Gatillo fácil y revictimización: el caso Renee Good

Por Margarita Pécora B.
No pasa un día sin que los medios estadounidenses informen sobre un nuevo hecho trágico vinculado a la violencia institucional. Esta vez, el asesinato de Renee Nicole Good, una mujer de 37 años, madre de tres hijos y residente de Mineápolis, a manos de un agente del ICE, ha vuelto a encender el debate sobre el “gatillo fácil” en Estados Unidos.
El escenario no es casual: la misma ciudad donde George Floyd fue asesinado en 2020, símbolo de las protestas contra la brutalidad policial, vuelve a ser epicentro de indignación y sospechas sobre un patrón que se repite.
Las versiones oficiales sostienen que la víctima intentó usar su vehículo como arma, justificando así los tres disparos que acabaron con su vida. Sin embargo, los videos difundidos muestran a Renee intentando retirarse del lugar, lo que contradice la narrativa de defensa propia. La discrepancia ha elevado la tensión política y social, con el gobernador Tim Walz activando la Guardia Nacional y medios internacionales reportando una ola de protestas que recuerdan las movilizaciones tras la muerte de Floyd.
Lo más grave es la revictimización: en lugar de reconocerla como víctima de un uso excesivo de la fuerza, distintas voces oficiales la describen como “agitadora profesional”, desplazando la responsabilidad hacia ella y exonerando al agente.
Este mecanismo, habitual en casos de violencia institucional, invisibiliza la humanidad de la persona asesinada y legitima la fuerza letal como inevitable.
En Mineápolis, la historia se repite: culpar a la víctima y proteger a las instituciones, mientras la ciudadanía exige que el ICE abandone la ciudad y que se ponga fin a un modelo de seguridad basado en la represión y el miedo.



