El superávit que defendió Milei está «atado con alambre»
Retroceso laboral y estancamiento como norma

En su discurso, el Presidente insistió con el superávit fiscal mientras la reforma laboral erosiona el financiamiento previsional y tensiona las cuentas públicas. Especialistas advierten que cumplir la meta oficial podría exigir nuevos ajustes sobre la mayoría de la población.
El Gobierno Nacional celebró la aprobación de la reforma laboral la semana pasada como un paso decisivo en su programa de “modernización” económica y, luego, ratificó el superávit fiscal como principio fundante en su discurso ante el Congreso del domingo. Lo que no explicó es que los cambios introducidos por su reforma pueden abrir un nuevo frente de tensión sobre las cuentas públicas en 2026, precisamente en el área que más compromete la sostenibilidad fiscal: el sistema previsional (los recursos de Seguridad Social representan un tercio de la caja total).
En un esquema en el que el oficialismo volvió a presentar al superávit fiscal como prioridad excluyente de la política económica, cualquier debilitamiento estructural de los recursos anticipa un escenario de mayores ajustes. Por eso, en términos fiscales, la disminución de ingresos contributivos deberá compensarse mediante otras fuentes de financiamiento o, en su defecto, a través de un recorte adicional del gasto público en un contexto donde las jubilaciones y pensiones ya operan como variable de ajuste. El problema adquiere mayor relevancia en un escenario de estancamiento económico y deterioro del empleo formal, que erosiona de manera persistente el financiamiento del sistema en su conjunto.
El resultado fiscal proyectado para 2026 se configura en torno a un equilibrio “atado con alambres”, sostenido en buena medida por el recorte del gasto social en un contexto de menor recaudación contributiva. Esto vuelve a poner sobre la mesa los interrogantes acerca de la consistencia del programa económico actual, el desfinanciamiento del sistema previsional, el cumplimiento de las metas comprometidas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, la cada vez más lejana, recomposición de ingresos de la población.
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Milei sigue insistiendo en lo que define como uno de sus pilares «innegociables» del programa económico, el equilibrio fiscal. Sin embargo, una vez más omite explicar a las y los argentinos cómo —o a costa de qué— planea alcanzarlo. El mandatario celebró la aprobación de su proyecto de reforma laboral, aunque, en la misma línea, tampoco explicó el impacto fiscal, es decir, las consecuencias concretas que podría tener sobre las cuentas públicas.
El escenario en términos de recursos para este año así como las posibilidades de cumplir con la meta oficial entran en tensión tanto si se consideran los datos oficiales del cierre del 2025 como los de comienzos del 2026, todo lo que evidencia un resultado fiscal “atado con alambres” y que enciende las alarmas para lo que viene.
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En concreto, en enero los ingresos fiscales alcanzaron los $18,3 billones, registrando una baja real (considerando el impacto de la inflación) del 7,9% respecto al año anterior. Con este resultado, la recaudación acumuló seis meses consecutivos en contracción, impulsado principalmente por el desplome de los recursos aduaneros (sobre todo los derechos de exportación que cayeron 40,8% interanual) pero también se registraron mermas reales en el consumo interno y la propiedad (Impuestos interno: -18,6% y Bienes Personales -13,8%), además de las pérdidas en IVA (-3,3%), Créditos y Débitos (-0,4%) y Combustibles (-3,9%). Se sumó, el deterioro de los recursos de la Seguridad Social (-3,9% interanual, consolidando una tendencia negativa que ya se extiende por tres meses consecutivos).
Si se compara con los niveles de 2023, la recaudación global exhibió una contracción real del 6,5%, cifra que se ajusta a una baja del 5,1% si no se contabilizan los ingresos por el impuesto PAIS que ya no se encuentra vigente. El retroceso estuvo marcado por caídas significativas en Bienes Personales (-73% real), Ganancias (-17% real), Derechos de Exportación (-24% real), Internos Coparticipados (-30% real) e IVA (-2% real).
¿Qué indican estos datos? “Un esquema apoyado en IVA y aportes/contribuciones se pincha cuando caen consumo y empleo y el cuadro se agrava por decisiones normativas/regímenes que alivian el aporte de los sectores concentrados y de altos patrimonios (se debilitan retenciones y tributos aduaneros, y se achica Bienes Personales)”, analizaron los economistas del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYP). En ese sentido, agregaron que “el deterioro también impacta en la masa de recursos coparticipables, recortando los fondos que se distribuyen a las provincias” por lo que “el ‘equilibrio’ se sostiene empujando más recorte del gasto”, alertaron.
FUENTE. EL DESTAPE



