viendo…

Exactamente.

¿Qué opinión tenía de Cuba antes de ir por primera vez?

Cuando el primer viaje con 16 años no tenía ningún concepto previo, no había salido nunca de la Argentina. Lo que me llamó poderosamente la atención, es que fui a un hospital para cubanos, “Salvador Allende” más conocido como “La Covadonga”, que queda en la Calzada del Cerro. No era habitual que extranjeros fueran a ese hospital, había otros para extranjeros que cotizaban en dólares. Me hospedé allí y lo curioso de mi experiencia es que hice todas mis estadías compartiendo codo a codo con el ciudadano cubano promedio. No estuve en el circuito turístico, sino que me hospedé en el hospital, comí lo mismo que cualquier ciudadano, usé el mismo pijama y los amigos que me armé en estos viajes eran otros pacientes que me invitaban a sus casas.

Algo que me llamó mucho la atención era la apertura increíble que tenía ese pueblo, pero increíble. Unos amigos del hospital me dijeron que el fin de semana no me quedara solo en el hospital, no llevé dinero para hacer turismo y me dijeron ¡Coño, compadre, no te vas a quedar aquí, tú eres nuestro hermano” y me llevaron a sus casas, me hospedaron, me invitaron a bailar en los boliches cubanos, pagaron todo ellos y en adelante hicimos un vínculo muy familiar!

Recuerdo que fui a Cuba en el ’91, pleno período Especial, el peor momento, era muy difícil comprar carne. De hecho le llamaban “oro rojo” y yo cumplí años en ese viaje. Mis amigos cubanos me llevaron a su casa a festejar, hicieron tostones de plátano, consiguieron ron, cervezas y algo que me emociona recordar es que todos pusieron plata y compraron un bistec, para que lo coma yo, porque dijeron “En tu país estás acostumbrado a comer carne y queremos que comas lo que acostumbras en la Argentina”, era un solo bistec y me lo comí llorando. No quisieron agarrar ni un pedacito, nada…

Situaciones como esa he vivido por todas partes. Después con el tiempo me fui acostumbrado a que era parte de la idiosincrasia, pero sinceramente cuando yo veía tal demostración de afecto decía: pero estos muchachos serán gays, me insisten tanto a ir a su casa, a comer la mejor comida, rechazaban mi dinero, mira esta es mi abuela, esta mi mamá, quédate todos los días que tú quieras”. Uno no está acostumbrado a que te abran una casa así de par en par.

Hay una palabra que sintetiza todo, que la escuché el primer viaje que hice a Cuba. Una cubana me dijo; nosotros aprendimos del Che Guevara la solidaridad.

Totalmente. Te digo más en el hospital se come comida baja de sal, insípida, pero la abuela de mis amigos, me cocinaba una comidita especial y la hacía traer todos los días para que yo coma más rico. Y me conocieron hace dos meses. Lo que encontré en Cuba, sobre todo en ese primer viaje, que fue el más sorprendente, es que son muy conscientes de la necesidad del otro, no solo material, también afectiva, de contención, de compañía.

¿Antes de ir a Cuba, buscaste ir a otro país para operarte?

No había ninguna respuesta en otros países. De hecho mi mamá consultó a mi oftalmólogo argentino y el dijo que “en Cuba son curanderos, usan medicina alternativa que no está demostrada. El nene va a perder la visión en dos o cuatro años, llévelo a Disneylandia, pero no malgaste el dinero en un lugar donde no le van a hacer algo distinto”.

Y aún con eso, viajamos a Cuba. Y el resultado está a la vista, sigo leyendo el diario. Muchos años después tenía que hacer un trámite acá en Argentina y necesitaba una medición del campo visual. Fui a ver a mi oftalmólogo, le pedí que me haga el estudio y por curiosidad comparó mi campo visual actual, con el campo visual que tenía guardado del año ‘90, última vez que fui a su consultorio, y observó que mi campo visual había crecido, la retinosis en el mejor de los casos se detiene y nunca retrocede. Y él dijo que a veces la retinosis tiene esos comportamientos caprichosos…Ni siquiera con una prueba científica pudo reconocer la efectividad del tratamiento que me habían hecho.

El tema es no reconocer algo que combate a su negocio. Pasa en la política todos los días. Cuando el adversario hace bien, no lo reconocen, es una cuestión de mezquindad.

En el peor de los casos lo que podían haber dicho es que no conocen la medicina cubana, pero no se puede afirmar que no funciona, si la desconocen.

Lo que a vos te salva es el sistema de gobierno cubano, porque si hubiera sido parecido al de otro país centroamericano o del Caribe, ese estudio no lo tenías o hubieras tenido que pagarlo muy caro.

Claro eso es así, la verdad es que éramos una familia de clase media, y ya el pasaje aéreo nos resultó dificultoso. Si hubiera tenido que pagar en dólares toda mi intervención estaría ciego hoy en día.

En EE.UU hoy, no hay salud para todos. Lo quiso instalar Obama y casi le cuesta el gobierno.

De hecho en EE.UU hay gente que tiene discapacidad porque no puede pagar su operación.

Finalmente Roberto Suárez aprovechó el contacto radial con Comunas para enviar “un caluroso y especial saludo al pueblo cubano. Para mí son inolvidables”-subrayó-.

El Centro Internacional de Retinosis Pigmentaria

Desde su fundación en 1992, es uno de los principales destinos del turismo de salud en la isla.

Por la rigurosa restricción que constituye para quienes la soportan, mayormente jóvenes, un equipo de científicos cubanos, que siguen las enseñanzas del eminente científico ya fallecido, el Dr. Orfilio Peláez, se ha consagrado desde hace más de cuatro décadas al estudio de los posibles tratamientos para contener el progreso de esta enfermedad ocular.

El método por ellos aplicado, radica en la práctica de una técnica quirúrgica relacionada con la aplicación de ozonoterapia, electro estimulación, vitaminoterapia y tratamiento con oligoelementos. Esta cirugía implanta tejido graso vascular orbitario en el espacio supra coroideo, estructura rica en vasos sanguíneos.

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