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Perón y Cristina-Por Gabriel Princip

El 16 de setiembre de 1955 la revolución libertadora, alias fusiladora, se encargó de manchar la República una vez más. El presidente Perón debió abandonar el cargo en una cañonera paraguaya rumbo al exilio. Previo a este golpe definitivo, en junio la Plaza de Mayo fue bombardeada por aviones de la armada con la inscripción “Cristo Vence” causando la muerte de 400 argentinos, entre ellos 50 chicos de entre 7 y 10 años.
Una vez en el mando, los “revolucionarios” se encargaron de denigrar y defenestrar al autor de la primera gran revolución argentina. En principio, se decretó que estaba prohibido mencionar la palabra Perón o cualquiera sustantivo que aludiera al peronismo.
El término «tirano» era el preferido. También se publicó que se fue del país con una fortuna indescriptible, que en su último tiempo como presidente había abusado de chicas del secundario y, cualquier cosa que el diablo se olvidaba de ejecutar, Perón era el encargado.
Más luego de este gobierno y por 18 años hasta su retorno, cualquier mediocre gobernante echaba la culpa a Perón de los problemas económicos. La media clase, además de plegarse a esta idea, culpaba al General de haber inventado las villas y permitido que los negros avancen sobre Buenos Aires. Lo bueno era acción del gobernante de turno, lo malo era obra de Perón.
El tiempo ha consumido almanaques y otra vez se repite la historia: los conservadores salvadores de la clase media culpan a Cristina del mal mundial. Los tsunamis chilenos, la mala campaña de Argentinos Juniors, la falta de té de Ceilán y la corrupción, son obra de la presidente, que culmina su mandato con 55 por ciento de aceptación.
La derecha sin votos pero con blindaje mediático, avanza rumbo al gobierno. La mancha tucumana fue obra de delincuentes opositores y la culpa recae en el gobierno. Fernando Niembro se llevó todo y más y renuncia como un buen ciudadano para presentarse en la justicia y aclarar, no como otros. Así lo entiende Macri. Pasa como buen ciudadano, no como ladrón.
Las operaciones políticas y de prensa, armadas por el antisemita Durán Barba sin prueba alguna, tienen la tapa de los medios dominantes como testigos fundamentales mientras que los actos corruptos probados donde el macrismo es protagonista transitan las páginas impares y lejanas de estos mismos medios.
Cristina finalmente dejará el gobierno el 10 de diciembre y la idea conservadora es devaluar, ajustar y congelar precios. Una vez devaluado el pueblo, el gobierno entregará el nombre del culpable. Adivinaron: Cristina.
Y la historia es cíclica. Durante 18 años Perón fue el culpable en ausencia de todo, ahora es Cristina por los siglos de los siglos, amén.
Así actúa la derecha. Malversa la democracia, comete ilícitos institucionales con hombres de saco y corbata importada que se pasean por los medios y finalmente transfieren la culpa. Siempre el corrupto, el ladrón, el marginal de la ley es el peronismo y en especial, sus líderes.
Los integrantes del proceso militar condenaron económicamente a una deuda eterna al país y no cobraban sueldo. El menemismo dejó sin trabajo a media Argentina pero algunos paseaban por Europa. Fernando de La Rúa cobró la comisión más abultada de la historia al realizar el megacanje que hundió al país y luego del corralito, lo llevó al quinto piso del infierno. El macrismo triplicó la deuda porteña en 8 años y el gobierno K que provocó el crecimiento, luego de pagar el 92 por ciento de una deuda no contraída, es el culpable de todos los males argentinos.
Alguna vez el medio pelo deberá abandonar el fanatismo racista y razonar. Y entender que el peronismo, como dicen los conservadores, no es el cáncer del país sino la peor enfermedad que pueda sufrir la derecha. Igual, palabras más palabras menos, Clarín ya decretó que la Argentina está mal por la corrupción peronista y así ha de ser. Así lo asimila la opinión publicada, ferviente militante de la media clase.

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