Los desafíos modernos del cáncer
Engloba una familia de trastornos muy compleja. Los tratamientos y pronósticos varían fuertemente entre sí según los órganos atacados. Está hace mucho tiempo entre nosotros, pero sus tasas actuales están motivadas en gran parte por factores propios de los tiempos que corren.
Por Pablo Elijis
Ante todo, ¿cuál es la característica común entre la multitud de sus variantes? Tiene que ver con la alteración del crecimiento celular y la capacidad expansiva de este desorden. Todo ser vivo es una máquina repleta de instrucciones. Piénsese en todas las operaciones que lleva a cabo el cuerpo constantemente, durante todo el día, en las que el individuo no tiene le menor manipulación. Muchas son reguladas automáticamente por la administración del cerebro (como la respiración o el palpitar del corazón), mientras que otras se deben a los genes (por ejemplo, extraer los nutrientes de una naranja). Aunque el cerebro comporta un nivel de dirección superior, está hecho de contenido genético. Así que es el ADN quien comanda todo. Cuando emerge un cáncer, esto quiere decir que hay funcionamiento inapropiado en ese nivel, el molecular.
Hay desafíos modernos a superar. Uno de los primarios es esclarecer lo más detalladamente posible las poblaciones de riesgo para cada tipo de cáncer, para así poder actuar preventivamente, incluso antes de la aparición del trastorno. El contexto global está muy lejos de ese ideal, pero muchas investigaciones van en ese camino.
Otros de los objetivos es encontrar tratamientos que eviten la quimioterapia, que es por demás agresiva y expone a altos niveles de toxicidad. La radioterapia está ganando terreno en algunas enfermedades, consiguiendo acortar el proceso. Además, la vacunación es un eficaz aliado contra el cáncer de útero y de hígado, pero la difusión mundial de esta prevención es precaria, muchas veces inexistente. Esto muestra que no se pueden disociar las aristas biológica y social de la enfermedad.
En numerosas ramas de la ciencia, y aquí no hay excepción, una conclusión relativamente moderna es que el ser humano es un resultado de su contenido genético y el ambiente en el que se desenvuelve. Un ejemplo sencillo: un individuo puede poseer una genética sin propensión a formar un cáncer de pulmón, pero lo contrae luego de fumar durante treinta años. Lo mismo aplica a la inversa. Algunos de los factores ambientales son el tabaquismo, la alimentación, la contaminación del aire y el agua. Sea positiva o negativamente, puede suceder que defina la intervención de una esfera, o bien las dos en simultáneo.
Pero esto último indica que el individuo puede tomar decisiones que tengan cierta influencia en esta lotería tan temible. Ya supo decir muy sabiamente Carlos Bianchi, en su primer ciclo en Boca Juniors: “a la suerte hay que ayudarla”. Josep Tabernero, que en el 2018 asumirá la presidencia de la Sociedad Europea de Oncología Clínica, expresó respecto a esto: “Con sólo cambiar los hábitos (dieta sana, no fumar, ejercicio físico) se podrían reducir el 40% de los tumores, por lo que dejaría de ser la primera causa de muerte y volverían a serlo las enfermedades cardiovasculares”. Según la Organización Mundial de la Salud, durante el 2015 ocasionó 8,8 millones de muertes en todo el mundo.
Un plano de gran injerencia que suele desatenderse es el socioeconómico. Comunas entrevistó al oncólogo clínico Carlos Coni Molina, de la Obra Social Gráfica, e hizo hincapié en este punto. Expresó que, si se toma un sector desfavorecido, “no hay acceso a la información, dieta sana ni tampoco a centros de diagnóstico precoz”. “En lugares como el noroeste argentino, se incrementan las muertes por cáncer de colon (asociado a la dieta), próstata y útero”, agregó. Son enfermedades cuyo tratamiento está muy avanzado, pero la falta de infraestructura y otras carencias incrementan tasa de mortandad. Pese a esto, Coni advirtió que en Capital Federal, el lugar más desarrollado del país, sólo el 40% se hace exámenes de colon, donde se manifiesta el tercer tipo de cáncer más común a nivel mundial.
Si se aborda la dimensión ambiental sin una perspectiva social, se estarán dejando afuera elementos significativos. Es un error grave no ver en estos temas los determinismos sociales que hay detrás. El espectro de carencias es muy amplio, no es cuestión de blanco y negro. Una persona puede no gozar de acceso a la información viviendo en una casa de chapa o estando en mejores condiciones generales, pero trabajando de sol a sol. Nadie elige en qué escenario nacer. Las carencias propias de un ambiente dado pueden volverse un obstáculo para el control de áreas de la vida donde el individuo podría marcar la diferencia.
Un dato de color a destacar es que el cáncer está presente hace mucho tiempo. A comienzos de año, un equipo de investigadores anunció haber hallado rastros de un cáncer en un fósil de un ancestro humano datado en 1,7 millones de años. Al ser ésta una enfermedad que opera a nivel molecular, no es una contrariedad exclusivamente humana. El cáncer más viejo se encontró en un dinosaurio que vivió hace unos 70 millones de años.
Por todas estas cuestiones, el abordaje de esta familia infame convoca a todo el abanico científico, pero también es fundamental una visión política sobre el asunto para que las aplicaciones de los avances lleguen a todas las regiones.



