Néstor Kirchner y Cristina Fernández fueron los autores ideológicos del retorno argentino a una cultura nacional. El basamento económico, la ampliación de derechos, la soberanía económica y la independencia política, más la justicia social, bases del peronismo puro, dieron por resultado la vuelta al pensamiento nacional.
Con imaginación y romanticismo, estos gobiernos nos han traído la imagen de Perón del 46´. Quienes hemos leído el advenimiento del peronismo al poder siempre hemos soñado con revivir esa época. Y lo hemos logrado.
Pero antes de Perón existieron gobiernos conservadores y antes de Néstor Kirchner, fluyeron presidentes con una gran visión antinacional.
La Argentina del 2002 se parecía mucho a la década infame y al primer lustro de la década del 40´. Por aquellos años, Arturo Jauretche escribía: “Hay dos argentinas, una conservadora que no quiere que ocurra nada, que tiene una apariencia poderosa porque maneja las estructuras oficiales de los partidos, el periodismo, la radio, pero esa Argentina no tiene vitalidad ninguna, es un edificio caduco, subsiste por inercia porque en ella ya no creen ni los que la forman. Y hay una Argentina subterránea, joven vigorosa, caótica, pero pronto se va a orientar”.
Mientras se desarrolló el gobierno de Néstor y la primera gestión de Cristina, la adhesión popular fue incontenible. Ante esto, los partidos opositores manejados por los grupos mediáticos sólo atinaron a la crítica vacía y sin contenido. Por esta razón, el proyecto colectivo fue avanzando.
El gobierno K, entre otros logros, supo volver a una cultura nacional. Los artistas y escritores más renombrados apoyaron a los patagónicos en cuanto evento se presentaron. Hacía mucho tiempo que un artista no defendía un proyecto político, hacía años que un actor no tomaba parte de un proyecto nacional.
En el primer gobierno de Perón, pasó lo mismo. Uno de los ardientes defensores fue Enrique Santos Discépolo que, con su personaje radial Mordiquisto, daba cuenta en forma intelectual y popular de los opositores a ese proyecto popular.
Cuando Ricardo Balbín fue por primera vez candidato a presidente se refirió muy duramente en un discurso a Perón y lo mencionó también a Discepolín.
La respuesta no tardó en llegar. Mordiquisto dijo: “Pero yo no inventé a Perón y Evita. Los trajo la estulticia que manejaba el país. Mirá, si vos hubieras estado en la semana trágica como yo y como tantos, en Cochabamba y Barcala, y hubieras visto morir primero a aquellos cinco, fuego a cientos y hubieras visto masacrar judíos por una gloriosa institución que nos llenó de vergüenza, no hubieras formado nunca más parte de ese partido que integrás por amor propio y quizás por ignorancia de tantos hechos delictuosos que son los que empezaron a preparar la llegada de Perón y Evita. En un país milagroso de rico, arriba y abajo del suelo, la gente muerta de hambre. Los maestros sirviendo de burla en lugar de hacer llorar por que estaban sin cobrar un año entero. ¡No! ¡Todo vendido! y ¡todo entregado! Yo sé que te da rabia que te lo repitan tantas veces, pero es que entristece también pensar que no lo querés oír. El otro día, en un discurso oí que decías refiriéndote a un gobierno de 1918: «Ya por ese entonces los obreros gozaban…» ¿De qué gozaban? ¡Los gozaban! que no es lo mismo”.
Las políticas de los últimos 12 años han revivido la década que gobernó el General Perón. Y es la obligación del periodista y también escritor reflejar esta comparación. Néstor fue peronista como el mejor Perón, lo mismo Cristina, y debemos decirlo para espantar la idea de algunos pseudo-compañeros que con el afán de descalificar a Néstor y Cristina, terminan diciendo: “Pero esto no es peronismo”.
Como explicamos en el párrafo anterior, el intelectual, el escritor y el periodista no pueden hacer oídos sordos ni mirar para arriba y destacar el momento cultural que el país está viviendo. Juan José Hernández Arregui decía: “El silencio de los intelectuales se llama traición al país. En un país colonizado la labor del escritor es la militancia política”.
Por eso no debemos olvidar lo realizado por este gobierno inspirado en Perón y Evita. Tampoco a aquellos que con su pluma y su verba sostuvieron estos históricos periodos políticos. En nuestro agradecimiento, siempre tienen que estar presentes Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Hernández Arregui, John William Cooke y Discepolín, entre otros.
El pensamiento nacional ha vuelto. Sigamos consolidándolo.