MAGDALENO BONILLA: El Maestro tabaquero dominicano que deslumbra en la FIT

Por Margarita Pécora –
Hay países que llegan a una feria turística mostrando playas. Otros exhiben hoteles, montañas o monumentos. Pero República Dominicana decidió conquistar Buenos Aires con todo eso y algo más: el aroma y sabor de su tabaco recién torcido . Con este producto elaborado por un Maestro taquero, el país caribeño se lució desde un ángulo del alegre stand que ocupa en la Feria Internacional de Turismo, como una carta de presentación que habla de historia, tradición y orgullo nacional.
Sentado frente a una mesa donde sus manos parecen bailar una coreografía aprendida hace generaciones, está Magdaleno Bonilla el artista que domina las hojas con la misma naturalidad con la que un violinista acaricia las cuerdas de su instrumento. Cada movimiento encierra más de un siglo de tradición. Cada cigarro es una pequeña embajada cultural.
«Soy de Santiago de los Caballeros y represento a La Aurora», explica mientras sus dedos continúan trabajando sin pausa. No se trata de una fábrica cualquiera. Fundada en 1903 por don Eduardo León Jimenes, La Aurora es la empresa tabacalera más antigua de República Dominicana y hoy transita ya por su cuarta generación familiar.
Pero más allá de la marca, Bonilla se considera guardián de un oficio que desafía el paso del tiempo. «Nosotros estamos aquí mostrándole al mundo cómo mantenemos intacta la forma artesanal de elaborar nuestros cigarros», afirma con jovialidad y dominio, de quien sabe que custodiar una tradición, también es preservar una parte de la identidad de un país.
El origen de esa identidad se encuentra en el fértil Valle del Cibao, corazón tabacalero dominicano. Allí crecen las hojas que dan vida a cigarrros elaborados con tabaco cien por ciento dominicano. Un producto natural, – ecológico- como insiste en aclarar, cultivado con métodos heredados de generaciones anteriores y estrechamente ligado a las raíces históricas de la isla.
“La historia del tabaco, cuenta Bonilla, es también la historia del encuentro entre mundos. Mucho antes de que Europa conociera el cigarro, los pueblos originarios del Caribe ya utilizaban el tabaco en sus rituales y costumbres cotidianas. Los cronistas de la conquista relataron la sorpresa de los españoles al ver a los indígenas expulsar humo por la boca. Lo que entonces parecía un misterio terminaría convirtiéndose en una tradición universal.
Hoy, ese legado cruza fronteras. Los cigarros dominicanos llegan a más de 80 países y son reconocidos entre los más prestigiosos del mundo. Bonilla lo sabe bien. Su trabajo lo ha llevado desde Alemania hasta Miami, pasando por distintos escenarios internacionales donde el tabaco dominicano funciona como un eficaz embajador cultural.
Sin embargo, para este maestro torcedor, el universo del cigarro no se descubre de golpe. «El cigarro le va hablando al fumador», asegura. Por eso recomienda comenzar con mezclas suaves y avanzar gradualmente hacia perfiles más intensos. Como quien aprende a escuchar música compleja o a degustar un buen vino, el placer está en educar el paladar y descubrir matices.
Porque al final, el cigarro dominicano es mucho más que un producto. Es una experiencia sensorial, una pieza de artesanía y una historia enrollada hoja sobre hoja. En una feria donde abundan los folletos, los videos promocionales y las ofertas de viaje, República Dominicana, invitado de honor de la FIT 2026, encontró una forma diferente de enamorar al visitante: dejando que sea la bocanada de humo quien cuente la historia relatada con autenticidad por un exponente de la cultura cigarrera dominicana en el mundo, como es Magdaleno Bonilla, que ha internacionalizado a la República Dominicana.




