No es solo ganar la calle
Transcurre el noveno mes del año, y por ningún lugar que se mire, se ven señales de mejoría económica para la sociedad, los trabajadores, las familias golpeadas por medidas de ajuste sin precedentes.
Por Margarita Pécora.
El movimiento obrero se esforzó todo lo que pudo para darle tiempo, tregua, si se quiere, al gobierno que asumió en diciembre del 2015, para que muestre su cambio “favorable” entre comillas, tal como lo prometió. Pero lo cierto es que el pretexto de la herencia K, y otra sarta de justificaciones ya suenan como disco rayado y la gente está cansada, no aguanta más.
Todas las modalidades de protesta que están poniendo en práctica los trabajadores para manifestar su desacuerdo con la política de ajuste son válidas, pero llega el momento en que la falta de creatividad le resta contundencia a los reclamos. Ya resultan habituales los cortes de calles, los cacerolazos, y últimamente han surgido los frazadazos, las ollas populares, y la distribución gratuita de productos del agro en pleno corazón de la Plaza de Mayo, como la que hicieron los productores de Neuquén y Río Negro.
Para llamar la atención del receptor del mensaje, que es sordo, mudo y ciego, francamente hacen falta medidas más contundentes , que resuenen , que traspasen las fronteras, que repiquen bien alto y encuentren eco en los Medios internacionales de noticias.
Con más razón ahora, que el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, acusó los dirigentes de la CGT y de la CTA, de «politizar las reuniones», como si la política estuviera ajena a todo lo que está aconteciendo, y que es fruto, precisamente, de una política, pero errada y desacertada de quienes tienen en sus manos el poder Ejecutivo de la nación.
Se acerca el fin de año, las negociaciones paritarias siguen en el candelero, la inflación comiéndose los salarios, y la pobreza multiplicándose a la par de la delincuencia en los barrios y localidades.
Frente a este panorama, están surgiendo o reactivándose de forma algunas veces espontanea otras dirigida, innumerables agrupaciones sociales y políticas en la base, formadas por militantes sociales que han vivido el pasado ominoso de la República, y ven los peligros del presente. Por eso están preocupados y ocupados en el debate e intercambio de opiniones sobre la necesaria unidad para la lucha a sabiendas de que aun les falta una plataforma programática donde afianzarse, y un dirigente a quien seguir.
Por eso hoy, es importante ganar la calle, pero también encaminarse hacia el futuro cercano, con un proyecto político capaz no simplemente de seducir a un electorado que se convenció de que lo engañaron, sino de propinar un vuelco a la oligarquía gobernante, que hasta el momento, solo ha sabido escamotear el salario a los trabajadores y poner en riesgo inclusive la soberanía de la nación.



