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Sociedad

Hallan a casi 2.000 metros de profundidad un cargamento cananeo de la Edad del Bronce

Durante un estudio ambiental de rutina en aguas profundas, un robot submarino detectó una imagen inesperada: decenas, quizá cientos, de grandes recipientes de cerámica amontonados sobre el lecho marino. A simple vista, aquello no parecía una formación natural. Era algo mucho más antiguo… y mucho más importante.

Un barco mercante de hace 3.300 años, hundido en pleno mar abierto, demuestra que los navegantes de la Edad del Bronce dominaban el Mediterráneo mucho mejor de lo que pensábamos.

Durante décadas, los historiadores y arqueólogos han repetido una idea casi incuestionable sobre la navegación antigua: en la Edad del Bronce, los marinos preferían no perder nunca de vista la costa. El mar abierto era, en teoría, un territorio hostil, imprevisible y demasiado arriesgado para embarcaciones construidas con tecnología limitada. Sin embargo, un hallazgo en el fondo del Mediterráneo oriental ha puesto en jaque esta certeza académica. A casi dos kilómetros de profundidad y a más de 90 kilómetros de la costa actual de Israel, un cargamento de ánforas cananeas intactas ha emergido como una cápsula del tiempo que obliga a reescribir la historia de la navegación antigua.

 

El descubrimiento no se produjo en una excavación arqueológica convencional ni fue fruto de una búsqueda deliberada. Como ocurre cada vez más en la arqueología del siglo XXI, fue la tecnología industrial la que abrió la puerta al pasado.

Durante un estudio ambiental de rutina en aguas profundas, un robot submarino detectó una imagen inesperada: decenas, quizá cientos, de grandes recipientes de cerámica amontonados sobre el lecho marino. A simple vista, aquello no parecía una formación natural. Era algo mucho más antiguo… y mucho más importante.

 

Un barco de la Edad del Bronce en el reino de la oscuridad

Las primeras evaluaciones no tardaron en confirmar lo extraordinario del hallazgo. Las vasijas correspondían a ánforas cananeas, un tipo de recipiente ampliamente utilizado en el comercio del Mediterráneo oriental durante los siglos XIV y XIII a. C., en plena Edad del Bronce tardía. Este tipo de cerámica servía para transportar productos agrícolas básicos —aceite de oliva, vino, miel o resinas— en grandes cantidades, lo que apunta de forma clara a un barco mercante.

 

El lugar del hallazgo es, por sí solo, una anomalía histórica. El pecio se encuentra a unos 1,8 kilómetros de profundidad, en una zona donde la luz solar no penetra y donde la presión aplasta cualquier estructura moderna mal preparada. Nunca antes se había documentado un naufragio tan antiguo a semejante profundidad en el Mediterráneo. De hecho, es el barco más antiguo jamás localizado en aguas profundas en todo el mundo.

 

La embarcación, según las estimaciones realizadas a partir de la dispersión del cargamento, tendría entre 12 y 14 metros de eslora. No se observan restos evidentes del casco, probablemente enterrado bajo sedimentos finos, pero la disposición de las vasijas sugiere que el barco se hundió de forma relativamente rápida, sin que la tripulación tuviera tiempo de aligerar la carga para intentar salvarlo.

 

Hasta ahora, el conocimiento sobre el comercio marítimo de la Edad del Bronce se basaba en apenas dos grandes naufragios con carga, los de Cabo Gelidonya y Uluburun, ambos descubiertos cerca de la costa turca. Estos hallazgos reforzaron la idea de que los barcos antiguos practicaban una navegación de cabotaje, avanzando de puerto en puerto y manteniendo siempre referencias visuales terrestres.

 

FUENTE.  MUY INTERESANTE.

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