Política

Cara a cara  con Ernesto Samper

 

 

Por  Margarita Pécora    B.   –

No todos los días se consigue sentar al otro  lado de la pantalla,  a un ex presidente latinoamericano de la talla  de  Ernesto Samper  ex presidente de Colombia (1994‑1998) y ex secretario general de UNASUR, quien  se mantiene en 2026 como una de las voces más influyentes del progresismo latinoamericano. Una voz incómoda  para los poderes hegemónicos.

En la charla por el canal de  Prensa Alternativa y que  amplificamos para Comunas,  Samper dejó ver la voz de un ex presidente que diagnosticó con crudeza los males de la región. Desde Bogotá, relató cómo América Latina se encontraba convulsionada por la imposición de una diplomacia ideológica que reemplazó la fuerza de la razón por la razón de la fuerza.

EE.UU. convirtió la región en un infierno

Samper denunció que Estados Unidos había convertido a América Latina en un “infierno” político, interviniendo en procesos internos de países como Cuba, Venezuela, Honduras, Panamá, Brasil y Argentina. “La región, afirmó, quedó atrapada en una lógica de chantajes y apoyos selectivos según el signo ideológico de los gobiernos!.

Cuba sufrió un “genocidio en cámara lenta”

El caso de Cuba ocupó un lugar central en su análisis. Samper advirtió que la isla enfrentaba un bloqueo energético y sanciones que equivalían a un “genocidio en cámara lenta”. La solidaridad histórica de Cuba con la región contrastó con el intento de asfixiarla mediante medidas unilaterales que negaban su derecho al desarrollo.

La crítica se extendió a los liderazgos latinoamericanos que se alinearon con agendas externas. Para Samper, la postura de José Antonio Kast en Chile fue un ejemplo de subordinación a intereses imperialistas, síntoma de la desintegración regional y de la pérdida de autonomía en la política exterior.

El ex presidente colombiano identificó un florecimiento del “neofachismo” en América Latina, alimentado por poderes fácticos, grandes grupos económicos y el uso político de la justicia. La derecha, señaló, no ganó por decisiones democráticas, sino por imposiciones mediáticas y judiciales que debilitaron a los líderes progresistas.

Samper introdujo el concepto de “bukelización” como amenaza regional: el ascenso de gobiernos autocráticos respaldados desde la Florida, convertida en el “Washington de Latinoamérica”. “Allí desembarcaron fuerzas de derecha europeas que buscaron imponer modelos autoritarios y populistas”.

Trump respaldó a Espriella en Colombia

La entrevista también abordó la coyuntura colombiana. Samper denunció la intervención directa de Estados Unidos en la segunda vuelta presidencial, respaldando a Abelardo de la Espriella y deslegitimando a Iván Cepeda. Para él, la elección se jugaba entre guerra o paz, entre neoliberalismo excluyente o solidaridad transformadora.

La polarización ideológica fue otro eje de su reflexión. “La derecha, sostuvo, vendía miedo y terror a través de redes sociales y medios de comunicación, generando un clima de amenaza que condicionaba el voto ciudadano. En ese contexto, la izquierda enfrentaba un terreno hostil pese a sus avances”.

Samper alertó sobre el riesgo de censura y amordazamiento de la prensa en caso de un triunfo de la derecha. La posibilidad de acabar con la JEP y con los acuerdos de paz representaba, en su visión, un retroceso histórico que pondría en peligro la reconciliación nacional.

 

Operación Cóndor regresó con otro rostro

En su mirada regional, el expresidente recordó la Operación Cóndor como antecedente del actual injerencismo. Vio un patrón de conducta que buscaba imponer dictaduras blandas, disfrazadas de legalidad, pero con el mismo objetivo de controlar recursos y sofocar proyectos progresistas.

Sin embargo, Samper no se quedó en el pesimismo. Confió en que el péndulo social terminaría girando hacia las preocupaciones reales de la población: justicia, paz y reformas sociales. La represión, afirmó, no podría sofocar indefinidamente las demandas de cambio.

UNASUR quedó paralizada por el consenso imposible

Finalmente, reivindicó la integración como salida. Aunque reconoció la parálisis de UNASUR por el consenso imposible, apostó por una convergencia de mecanismos subregionales y por una voz única de América Latina. La CELAC, dijo, había cumplido un papel de cancillería regional y podía ser el germen de una nueva articulación.

La entrevista dejó claro que Ernesto Samper seguía siendo una voz incómoda para los poderes hegemónicos, pero necesaria para quienes buscaban entender los dilemas de la región. Su diagnóstico fue duro, pero su apuesta por la integración y la solidaridad mantuvo viva la esperanza de un futuro distinto.

 

 

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