Ni la rana se salva- Por Margarita Pécora
El pasado sábado nos sorprendió al llegar a Tigre, una impresionante manifestación con carteles, parlantes y toda suerte de material propagandístico, enarbolado por organizaciones y vecinos de la Cuenca del Rio Luján y Delta del Paraná que escogieron esa concurrida estación terminal de trenes para amplificar una vez más su reclamo de ¡Basta a la construcción sobre los humedales!.
Como en ningún otro momento, vimos a los vecinos enojados y muy en serio, creo que por eso no quedó un visitante nacional o extranjero que llegara a Tigre por esas horas, que no fuera enterado de esa queja traducida en una denuncia contra las autoridades de los municipios que comparten esas zonas bajas ocupadas por arroyos o ríos en forma temporal, que cuando se desbordan, provocan crecidas, por ejemplo del rio Lujan, el Paraná, el Reconquista entre otros.
Y este no es un reclamo aislado. Recordemos que en mayo pasado, diversas organizaciones sociales y vecinos de todos los municipios asentados sobre la cuenca del Rio Luján, marcharon en caravana desde el Canal de San Fernando hacia el Juzgado Federal No. 1 de San Isidro.
Todos sabemos que las imágenes de las inundaciones sufridas, son sobrecogedoras y se repiten cada vez que llueve o se produce una sudestada: el agua entra a las casas, todo se inunda y nadie se responsabiliza. Ni la avifauna que constituye un mosaico de especies pintorescas y cantoras en estos lugares, ni la ranita trepadora que se oculta en los troncos, por poner algunos ejemplos, se salvan de esta avalancha depredadora que ocurre a los ojos y con el consentimiento de las autoridades.
La denuncia de estas organizaciones de vecinos es potente. Afirman que estas tierras bajas incluyendo islas del delta, se están vendiendo a precios bajos porque se inundan, aunque ello sea un ilícito porque esas son áreas de dominio público. Y que, para desarrollar un emprendimiento urbanístico como es un country, o industrial, esas áreas son rellenadas y muchas veces rodeadas de diques de contención, para evitar el anegamiento.
Como es natural, las aguas buscan nuevos cursos, y entonces inundan las casas o campos de los vecinos de esas zonas.
La lucha viene desde hace rato, pero el pasado 1° de julio, la jueza Sandra Arroyo Salgado se expidió en un fallo preventivo que ordenaba a “Todos los municipios de la cuenca del Rio Luján y del delta del Paraná, la prohibición de habilitar o aprobar la construcción de nuevos emprendimientos urbanísticos o ampliaciones de los ya existentes que impliquen una o más obras de tipo endicamiento, dragados, excavaciones, creación de lagunas, desagües naturales, cotas en superficies asociadas a valles de inundación y cursos de agua o ambientes isleños”, en fin…
Además la jueza Arroyo Salgado convocó a expertos para un peritaje interdisciplinario de IMPACTOS AMBIENTALES individuales, acumulativos, disponiendo la paralización de obras del emprendimiento denominado “Venice Ciudad navegable” y “Remeros Beach”, ambos en Tigre.
Pero los vecinos aún con este logro judicial, siguen preocupados de que los especuladores inmobiliarios vayan a usufructuar de la falta de controles y convalidaciones que no se ajustan a la normativa vigente.
Por ese motivo consideran imperioso que se fijen las líneas de ribera que establecen el límite del dominio privado, del dominio público y que se implemente cuanto antes, un PLAN DE REMEDIACIÓN para recuperar los ecosistemas de los humedales y preservar la vida y los bienes de los vecinos de estas zonas.
Es una enconada lucha la que tienen por delante y no voy a ser pesimista, pero recordemos que estamos de cara a un gobierno cuya lógica empresarial y mirada económica, antes que lo social, hace que avance en un esquema sistemático de privatizaciones y por tanto, de privilegios a los emprendedores, y si no hay una justicia firme, pasarán arrasando con todo.



