Sociedad

El efecto socioambiental de la utilización de plaguicidas en Pergamino. El juicio que se sustancia en Rosario.  

 

Como mencionamos en notas anteriores, los problemas ambientales que afectan a la salud socioambiental pueden derivar en conflictos ambientales, en los cuales uno o más sectores, con diferentes intereses, pueden pugnar para alcanzar distintos objetivos. Por un lado, se hallan aquellos que quieren vivir una vida plena en un ambiente saludable; es decir, respirar aire puro, tomar agua limpia y alimentarse de manera saludable. Por otro lado, se encuentran quienes, con la finalidad de incrementar la rentabilidad de sus actividades agrarias, persiguen el objetivo de impedir que se pongan límites a la aplicación de plaguicidas.

Sabrina Ortiz y su familia, ciudadanos del distrito de Pergamino, sufrieron en su propio cuerpo el accionar de un modelo productivo extractivista y contaminante que se materializa en la utilización de plaguicidas. Miembros de la familia padecieron consecuencias directas de la exposición a agroquímicos, incluyendo un aborto, alta presencia de tóxicos en la sangre y alteraciones genéticas. Sabrina y su familia están llevando adelante un juicio, junto al Dr. Fernando Cabaleiro, contra siete productores y dos funcionarios del distrito, en la búsqueda de justicia ante la vulneración de sus derechos.

Llegar a un juicio implica que todos los mecanismos anteriores para alcanzar acuerdos han fracasado y que se requiere la mediación y acciones concretas del Poder Judicial. Aunque en nuestro país aún son escasos los casos en los cuales se analizan problemáticas ambientales en la búsqueda de justicia, estos han generado jurisprudencia y, a su vez, han sobrepasado la situación específica que los originó, posibilitando difundir los problemas concretos derivados de la utilización de fertilizantes y plaguicidas y su efecto socioambiental.

¿Cuáles son los puntos en discusión en los juicios?

a) El primero, y más importante, se vincula con los modelos productivos convencionales basados en un paquete tecnológico constituido por plaguicidas, fertilizantes y semillas modificadas genéticamente. Dichas sustancias químicas pueden contaminar, según sus características intrínsecas, el aire, el agua y los alimentos. Se pone énfasis en la rentabilidad a corto plazo por sobre la sustentabilidad y la salud socioambiental.

b) El segundo punto está constituido por los plaguicidas utilizados, los cuales, por su efecto socioambiental, pueden categorizarse como altamente peligrosos, pudiendo generar daños en la salud a corto plazo (efectos agudos) y a largo plazo (efectos crónicos). Además, los productos pueden potenciar su accionar, generando efectos aún mayores a los que causarían por separado. Los plaguicidas más mencionados en los juicios son: Atrazina, Triticonazol, Metolaclor, Acetoclor, Clorpirifos, Glifosato, Imidacloprid, 2,4-D, cipermetrina y fipronil.

c) Otro aspecto en discusión lo constituyen aquellos plaguicidas prohibidos en otros países que se utilizan en la Argentina. Cuesta entender que existan plaguicidas de amplia utilización en nuestro país, pero que han sido prohibidos, por decisiones técnico-políticas, en otras naciones.

d) Otro punto lo constituye la discusión sobre el efecto en la salud de la exposición y el daño causado por los plaguicidas. Aquí cabe recordar que, si bien las enfermedades pueden poseer varias causas que pueden potenciarse entre sí, es indudable, desde una mirada integral, relacional y de largo plazo, y desde las concausas, el vínculo entre la exposición a los plaguicidas y el deterioro en la salud.

e) Entre las discusiones aparecen las distancias a las cuales pueden trasladarse los plaguicidas desde el punto de aplicación. Esto deriva en la búsqueda de poner límites a su uso, expresados en “zonas buffer” o “de restricción”, establecidas en una cantidad de metros que deben respetarse entre la zona de aplicación de estas sustancias tóxicas y las viviendas, los centros de salud y las unidades productivas en las cuales se realizan actividades agroecológicas (entre 100 y 2.000 metros, según las ordenanzas vigentes en la actualidad).

f) Ligado con el punto anterior, las discusiones abarcan la distancia hasta la cual pueden llegar los plaguicidas por el aire luego de ser aplicados, la cual depende de múltiples factores: las características fisicoquímicas de los plaguicidas; las condiciones climáticas al momento de la aplicación (humedad, temperatura, velocidad del viento, radiación e inversión térmica); el tipo de vehículo utilizado (avión o equipos autopropulsados) y las características de las boquillas por donde salen los productos químicos hacia el ambiente. Los conceptos de exposición de las personas —y de todos los seres vivos—, el riesgo de padecer afecciones en la salud y la capacidad de respuesta de las comunidades constituyen parte del núcleo de estas discusiones.

g) Una controversia habitual se da respecto a las alternativas existentes al modelo productivo convencional: ¿es posible la agroecología? Se pregunta una y otra vez, como si estuviéramos condenados a este modo de producción. Ante esta pregunta, responderemos una y otra vez que el paradigma agroecológico es ambientalmente sustentable, económicamente viable y socialmente justo. Es posible obtener ingresos y beneficios adecuados retribuyendo a todos los factores de la producción.

Desde mi opinión, los juicios llegan tarde. La muerte del niño Arévalo en Corrientes, las afecciones en la salud de la familia Ortiz y los afectados del barrio Ituzaingó en Córdoba lo demuestran. Nuestro cuerpo es un “don” único, irrepetible y propio que, aun con las afecciones que cada uno trae desde sus genes y las adquiridas a lo largo de la vida, nos posibilita crear, ser, sentir y estar en un territorio.

Un espacio de confluencia de nuestros territorios corporales, espirituales y mentales, junto a un espacio vital más amplio. Ambos territorios se hallan en tensión cuando hablamos de plaguicidas, su aplicación y sus efectos. Cuerpos, mentes y almas que, en un todo, buscan que se respeten sus derechos, en ocasiones llegando a un juicio que ponga límites claros a las actividades económicas en defensa de la salud.

Desde este espacio seguiremos propiciando, a partir de la praxis ambiental, la reflexión y la acción en los territorios, en la búsqueda de una vida digna para todos los seres vivos, respetando los derechos de la naturaleza, donde nos hallamos incluidos, aunque no queramos reconocerlo.

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