
Por Gabriel Haedo –
Bill Gates anunció que la próxima década será la época de super inteligencia artificial. Elion Musk dijo hace unos días que el celular concluye su vida útil en el 2031. La robotización del planeta sigue día a día y nosotros votando a un mentiroso que nos habla de libertad y es parte del equipo de delincuentes que además empobrecernos nos vigila, nos controla y hace añicos la famosa libertad.
Fundamental en este concepto de apresarnos digitalmente es la IA. José Norte Sosa en su obra “El fin de la privacidad”, escribió: “lo que he llamado un espía en el bolsillo es el punto de partida de nuestra rendición. En otro momento hablar de robots, IA, sistemas de tracking 7 x 24 parecería un cuento de ciencia ficción, sin embargo, la IA, lejos de ser una quimera futurista, es una herramienta fundamental que redefine los límites de la privacidad, tanto para gobiernos como para corporaciones. Estos actores no operan en silos aislados, sino en una peligrosa simbiosis donde la infraestructura de datos masivos, a menudo creada con fines comerciales, se convierte en un objetivo de alto valor para el ciberespionaje estatal y manipulación.
La vigilancia masiva, potenciada por la IA, se ha convertido en una estrategia de control social a gran escala, con casos de uso que van mucho más allá de la prevención del delito, llegando a lo que podría llamarse control de la existencia”.
Con esta información, qué queda para el ciudadano de a pie que trabaja todo el día para sobrevivir en un mundo sin futuro. Qué pasa por la cabeza de un asalariado en estos momentos que escucha una información como esta y para colmo de males es veraz. En estos momentos dirá mejor apago la radio, quizás espera una solución de quien está hablando o también dirá es todo mentira.
Siempre que existe un problema se haya la solución. La pregunta es cuál es. A nivel personal la única solución es no caer en la trampa cibernética. No mostrase adicto y pensar que la solución para este siglo es la anterior centuria. Geopoliticamente puede decirse que si existiera una guerra nuclear el final sería tan horrible que todo volvería a empezar y ahí volvería la radio a pilas y el teléfono fijo.
Atención esta última idea también lo piensan los multimillonarios. No por nada compran hectáreas para la construcción de mansiones subterráneas en Argentina y Nueva Zelandia. Entonces como decía el filosofo rosarino Alberto Olmedo, siempre que llovió, paró. ¿No le parece?



