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Sacos de órganos: una startup apoyada por un multimillonario quiere crear cuerpos humanos sin cerebro.

El objetivo final sería crear tejidos y órganos para trasplantárselos a humanos.
"Sacos de órganos": una startup apoyada por un multimillonario quiere crear cuerpos humanos sin cerebro

Mientras aumentan los cuestionamientos éticos sobre la utilización de animales con fines experimentales y el Gobierno de EE.UU. restringe paulatinamente el uso de primates no humanos en estudios científicos, R3 Bio, una empresa emergente de biotecnología con sede en la ciudad de San Francisco y apoyada por el multimillonario Tim Draper, se ha planteado ofrecer una solución a largo plazo para ese y otros problemas: la creación de «sacos de órganos» desprovistos de conciencia y sensibilidad.

Según explicara a Wired Alice Gilman, cofundadora de la empresa, las estructuras resultantes dejarían sin base los señalamientos relativos al sufrimiento de los organismos vivos usados con fines experimentales, pues los «sacos» contendrían «todos los órganos típicos», con excepción del cerebro, lo que significa que no pueden pensar ni sentir dolor.

Esta característica se presenta como promisoria frente a la escasez estructural de órganos. Actualmente, solo en EE.UU., más de 100.000 personas están en lista de espera para un trasplante de órganos y 13 mueren cada día esperando por ello. Además, hay pruebas fehacientes de la existencia de un mercado ilegal de órganos en países de Asia y África, a lo que se suman denuncias de donaciones iniciadas cuando los potenciales donantes aún exhibían signos neurológicos compatibles con la vida.

Entre tanto, alternativas como las basadas en la modificación genética de órganos de cerdo para su uso en humanos no muestran resultados demasiado alentadores, visto que la sobrevivencia en estos casos no ha alcanzado los nueve meses.

«Creemos que el reemplazo es probablemente mejor que la reparación, a la hora de tratar enfermedades o regular el proceso de envejecimiento en el cuerpo humano», argumentó Boyang Wang, director ejecutivo de Immortal Dragons, un fondo de inversiones en longevidad asentado en Singapur que ha financiado las actividades de R3 Bio. «Si podemos crear un cuerpo humano sin cabeza ni conciencia, será una gran fuente de órganos«, agregó.

De esta manera, más que reemplazar a los animales como sujetos de experimentación, el objetivo último de R3 Bio sería producir tejidos y órganos que puedan ser trasplantados a los humanos que así lo precisen. «Tenemos herramientas que nadie había inventado antes para crear órganos a medida», aseguró Gilman.

Nueva forma de creación

Teóricamente, los «sacos de órganos» ofrecerían ventajas sobre otras tentativas ya existentes como los modelos de creación de tejidos o los órganos en chips, pues estos adolecen de la complejidad presente en un órgano real, incluyendo el sistema de riego sanguíneo.

Gilman aseveró que actualmente es posible crear sacos de órganos de ratón, si bien tanto ella como el otro cofundador de R3 Bio, John Schloendorn, negaron categóricamente haberlos fabricado. Asimismo, aunque no le precisaron a Wired cuál sería la metodología específica para crearlos, sí adelantaron que exploran una estrategia que combina edición genética con tecnología de células madre.

Paul Knoepfler, biólogo especializado en células madre de la Universidad de California (EE.UU.), estima que es plausible que se cultiven órganos a partir de células madre pluripotentes inducidas. Esta clase de células procede de la piel adulta y se las puede reprogramar a un estado similar al embrionario, lo que les otorga la capacidad potencial de transformarse en cualquier otra.

El experto supone que al editarlas de forma conveniente, se pueden desactivar los genes que son necesarios para que el cerebro se desarrolle. Tras esto, el embrión resultante podría mantenerse incubado hasta que se desarrollen estructuras orgánicas complejas.

El cultivo de órganos humanos desde cero es un asunto de pleno y creciente interés para la medicina regenerativa. Aunque mucho de lo relacionado con los «sacos de órganos» está todavía en el plano de la teoría, la mera idea de su existencia abre un nuevo abanico de cuestiones éticas relativas a la creación, almacenamiento y conservación de estas entidades biológicas.

Y, pese a las esperanzas que ofrece la edición genética, también obliga a preguntarse cómo hacerle frente a su eventual capacidad para tener conciencia o sentir el dolor.

FUENTE. RT

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