Opinión

¡Quien se meta con Cuba, se mete en candela! 

 Cuba puede ser una trampa para el enemigo del Norte.

 

 

Por  Margarita Pécora  B.  –

El canciller  cubano Bruno Rodríguez lo dijo clarito en la ONU: Cuba no es amenaza para nadie, pero Estados Unidos insiste en pintarla como enemigo. Y ahí está el detalle, porque cuando se fuerza tanto la mentira, lo que se prepara es el terreno para justificar una agresión militar contra la Isla.

La denuncia en el Consejo de Seguridad no fue un discurso más: fue un grito de alerta. Bloqueo energético, amenazas militares y manipulación política, todo junto, como si quisieran asfixiar a la isla hasta que no quede aire. Pero ojo, porque Cuba no se rinde ni  mucho menos  se calla.

La acusación contra Raúl Castro  por  ordenar eliminar las avionetas de la  operación “Hermanos al rescate”, es considerada  en la isla como  un acto infame, un expediente armado treinta años después para disfrazar odio con toga judicial. Es la vieja receta de Washington: criminalizar líderes, demonizar pueblos y luego justificar sanciones o bombardeos.

El cerco petrolero es otra vuelta de tuerca. Bruno Rodríguez lo  defi nió como  lo que es: un bloqueo naval disfrazado, un acto de guerra y de genocidio. Y lo dijo sin rodeos: una agresión militar provocaría un baño de sangre.

En la isla, mientras tanto, no se cruzan de brazos. Viejos  vehículos blindados  de la era soviética  vuelven a rodar, convertidos en cazadores de drones.  El mensaje es simple: si el enemigo quiere ojos en el aire, esos ojos también pueden caer.

El portaaviones Nimitz flota cerca, a menos de 150 kilómetros, como recordatorio de fuerza bruta. Pero en Cuba lo leen distinto: como símbolo de amenaza, como candela que puede encender la chispa de la resistencia.

Y ahí aparece la frase popular: “Cuba será una trampa de la que si salen, será sin piernas ni brazos”. No lo inventa nadie en un despacho, lo dicen los de adentro, los que saben que cada calle puede ser trinchera.

La memoria de Playa Girón sigue viva. Los cubanos recuerdan que ya una vez derrotaron a mercenarios con armas improvisadas y coraje. Esa historia no se borra, se repite como advertencia al Tío Sam.

Florida está demasiado cerca, a penas a  90 millas y  cualquier dron derribado o misil disparado puede convertir Miami en escenario de pánico. Y eso lo saben en Washington, aunque prefieran jugar al matón de barrio.

Al final, el mensaje es claro: Cuba no busca guerra, pero tampoco se deja intimidar. La “guerra de todo el pueblo” no es teoría, es práctica cotidiana. Y quien se meta con Cuba, se mete en candela.

 

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