
Sobre todo, luego de que solo unos días antes Brasil dio la nota y, alegando restricciones presupuestarias, comunicó a Naciones Unidas que retiraba su candidatura para acoger la COP25. Una decisión del gobierno de Michel Temercon el sello del mandatario electo, Jair Bolsonaro, quien ya adelantó que se preocupará por el medio ambiente siempre y cuando no afecte el desarrollo brasileño.
Datos cada vez más alarmantes
Los informes conocidos durante los últimos meses hicieron sonar todas las alarmas. Uno de los más impactantes fue el estudio publicado por el Programa de la ONU para el Medio Ambiente, quien estableció que si continúa la tendencia actual, el calentamiento global a fin de siglo será de 3 °C. El único camino para limitarlo a 2° será triplicar las medidas implementadas hasta ahora.
Casi al mismo tiempo, la Organización Meteorológica Mundial reveló que los niveles de gases de efecto invernadero alcanzaron un nuevo récord y que 2018 va camino a convertirse en el cuarto año más cálido de la historia.
El cóctel de efectos adversos de un mundo más caliente es conocido:
-En 2030 podría costarle a la economía mundial u$s 2.000 millones.
-Para 2050 podría desplazar entre 50 y 200 millones de personas.
-Más enfermedades transmitidas por insectos, como la malaria y el dengue.
-Deshielo en los polos e incremento del nivel del mar.
–Acidificación de los océanos.
-Pérdida de especies de insectos, aves y vertebrados.
-Clima extremo, con aumento de olas de calor y sequías, lluvias torrenciales e inundaciones.
Además de las políticas para limitar del aumento global de las temperaturas, el otro gran objetivo de la cumbre será aumentar la financiación para las medidas contra el cambio climático, incluyendo el objetivo de los u$s 100.000 millones anuales que los países más ricos se comprometieron a donar a los menos desarrollados (hasta el momento, se movilizaron solo u$s 70.000 millones en tres años).
Para no recargar todas las tensiones en Katowice, a lo largo de 2018 se lanzaron diversas iniciativas, como la plataforma “Diálogo de Talanoa”, donde los países fueran verificando el progreso de sus acciones y llegarán a fin de año con los deberes adelantados. En ese punto, la sensación es de optimismo pero también de urgencia. La misma secretaria ejecutiva de ONU Cambio Climático, Patricia Espinosa, fue clara durante una reunión ministerial en octubre: “Corremos el riesgo de quedarnos sin tiempo antes de que el cambio climático esté fuera de nuestro control. Esto es aterrador. Ya no podemos permitirnos el lujo de las negociaciones interminables”.
El último fin de semana, en el G20, fue el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien urgió a la comunidad global con seis palabras que sonaron tanto como un llamado convincente como ruego al borde del precipicio: “La COP 24 debe tener éxito». ¿Podrá?




