Descrubren clavos en el pecho de esqueletos, como parte de un ritual funerario romano de hace siglos.

La expectativa es que las más recientes excavaciones permitan comprender los cambios que se produjeron en los enterramientos a lo largo de varios siglos.
La responsable del proyecto, Diletta Menghinello, refirió que se trata de «una práctica bien documentada en el período romano y en fases posteriores». Y si bien puntualizó que «su función ha sido interpretada de diversas maneras», apuntó que los clavos pudieron haberse empleado para «reparar» simbólicamente a los muertos e impedir que regresaran al mundo de los vivos para atormentar a sus habitantes. Entonces se creía que si el cuerpo del difunto no se reparaba, corría el riesgo de convertirse en un cadáver resucitado, sostuvo la experta.

Empero, no es esa la única interpretación posible. Menghinello explicó que la práctica de poner clavos en el pecho de un cadáver, también pudo haber estado destinada a proteger al difunto. En este contexto, dijo, el clavo cumplía el rol de talismán para preservar al individuo de los riesgos en «el más allá» o evitar que su tumba fuera profanada.
Así, ese ritual de los clavos «habría servido, por lo tanto, para preservar el cuerpo de posibles profanadores de su lugar de descanso final, proteger al difunto de fuerzas malévolas y, al mismo tiempo, salvaguardar a los familiares supervivientes del posible regreso del muerto entre los vivos», redondeó.
Completar un rompecabezas
Aunque la primera excavación de la necrópolis de Ostiense data de 1919, trabajos recientes realizados antes de la construcción de viviendas en la zona posibilitaron que se descubriera otra parte del antiguo cementerio, que se encuentra cerca de la Basílica de San Pedro.
La expectativa es que el yacimiento en el que Menghinello y sus colaboradores trabajan ofrezca material relevante para armar, aunque sea parcialmente, un rompecabezas de los cambios que se produjeron en las prácticas funerarias conforme la necrópolis se expandía a lo largo de varios siglos.
«En la antigüedad, los laterales del camino estaban ocupados por una vasta necrópolis romana», con varios tipos de enterramientos fechados entre los siglos II a.C y IV d.c, explicó la experta. Los esqueletos con clavos en el pecho se encontraban en lo que describió como «tumbas sencillas», datadas entre los siglos III y IV d.C.
FUENTE. RT




