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¡Hasta a Dios se le colma la paciencia!

Por Margarita Pécora B.

Que un cura haya sido quien rompa la imagen de  parálisis  que se viene observando en  la reacción social,  frente a la adversa situación que golpea por todos lados a los argentinos,   nos  asombra y  deja una lectura: hasta la paciencia de Dios se ve colmada por el deplorable estado de cosas.

Cuando trascendió en los Medios que el  sacerdote cordobés Germán Treuz, había levantado  la barrera del peaje en su pueblo de Alcira Gigena,  y que  según manifestaron los empleados del cruce, dijo que no iba a abonar la tarifa porque la ruta estaba en mal estado, de inmediato  comenzaron a llover opiniones por las redes sociales, la mayoría de respaldo a la reacción del religioso,   colocándolo en el  lugar  de un ciudadano común  que es  obligado prácticamente a pagar impuestos  que no tienen  una correspondencia en calidad  ni seguridad de vida  en las vías  severamente deterioradas que cruzan la geografía argentina, no solo cordobesa.

Pero el colmo es que, según informaron desde el gremio de los peajistas,   van a denunciar por el episodio, a Treuz ante el Obispado de Río Cuarto, departamento al que pertenece la localidad de Alcira Gigena.

Varias fuentes se hacen eco de declaraciones de Treuz  en las que  expone: “Si me van a cobrar un servicio, que primero me lo den. ¿Para qué pago el peaje? Si tengo un accidente o una dificultad, no te auxilian», apuntando de este modo a las falencias en la gestión   del Gobierno de la provincia de Córdoba por la falta de señalización, evidente en las imágenes que proyecta la TV,  de  verdaderos cráteres  en el pavimento  a escasos metros del peaje. Treuz recordó que años atrás protagonizó un accidente en la ruta nacional 8 en el que murió una persona a causa del estado de esa calzada

Ya era hora

Entramos en el séptimo mes de gobierno de Mauricio Macri, de un modelo  conservador, de extrema derecha,  que  “cosificó” al pueblo, al   adormecerlo  con promesas de cambio, que  con la caída del país en  recesión, solo  están  demostrando ser todo lo contrario  de las mejorías que pregonaba. El empeoramiento  de la calidad de vida de los ciudadanos por  los tarifazos en los servicios  indispensables,  la caída de  la producción y del empleo, son más que suficientes para  afirmarlo.

Ya era hora de que si no  salía un ciudadano común a revelarse contra el verdugueo, lo haga  un sacerdote, que a fin de cuentas es un ser  humano  también que sufre  los desmanes de una política  falaz  y de ajuste que, lejos de  invertir  en  mejorar la calidad de vida  de la población,  complace a su séquito de aduladores de los sectores  económicos concentrados,  haciéndoles transferencia de recursos .

Aletargados

A diferencia de  épocas pasadas, en las que el pueblo argentino  reaccionaba a puro cacerolazo ante cualquier   medida del Estado que le  afectase,  salvo  las manifestaciones  gremiales, y  ejemplos aislados  de gente que sale a protestar,  se sigue notando  un comportamiento anómalo en una sociedad que permanece bajo  los efectos de una  anestesia.

¡Cuántas  más pruebas necesita la población  para  activar  sus mecanismos de reacción  ante lo que ya se ve  ha sido un “engaño” para quienes  creyeron en un proyecto que cambiaría  para mejor.!

Hasta cuándo  se seguirá  culpando a la “herencia kirchnerista” las falencias que encontraron,  sin hacerse cargo  del presente  que ya es tiempo  de que  brinde  resultados  a favor  y no  en contra de la gente.

Lamentablemente, muchos piensan aún que  hay que seguirle dando tiempo a Macri  para  que destruya  más  la economía nacional,  y  siga saqueando  a las clases  trabajadoras  llevando  a la sociedad  a la pobreza máxima.

La triste   imagen de un  niño descalzo   empuñando la bandera  argentina  en una escuela del  interior del país,  hoy  no solo conmueve: es un símbolo de un Estado ausente, que mira y vela solo por los  poderosos. Por eso también, se le colma la paciencia a Dios.

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