Micaela, Agostina ¿y cuántas más?
Nuevas heridas en el alma de la sociedad argentina, más lacerante aún en el corazón de las familias con vidas tronchadas, representan el femicidio perpetrado por la hiena Wagner, que devoró en Gualeguay (Entre Ríos) la vida de Micaela García. A horas de su triste final, las bestias- que parecen tener guaridas en varios rincones del país-, asestaron un nuevo golpe. Otra joven reportada desaparecida desde este viernes fue encontrada muerta en la localidad cordobesa de Nono. Se llamaba Agostina Belén Farías y tenía solo 19 años.
Por Margarita Pécora
Pareciera que las leyes, las marchas, las consignas, los reclamos cayeran en saco roto en esta Argentina donde el femicidio se ha convertido en una figura delictiva que siembra pánico y pone a científicos sociales, políticos, e investigadores de muchas disciplinas afines, a buscar una explicación y más que ello, una medida contundente que frene esta ruptura tan sensible del tejido social.
En la Argentina ya cuentan miles los casos de mujeres, niñas y adolescentes desaparecidas víctimas de las redes de Trata nacionales e incluso internacionales. Es más, en el país se ha sancionado la Ley N° 26.364 de Prevención y Sanción de la Trata de personas y asistencia a sus víctimas y su modificatoria, la Ley N° 26.842, pero pesar de la ley, de la creación de organismos como el Consejo Federal para la Lucha contra la Trata y Explotación de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas o el Comité Ejecutivo para la Lucha contra la Trata y Explotación de Personas, o incluso la creación de la Procuraduría Especial de Trata y Explotación de Personas (PROTEX) los asesinatos de siguen produciendo.
Mucho antes de la marcha exigiendo la aparición con vida de Micaela, ya había tenido lugar los días 8, 9 y 10 de octubre en la ciudad de Rosario, el 31° Encuentro Nacional de Mujeres que culminó con una numerosa marcha que reunió a más de 100.000 mujeres de todo el país manifestándose enérgicamente contra la violencia machista y diciendo basta de femicidios.
A pesar de ello, la cadena de homicidios contra las mujeres se sigue extendiendo. Los Medios han dado cuenta de esta cruda realidad:
El 09/10 tuvo lugar aberrante asesinato de la adolescente de 16 años, Lucía en la ciudad de Mar del Plata, llevada mediante engaños a una vivienda donde fue drograda, salvajemente violada y torturada hasta la muerte.
El sábado 8/10, Beatriz de 22 años desapareció de su hogar; fue encontrada el lunes 10/10; fue ahorcada hasta la asfixia, estaba semidesnuda con los tobillos atados metida en una bolsa de plástico negra, adentro de la caja de cartón en un descampado en la localidad bonaerense de La Matanza; Marina, de 51 años, fue hallada muerta el 11/10 con 13 puñaladas en su casa del barrio Luján, a unos 6 kilómetros del centro de El Bolsón. Su pareja es el principal sospechoso.
Natalia de 41 años, fue encontrada apuñalada dentro de su auto el 11/10 en Córdoba.
El miércoles 12/10 una mujer fue asesinada de seis puñaladas en una vivienda de la localidad bonaerense de Isidro Casanova, Partido de La Matanza y por el crimen detuvieron a su propia madre, acusada de haberla asesinado porque era lesbiana.
El 13/10 en la ciudad de Mar del Plata, una anciana de 86 años, fue encontrada ahorcada con un cinto en avanzado estado de descomposición. Buscan a su esposo como primer sospechoso.
El 14/10 en La Plata, María de 63 años, fue asesinada con un hacha por su esposo, que luego se suicidó.
Marilyn de 28 años, estaba embarazada de tres meses fue asesinada el viernes 14/10 por su ex esposo a cuchilladas en la localidad santiagueña de La Banda.
Samantha tenía 22 años y dos hijas; el miércoles 12/10 a la tarde desapareció de su casa de General Cabrera, en Córdoba. El viernes la policía encontró su cuerpo en un cañaveral, fue asesinada por su pareja, padre de sus hijas. Según informó el diario La Voz, Emiliano Alberto Cahuana, concubino de Samantha y padre de sus dos hijos, confesó haberla asesinado el miércoles en General Cabrera.
Ahora fueron Micaela, Agostina, y no sabemos cuántas más caerán en manos de las bestias. La sociedad, el poder político y legislativo se deben una respuesta superadora a este acuciante desafío, ya sea con el endurecimiento de las penas, tanto para los femicidas como los jueces que dejan libres a estas hienas; hace falta también, sin dudas, una mayor prevención a nivel de casa, calle, barrio, y que la Escuela participe, que el niño y la niña empiecen a conocer, sin tabúes, el valor de la vida, el respeto del hombre a la mujer y viceversa, lo sagrado que encierra, en definitivas, la figura de la mujer que es la que tiene la facultad biológica que engendrar hijos e hijas no para que salgan a matar o a morir.



