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CLAUDIA PEIRÓ: Los códigos secretos de “Vitalio”

El código secreto  elaborado por Juan Domingo Perón (donde se hacía llamar Vitalio)  para conducir la operación “retorno” desde Madrid  a la Argentina, motiva este diálogo con la colega  Claudia Peiró, licenciada en Historia de la UBA, quien tuvo acceso a tan interesante archivo.

Por Gabriel Russo

Contanos, ¿Cómo es el código que le sirvió a Perón para conducir esa operación?

En realidad es la confirmación de algo que podíamos imaginar, que Perón para comunicarse, desde el exilio, estamos hablando del año 70-71-72, cuando  se empieza a perfilar que los sucesivos gobiernos   que le siguieron, no lograron  estabilizar al país, y se va  hacia una apertura. Se firma La hora del pueblo, al final de  los ’70  un documento multipartidario pidiendo elecciones y  empieza a intensificarse el tránsito de Perón  entre Buenos Aires y Puerta de Hierro que era su residencia en Madrid.

Lo que muestra el archivo al que yo tuve acceso,  son unas fichas donde está el  código que Perón elaboró y que usaba para comunicarse en secreto con, supongo yo, dos o tres personas en el país que luego trasmitirían sus órdenes. Recordemos que Perón tenía  formación como oficial de contrainteligencia.

Hace poco hubo gente que quiso como armar escándalo recordando que había tenido  un problema en Chile porque él estuvo  ahí como Agregado un tiempo en la Embajada. Y es verdad que desarrolló tareas de contrainteligencia, lo mismo que en Europa luego. Además sabemos que era buen militar, metódico, ordenado, organizado.

Estas fichas lo que tienen, además de mostrar el código que es una lista de nombres propios.

¿600 no?

Sí, Ana, Alicia, Albino, Alejandro, etc. todo en orden alfabético, cada uno de esos nombres significaba  una frase. Por ejemplo: “todo está en orden”, “avanzan las operaciones”, “quiero  que vengan a verme”…etc., ese tipo de directivas. Después aparecen también  nombres para identificar  cada una de las personas con las que estaba vinculado, de su propio dispositivo, aliados, amigos  e incluso enemigos, todos tienen un nombre. Por ejemplo  a Lanuse le tocó Pánfilo, por ejemplo para pasar un nombre de mujer como Silvia, signifique Lorenzo Miguel, por ejemplo.  Paladino era Terencio y el propio  Perón era Vitalio. También los referentes  de la juventud de aquella época  aparecen,  y los dirigentes sindicales.

¿Cómo mandaba los mensajes?

Por ejemplo los llamados por teléfono desde Buenos Aires, en lugar de decirle “estoy de acuerdo con tus planes”, decía “hoy me vino a visitar Gabriel, Alicia y Juan…”. Y vos tenias que ir al código y fijarte qué quería decir cada uno de esos nombres y de repente  podría aparecer una frase como “no estoy de acuerdo con lo que propone Lanuse”, por ejemplo.  Si quería dar una fecha lo podía dar con esos nombres propios.

Esto servía tanto para las comunicaciones telefónicas como para las escritas, cartas, cables que era lo que había.

También mandaba cintas magnetofónicas y escritos con enviados que no eran políticos, por ejemplo uno era  piloto de Aerolíneas Argentinas y lo daba por ejemplo a Paladino. Cuando vio que éste se estaba portando “mal”, lo  saca. Eran los correos humanos.

Habría que distinguir entre cintas grabadas con mensajes políticos y las cartas políticas, de lo que eran directivas, mensajes concretos porque  hay un libro reciente que salió  de Osvaldo Chercasky que era enviado de La Opinión, a Madrid.

La dictadura de Lanuse  hasta último momento  pensó que Perón no volvería, toda de esa tarea de  desinformación funcionó.

Está muy bien descripto en el libro, es más, cuando Perón aterriza en Ezeiza en noviembre del 72, lo alojan en el hotel de allí y no lo dejan salir, pero no estaba clara su situación, si estaba o no preso,  rodeado el lugar de tanques del Ejército, después  de unas horas de nerviosismo lo dejan salir, pero  finalmente los toma de sorpresa.  Eso habla de una tarea de desinformación que evidentemente  él la hacía con todo este mecanismo, que  por un lado  con el código lograba encubrir sus directivas, y a la vez, públicamente les hacía creer otra cosa.

Recordemos el enfrentamiento que hubo en Ezeiza ¿tuvo que ver la CIA?

No me extrañaría. Probablemente.

Acá estamos hablando de su regreso de noviembre  del ’72, que el viene, revisa el espinel y se va porque de todas formas no podía ser candidato por esta transcripción que pone Lanuse, que de hecho demoró todo varios meses y complicó  la cuestión que ya no estaba muy bien de salud. Todo eso seguramente incidió en su lamentable fallecimiento después.

Aprovechando  tus conocimientos sobre Historia y peronismo. Estamos en una época donde Perón vendría a ser supuestamente la fórmula Perón-Balbín y hay una duda  que siempre tuve. Balbín decía que no, la versión que  tengo es que consulta a los radicales, hay una negativa pero otra versión indica que Balbín no llega a decirle que sí a Perón por una operación, una interna que fabrica o arma Raúl Alfonsín… ¿Tenès idea de  esto?

Nunca  escuché eso, no sé si Alfonsín en ese momento tenía tanta incidencia. Hoy  es una gran figura en el radicalismo pero en aquel momento  no sé si era un jugador de primera línea.

Pero  era alguien que hizo un complot. Organizaba a los radicales…

No lo puedo afirmar con certeza, lo que sí sé es que  en opinión de Benito Llambí que era el Ministro de Interior de Perón, que  se lo pone a Càmpora para vigilar la transición, él sostiene que los radicales arrugaron, es decir Balbín, y que se perdieron una oportunidad histórica de aceptar, pero no sé esa otra versión.

Por entonces se sabía que Perón estaba en los últimos días y el que era vice seguro  iba a ser presidente…

Pero no descartes el activismo que tuvo una parte del sindicalismo que a veces se comportaba excesivamente chupamedias, queriendo reeditar a distancia la candidatura de Evita. Los que presionan con la candidatura de Isabel son básicamente los sindicatos con un criterio un poco  sectario. También era difícil entender el pluralismo que exhibió Perón en ese momento. No sé si se puede atribuir el fracaso de esa candidatura a una sola persona en ese momento. Quizás fue una conjunción de cosas, pero  por un lado la CGT presionó con  esa candidatura y la versión que tengo  de las memorias de Llambí en su libro,  es que  fue Balbín el que dijo que no.

 

 

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