El credo que corroe a la Argentina
Por Margarita Pécora.
El pasado viernes asistimos en el anfiteatro del recuperado Hotel Bauen, a una rueda de prensa convocada por una combativa Multisectorial de la UTE que se está robusteciendo a lo largo y ancho de las 15 comunas de la Ciudad de Buenos Aires.
Referentes de la UTE, ATE, la Unión Nacional de Clubes Deportivos, Trabajadores del Sindicato Gráfico, del movimiento nacional de empresas recuperadas, y legisladores de la Ciudad, como Carlos Tomada, Juan Carlos Junio, entre otros presentes, coincidieron en calificar como un triunfo del campo popular, el fallo de La Corte Suprema de Justicia de la Nación que ordenó la anulación del aumento de tarifas del gas natural por red para los usuarios residenciales.
Pero del mismo modo, expresaron su preocupación por el impacto negativo que traerá en el empleo, a las empresas, comerciantes y otros sectores que forman parte del 74 por ciento del consumo restante, que deberá seguir pagando altas tarifas por el gas, hasta tanto se realicen las audiencias públicas que tienen como principal limitante su carácter no vinculante, por lo tanto el Poder Ejecutivo a través del ente regulador (ENARGAS), es quien preside la audiencia y debe llamar a los consumidores y especialistas, pero si estos rechazan los aumentos, eso no significa que los mismos no puedan efectivizarse, de ahí que algunos consideren que será una mera formalidad este tipo de audiencia.
A su turno, el diputado del FpV, Carlos Tomada expresó: “La forma de parar este plan de ajuste es organizándonos” y esto, sumado a la frase de un gremialista de la Gráfica que dijo rotundo: “le vamos a poner el pecho y vamos a revertir las tarifas”, sonó lapidario para la maquinaria neoliberal, que se obstina en seguir ajustando la economía con medidas demoledoras contra sectores que generan empleo y son la fuente de subsistencia para millones de argentinos.
Está claro que este fallo de la Corte ha sido como una espina clavada en la garganta de la oligarquía neoliberal que gobierna el país, y que no habrá una sola medida anti popular que intente imponer de manera inconsulta al pueblo, que no reciba una contundente respuesta de los trabajadores organizados, como esta multisectorial, que parece estar decidida a ponerle el freno, primero por medio de amparos judiciales, y si no, a tomar las calles cuando ninguna de esas medidas den resultado.
Sin embargo, esto avizora un largo camino de luchas constantes para los movimientos populares en la Argentina, que tratarán de hacer todo lo posible por confrontar a un Gobierno que si bien llegó al poder por medio de las urnas, se comporta prepotente y soberbio en los intentos de imponer medidas de ajuste, obedeciendo a la ideología neoliberal que lo distingue.
Porque eso es, un gobierno que responde al pensamiento neoliberal y del pragmatismo propios del capital financiero, donde todas las ideas y teorías producidas son presentadas como verdades absolutas y como procesos inevitables, irreversibles e incuestionables.
Se trata de un gobierno que intenta defender a ultranza el neoliberalismo como práctica política, forma y expresión económica, discurso e ideología que ha desplegado el capitalismo mundial.
Lamentablemente muchos ideólogos, analistas de la política y la economía y hasta periodistas de renombre en los Medios de Comunicación en la Argentina, no son capaces de alertar sobre este mal que corroe al país, y expresan una corta visión del rosario de problemas que sufre la ciudadanía, a instancia de un presidente que no ve en la vida más que un mercado.
Y rescato frases del ideario del gran pensador cubano José Martí, que estremecen por su trascendencia a pesar del tiempo: “el que no ve en sus capacidades una misión de abnegada tutela de las capacidades inferiores, sino un instrumento eficaz para perturbarlas y dirigirlas en provecho propio; – el que usa para sí lo que no recibió de sí, y no pone en la humanidad, sino que la corrompe y confunde; – el que no ve a los hombres como hermanos en desgracia a quienes confortar y mejorar, aún a despecho suyo, sino zócalo para sus pies, sino batalla de orgullo y de destreza, sino la satisfacción de aventajar en ardides y fortuna a sus rivales; – el que no ve en la vida más que un mercado,– el que, como lisonja suprema a los hombres, cae en sus faltas y se vanagloria de ellas, – ése tendrá siempre la casa llena de clientes, y entrará en los combates seguido de gran número de partidarios.[…]
Más claro, ni el agua…



