
La reforma laboral saldrá sin demasiado esfuerzo y con escenas del folclore gremial. Cada vez que el poder, hoy socio del gobierno, pronuncia términos como modernización, reforma u otro sinónimo en la misma línea, el trabajador sale perdiendo y mucho.
El intento comenzó en el gobierno de Fernando de la Rúa. No se consiguió totalmente y sus consecuencias fueron el empoderamiento de Hugo Moyano y la caída del gobierno aliancista ,previa tarjeta Banelco, para la época la llave de la corrupción en un gobierno en teoría transparente.
La sociedad era otra, al igual que la política y los gremios. Un cuarto de siglo más tarde todo ha cambiado. El legislativo se corrompe día a día y no le importa. Es más, lo destaca. Los sindicatos son manejados por las mismas caras, pero con rostros más viejos y menos energía. La CGT, como siempre, amenaza con paros, movilizaciones y demás actos de otros tiempos que ya no dan resultado.
La imagen de la central obrera ante la ciudadanía es patética y ante el gobierno da pena. Lasenadora Patricia Bullrich culminará exitosamente la salida de la ley que seguirá postrando al trabajador y le arrancará una sonrisa, otra más, a la oligarquía.
Para los más jóvenes la senadora fue ministra de Trabajo hace 25 años y propulsora de una reforma que no llegó a salir. Esta persona también fue montonera, rebelde, menemista, siempre en la vereda correcta del sistema como doble agente trabajando para su clase porque ella es Bullrich Luro Pueyrredón. ¿Me explico?
En síntesis, ¿qué tiene que esperar el trabajador este año. Nada nuevo. Si tiene suerte, tendrá un empleo mal pago y con algún que otro derecho. Ahorrará día a día para un futuro despido y tendrá un solo plazo fijo, el de las horas para faltar porque la antigua hora extra fenecerá. Como consecuencia de esta reforma que deforma, los gremios, tendrán escaso poder. La amenaza del paro, la marcha y demás yerbas seguirán dando risa y la oligarquía, tal como lo prometió el presidente en campaña, brillará como en la década infame.
Nada es nuevo, nada es moderno, ni las clases pudientes ni esta reforma. ¿No le parece?



