Suele ocurrir en la política que cuando el líder cumple con su gente se lo difame. La crítica siempre será por el costado ético del dirigente. Atacan por ese lado pues la política la han resuelto o “resolvido” como diría nuestro presidente.
Cristina Fernández se despidió del gobierno con 900 mil almas que aplaudieron su gestión en la Plaza de Mayo. Ese fue el resultado de su balance. No se retiró del poder en helicóptero ni seis meses antes. Sólo la oposición destrozó su figura.
La derecha solo apeló a la trampa, la mentira y el insulto. Yegua, asesina, ladrona, chorra, fueron algunos de las calificativos más corrientes. A pesar de todo, creó una línea afectiva con su gente que aún perdura.
A Néstor le pasó lo mismo. Desde tuerto a ladrón, pasando por criminal, corrupto y demás adjetivos que aunque reiterados no dejaban de instalarse en el inconsciente colectivo de aquellos discriminadores que reprobaban su política nacional. Los mismos que hoy aplauden la entrega absoluta por parte de nuestro amado presidente.
Perón y Evita también corrieron la misma suerte. A Evita desde prostituta hasta aplaudir y vivar al cáncer. Cualquier insulto producía placer en la oligarquía que sufría por el poder de Eva y la falta de protagonismo de las clases altas.
Con Perón casi se podría haber escrito un manual de la difamación. Desde nazi a violador de menores, pasando por acosador, corrupto, ladrón y hasta perverso porque secuestraba chicos para sacarle la sangre y dársela a Evita que había enfermado. Por supuesto eran infamias del peor calibre. No olvidemos la orden de matar a su cuñado y la persecución y muerte de opositores como así también haberse olvidado 20 millones de dólares en un pequeño cajón de su escritorio el día que abandonó el poder. Absolutamente todo una mentira tras otra.
La derecha difama, no comprende lo que es la democracia y menos aún a gobiernos de corte nacional y popular. Sólo entienden de alcahueterías y entregas a cualquier imperio pero si hablan inglés mejor.
Perón sufrió mucho el escarnio: en referencia a su persona lo aguantaba pero cuando el vilipendio era para la mujer de su vida, no resistía ni tenía la más mínima paciencia.
Cuenta Fermín Chávez que en los comienzos de 1971 una revista argentina efectuó una publicación en la que la figura de Evita era maltratada, y otra revista Aquí y Ahora, que dirigía José Leopoldo Pérez Gaudio, dio una buena respuesta en una de sus ediciones. Perón agradeció esta oportuna actitud señalando que la “calumnia, la diatriba y el insulto, son homenajes que se rinden siempre a un mérito o a un valor, de manera que, cuando los enanos destilan su veneno no hacen sino añadir laureles a los que han merecido”.
Comentando precisamente estas eventualidades, Perón le dijo a Jorge Antonio: “Mire, Jorge, los que andamos en esto estamos siempre expuestos a la diatriba y a la infamia, Isabelita, usted y yo. Siempre será así. Y quiero que sepa que, en lo que me concierne, yo ya los he perdonado. Usted también debe hacer lo mismo. Eso sí, esto que le digo no vale para Evita. No perdonemos jamás una infamia dicha contra ella. Porque ella no era de aquí, era de otro mundo”.
Sólo una reflexión, ¿Por qué será que la clase media insulta a más no poder a aquellos que trabajaron para el bienestar general y otorgaron derechos mientras que aquellos que han entregado al país, que lo subordinaron al Imperio y jamás movieron un dedo por los trabajadores son felicitados y admirados por ser gente seria, educada, amable? También son discriminadores pero eso alegra y motiva a la media clase. País raro. Gente rara que vitupera a quien entregó un país funcionando y aplaude a quien coquetea con Inglaterra, Estados Unidos, el FMI y cualquier delincuente de guante blanco.