Proyecto Desmalvinizar en marcha-M. Mei
Sin la presencia del Presidente de la Nación, Mauricio Macri, se realizó la conmemoración por el 35º aniversario del conflicto bélico por las islas del Atlántico Sur. El escritor y docente Francisco Pestanha reflexiona sobre un fenómeno sociopolítico que emergió en la posguerra: la desmalvinización y Gustavo Pirich, autor del libro “Hojas de ruta”, (De la guerra en las islas a la guerra en el continente) documenta el trato de los gobiernos a los ex combatientes.
Por Mariana Mei.
El 2 de abril el Ministro del Interior Rogelio Frigerio estuvo acompañado por la gobernadora de Tierra del Fuego, Rosana Bertone, el intendente de Ushuaia, Walter Vuoto, y representantes de todo el arco político fueguino, además de autoridades militares, veteranos de guerra y cientos de vecinos que participan tradicionalmente de la ceremonia en los actos oficiales que se realizaron en la Provincia de Tierra del Fuego. Fue la primera vez que un mandatario nacional no estuvo presente en los actos.
En Ushuaia también se llevó a cabo una vigilia en la que fue arriada la bandera que durante un año flameó en la Plaza Malvinas y se la entregó en custodia a la comunidad educativa de la escuela Nº38 «Presidente Raúl Alfonsín» de la Base Esperanza, en la Antártida Argentina. En tanto, el presidente Mauricio Macri eligió recibir en la Quinta de Olivos a veteranos de la guerra de Malvinas y familiares de los caídos.
En la actualidad, la Cruz Roja busca dar nombre a 123 soldados inhumados aún sin identificar. Hasta finales de 2017, un laboratorio de la provincia argentina de Córdoba establecerá los perfiles de ADN para compararlos con las muestras de referencia de los familiares.
Para explicar el significado de la conmemoración de esta fecha, el ensayista Francisco Pestanha destacó: «Ciertos mojones de nuestro devenir histórico acreditan plenamente que el Reino Unido de Gran Bretaña desde antaño, ha poseído intereses estratégicos en la región sudamericana. También, que para la persecución de tales fines los británicos han recurrido a la acción militar directa unas veces, y otras a sutiles habilidades diplomáticas y operaciones de índole económico-financiera. Los legendarios textos de Raúl Scalabrini Ortiz, Julio y Rodolfo Irazusta, José Luis Muñoz Azpiri y José Luis Torres se instituyen en referencias bibliográficas necesarias para dar cuenta de estas afirmaciones. Los recientes trabajos de Enrique Oliva, José Luis Muñoz Azpiri (h) y Federico Bernal nos entregan visiones actuales que las refuerzan».
Agrega: «Cuanto menos a partir de fines del siglo XVII, los ingleses comenzaron a incursionar en la región sur continental. Las primeras irrupciones incluyeron avistamientos, reconocimientos y estudios geológicos, cartográficos, biológicos, antropológicos, etc., en el marco de una verdadera labor de “inteligencia »
De acuerdo a esta línea de pensamiento, la acción británica no se circunscribió estrictamente a las iniciativas castrenses, que de hecho le aportaron numerosos fracasos en la región. En forma paralela a sus avanzadas militares, los ingleses pusieron en marcha artilugios de carácter financiero en alianza con las “clases acomodadas” y con el Estado naciente, entre los que se destaca como hito significativo el pacto suscripto con la Baring Brothers en 1824, antecedente que más tarde contribuiría a la consolidación del Reino Unido como principal comprador de materias primas argentinas desde mediados del siglo XIX.
Enfatiza: «La guerra por Malvinas de 1982 constituye para nosotros un hito histórico más en el marco de un sistema de relaciones bilaterales desiguales que nos ligaron y aún nos ligan a los británicos. La desigualdad es palmaria, ya que se trata de lazos entre un Estado central y otro periférico, con umbrales de poder claramente desemejantes».
En relación a esto, Pestanha describe: » Uno de los fenómenos sociopolíticos más interesantes y reveladores que emergieron en la posguerra es, sin lugar a dudas, el dispositivo que en parte de la literatura política se ha denominado “desmalvinización”. La idea de “desmalvinizar” suele atribuirse al intelectual francés Alain Rouquié. En una entrevista realizada por el recordado Osvaldo Soriano para la revista Humor en marzo de 1983, el académico manifestó que quienes pretendan evitar “que los militares vuelvan al poder tienen que dedicarse a desmalvinizar la vida argentina. «Esto es muy importante: desmalvinizar, porque para los militares las Malvinas serán siempre la oportunidad de recordar su existencia, su función y, un día, de rehabilitarse. Intentarán hacer olvidar la guerra sucia contra la subversión y harán saber que ellos tuvieron una función evidente y manifiesta, que es la defensa de la soberanía nacional”
El ensayista postula que no obstante, nuevos estudios acreditan que la desmalvinización comenzó tiempo antes, en plena dictadura cívico – militar, ya que, entre otras circunstancias, los intereses económicos británicos en la Argentina no fueron sustancialmente afectados durante la guerra.
