Economía

Cerró la última textil de Goya (Corrientes), y un despedido cruzó al Gobierno: «Por mucho menos, De la Rúa se fue en helicóptero»

Germán Timoteo Pucheta trabajó durante 22 años en la histórica firma Emilio Alal y fue uno de los despedidos tras el cierre del establecimiento. A ocho meses de la paralización, denunció que 260 familias continúan sin cobrar sus indemnizaciones y advirtió sobre el avance de las importaciones: «Esto no se aguanta más».

Germán Timoteo Pucheta viajó desde Corrientes hasta la Cámara de Diputados de la Nación para exponer la situación de los trabajadores despedidos de Emilio Alal, la última fábrica textil que permanecía en funcionamiento en Goya.

El exempleado participó de la reunión informativa «Crisis industrial, importaciones y despidos», convocada por la Comisión de Economía de Diputados. Allí relató cómo el cierre de la planta dejó a cientos de trabajadores sin empleo, sin indemnizaciones y con pocas posibilidades de reinsertarse laboralmente.

En diálogo con Mundo Gremial, Pucheta apuntó contra la apertura de las importaciones, cuestionó la falta de respuestas del Gobierno nacional y advirtió que la destrucción de la industria ya no afecta únicamente al sector textil. «Mañana será el calzado, las autopartes o la metalurgia. Ningún sector está bien», manifestó.

La última fábrica de Goya cerró sin dar explicaciones

La planta de Emilio Alal cerró sus puertas el 22 de enero. Según Pucheta, la compañía no brindó explicaciones ni presentó una solución para las 260 familias que dependían directamente de la actividad.

«Hace unos años éramos el polo industrial de la provincia y hoy no queda nada. Fuimos la última fábrica que había en Goya. Cerró el 22 de enero, pero lo más triste es que la empresa no dio la cara. Cerró y nos dejó en la calle a 260 familias, sin un peso y sin nada», denunció

El costo humano detrás del cierre

Durante su exposición en Diputados, Pucheta relató la historia de un trabajador de 62 años que llevaba más de tres décadas reparando las máquinas de la fábrica. Después del cierre comenzó a atravesar problemas de salud mental y posteriormente se quitó la vida.

«A los pocos días de que nos despidieran empezó a tener problemas psicológicos. La familia lo acompañó y estaba haciendo tratamiento, pero llegó un momento en el que no aguantó», relató.

«No es solamente quedarse sin trabajo. Te vas a tu casa y no podés llevar un plato de comida, pagar la luz o el agua. Esto afecta a toda la familia», explicó.

El trabajador también alertó sobre la pérdida de conocimientos acumulados durante décadas dentro de la fábrica. Su compañero era electromecánico y se había especializado en la reparación de maquinaria textil«Tenía más de 30 años arreglando máquinas. Esa experiencia no se recupera más. La mano de obra calificada se pierde y eso también es destruir la industria», advirtió.

«Que me expliquen cómo tengo que reinventarme»

Pucheta tiene 44 años, trabajó durante 22 años de manera registrada y es padre de tres hijos. El menor cuenta con un certificado de discapacidad. Desde el cierre intenta encontrar una salida laboral en una ciudad con poco consumo y escasas oportunidades.

«Yo siempre fui a trabajar. Nunca pedí nada. Ahora me encuentro en otro panorama, en la calle y peleando día a día», expresó.

 

El trabajador cuestionó el discurso que invita a quienes pierden su empleo a reconvertirse o iniciar una nueva actividad sin considerar las condiciones de cada localidad «Que un funcionario recorra el país y vea qué funciona y qué no. Que venga y me explique cómo me tengo que reinventar en una ciudad tan chica, donde no hay consumo. Tengo tres chicos y el más chico tiene una discapacidad. Que me diga cómo hago para llevar comida a mi familia», reclamó.

Después de más de dos décadas de aportes, Pucheta accedió a un fondo de desempleo de $360.000. Según afirmó, esa suma no alcanza para cubrir siquiera una semana de gastos familiares.

«Aporté durante 22 años para cobrar un fondo de desempleo de $360.000. No me alcanza ni para comer una semana. No estoy pidiendo algo que no me corresponde. Quiero cobrar mi indemnización para intentar empezar algo», sostuvo.

«Por mucho menos, De la Rúa se fue en helicóptero»

El trabajador lanzó una de sus críticas más fuertes al comparar la situación actual con otras crisis atravesadas por el país. Aclaró que no promueve hechos de violencia ni enfrentamientos, pero sostuvo que la situación social se volvió insostenible.

«Por mucho menos, De La Rua se fue en helicóptero. ¿Qué le pasa a la gente que no sale a la calle? Tampoco quiero que salgan para que los repriman, pero esto no se aguanta más. Para mí es insostenible», afirmó.

El exempleado reclamó que los funcionarios abandonen sus oficinas y recorran las ciudades del interior para conocer las consecuencias del modelo económico.

«Esto no se conoce desde una quinta, una oficina o la Casa de Gobierno. Tienen que recorrer el país y mirar lo que está pasando. Hace ocho meses que estamos en la calle y nadie del Gobierno se acercó a preguntarnos qué necesitamos», finalizó.

FUENTE. MUNDO GREMIAL

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