Aborto y cine

Los pañuelos verdes revolucionaron el festival de cine de San Sebastián. En la previa de la presentación del documental “La ola verde (Que sea ley)” del argentino Juan Solanas, actores y actrices llevaron adelante un “pañuelazo” a favor de la legalización del aborto. Fue José Luis Rebordinos, director del festival, quien organizó y gestionó la actividad. Muriel Santa Ana y Mercedes Morán, lideraron la iniciativa.
No existe cultura sin símbolos. Y viceversa. En la nuestra, el pañuelo representa la lucha, la resistencia; el dolor y la esperanza. Antes fue blanco, ahora es verde o violeta o naranja. Por definición, un símbolo es la representación de una idea o una convención socialmente aceptada. Pero para nosotros, es un elemento que divide.
En su documental, Solanas deja de lado esa división y hace foco en un reclamo verdadero, marginal, estadístico. No solo toma posición por una idea, también la defiende desde el lugar más humano y menos político posible. Los testimonios resultan impactantes. Las imágenes de mujeres y hombres marchando por una causa común, generan empatía y admiración.
Pero esa empatía no es general. Está limitada a los “abortistas”, a los que creemos que el aborto es un derecho y no un delito. A los que defendemos la perspectiva de género. A los que levantamos la bandera de la igualdad. A los que entendemos que somos parte de un momento histórico único. En suma, a los que acompañamos una revolución cultural que ya está en marcha.
Es curioso que muchos de los que deciden y votan estos derechos, no formen parte de esa revolución. Atados a principios maniqueístas, deciden el futuro con arbitraria liviandad. Argumentan a partir de sus creencias religiosas y prometen encontrar una solución más pragmática y menos comprometida.
Lo cierto es que voten como voten, piensen como piensen, no pueden escapar a la realidad que los atraviesa. Este es el siglo en el que los derechos de la mujer avanzan. Más tarde o más temprano, sucederán. En el medio habrá resistencia y hasta violencia. Y quizás, hasta paguen justos por pecadores. Pero pareciera que no hay otra manera, otro camino.
Y es en este contexto en el que las manifestaciones públicas como el pañuelazo, cobran más poder y visibilización. No se trata de la promoción de una película. O de ser revolucionariamente correcto. El objetivo es valorar un símbolo que nos identifica. Es transmitir una idea que debe convertirse en política. Es entender un problemática real pero, pero sobre todo, el objetivo es que sea ley.