La desmalvinización y sus objetivos
Pestanha , profesor de Derecho a la información de la Universidad de Buenos Aires afirma: «La desmalvinización no tuvo por único objetivo invalidar a los militares, sino sentar las bases para el paulatino restablecimiento de los lazos bilaterales entre ambos estados a fin de restaurar “ciertos vínculos” deteriorados por la guerra, e instituir posteriormente un nuevo engranaje económico-financiero que algunos ensayistas describieron, en términos jauretcheanos, como “el nuevo estatuto legal del coloniaje”. Tal estatuto fue consagrado a través de dos acuerdos: el de Madrid, firmado el 15 de febrero de 1990, y el de “Promoción y protección de inversiones”, suscripto en Londres el 11 de diciembre de 1990. Ambos se sellaron bajo la conducción del entonces canciller Domingo Cavallo, quien inmediatamente, y a fin de garantizar lo allí acordado, asumió como ministro de economía. Algunos artículos incluidos en la posterior reforma constitucional de 1994, así como numerosas leyes sancionadas ulteriormente por el Congreso, consagrarían más tarde un corpus normativo altamente desventajoso para el país. La desmalvinización constituyó así un dispositivo dentro de una estrategia más amplia, orientada a “preparar el campo” y sentar las bases para la reconstrucción del “intercambio” bilateral entre dos estados que habían confrontado bélicamente.
Hay quienes sostienen que uno de los principales objetivos del dispositivo desmalvinizador se orientó a deshistorizar la guerra y desligarla del conflicto armado de 1982. Se advierte de esta forma que la estrategia impuesta desde el poder apuntó a “aislar” la guerra por las islas Malvinas de la historia de las relaciones bilaterales (desiguales) entre Argentina y Gran Bretaña. Debe tenerse en cuenta que, como señalamos antes, la causa Malvinas constituyó uno de los pilares centrales del pensamiento nacional desde principios del siglo pasado, y siempre encontró una considerable acogida en los sentimientos populares.
Sin embargo, la desmalvinización no concluyó allí: la idea de que en 1982 se produjo una confrontación entre la democracia (inglesa) y la dictadura (argentina), la instalación en el inconsciente colectivo de un fatalismo que da por sentada la impotencia nacional frente a las agresiones coloniales y la categorización de los veteranos con diversas etiquetas minusvalidantes (desde “loquitos” hasta “víctimas”) son otros eslabones de un fenómeno que aún espera ser abordado en mayor profundidad.
Asimismo, Gustavo Pirich, presidente de la Asociación de Combatientes de Malvinas por los Derechos Humanos (ACOMADEH) asegura que ponerle el sello de “Delincuente Subversivo” fue la forma que encontró la democracia de justificar la continuidad de las tareas de “inteligencia interna” que quedó prácticamente en manos de los mismos que la habían realizado en el período anterior.
Pero la sorpresa llegó cuando en el mismo lugar en el que se encontraron documentos que prueban la represión en la Provincia de Buenos Aires, se encontraron también documentos que afectan a los ex – combatientes, a sus organizaciones y a los eventos que estos realizaban, aunque algunos indicios anticipaban que esto era así.
Continúa: «Los interrogatorios sufridos por el ex presidente del Centro de Ex-soldados Combatientes de Capital Federal, Jorge Vázquez, tanto a cargo de la Policía Federal, como en el edificio de la Armada Nacional. Los destrozos en la Torre de los Ingleses durante la marcha del 2 de abril de 1984. El interés por las actividades de una comisión de familiares que mostró una “agencia de noticias” italiana mencionada en su libro Malvinas: Historias y Sentimientos por Salvador Vargas y la presencia de autos extraños en la puerta de los locales donde funcionan algunos centros de ex-combatientes. Y aún más: quién de los militantes del sector no recuerda haber visto personajes que “espontáneamente” se interesaban por la causa, y se ofrecían a “colaborar en lo que fuera necesario”. Gustavo Pirich, autor del libro “Hojas de ruta”, (De la guerra en las islas a la guerra en el continente), que cuenta con el prólogo de Osvaldo Bayer explica :Todos esos indicios de la actividad de lo que equivocadamente el Ministro del Interior de Alfonsín, Antonio Tróccoli, denominó como “mano de obra desocupada”, eran percibidos por quienes integrábamos alguna agrupación de ex-soldados, pero algunos opinaban que solamente se trataba de “paranoia” o “delirio de persecución”, a consecuencia de la guerra».
Lo cierto es que no eran síntomas de una enfermedad, y esto pudo demostrarse a través de los documentos, fotos, e-mails y todo tipo de documentos encontrados en la D.I.P.B.A. (Dirección de Inteligencia de la Policía de Buenos Aires) cuyos archivos y edificio fueron transferidos por ley provincial a la Comisión Provincial por la Memoria.
Allí junto a las fichas personales, y agrupados por distintos factores o “mesas” hay legajos que incluyen investigaciones de inteligencia realizadas sobre distintos sectores de la población. Entre ellos los actos, manifestaciones y agrupaciones de ex-combatientes, no solamente durante el período final de la dictadura militar que va desde el fin de la guerra hasta la asunción del gobierno radical; sino también, y esto es lo particularmente grave, desde 1984 en adelante.
La actividad de “inteligencia” sobre los ex-combatientes y sus organizaciones no nacieron con la democracia, y no se restringieron solamente al territorio bonaerense. Venían desde los pocos meses de dictadura que quedaron desde la derrota en Malvinas hasta la asunción de Alfonsín, y se extendieron a todo el país, involucrando a los distintos servicios de inteligencia, tanto locales como nacionales. Uno de los expedientes que mejor grafica esta afirmación es el caratulado también como “DS” o sea “Delincuentes Subversivos”, que lleva el Nº 20020, y está fechado en diciembre de 1982. Titulado “COMISION COORDINADORA DE EX COMBATIENTES DE MALVINAS”, alerta sobre la constitución de este organismo nacional, y relaciona a distintos centros del interior del país como Rosario, Hurlingham y otros con definiciones contra “el PRN (Proceso de Reorganización Nacional), y las FF. AA.”
Pirich asegura: «Políticos y Militares que implementaron desde el estado una política de abandono de persona. Funcionarios de todos los partidos políticos, que hicieron gala de un doble discurso que reivindicaba de día la causa Malvinas y a los ex – combatientes, de noche jugaban a los espías».



