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No puedo hacer milagros, no fue magia-Por Gabriel Princip

El último aniversario de la independencia nacional que celebró Fernando de la Rúa utilizó la cadena nacional. Allí, reunido con sus afectos y sus funcionarios, se dirigió a los argentinos para comunicar un pesimista mensaje. Esas eran cadenas y no las de ahora, que informan sólo basándose en la actitud positiva.

“El país está mal, el gobierno no puede hacer milagros”, dijo el ex presidente radical. Y enumeró una serie de situaciones negativas que tuvieron su correlato hasta llegar a diciembre y huir en el helicóptero que tenía la banderita libre.
La pregunta es, ¿Qué pasó en la Argentina en 14 años que partimos desde la estación “No puedo hacer milagros” y llegamos a la terminal “No fue magia” de Cristina Fernández?
Si la pregunta la contestara Arturo Jauretche hubiera dicho, como lo hizo en su momento, “He propuesto una visión del mundo desde aquí, desde nuestro lugar. Ello nos ayudará a ver el mundo desde nuestro propio ángulo y a comprender nuestro papel. El de América Latina es otro planisferio que arroja a las grandes potencias del norte a los arrabales del planeta. Es preciso incorporar a los hábitos del pensamiento argentino la capacidad de ver el mundo desde nosotros por nosotros y para nosotros”.
Desde nosotros, por nosotros y para nosotros fue la visión que tuvo, primero Néstor, y luego Cristina. Desde esa idea se arrancó en mayo del 2003 para llegar al final del segundo mandato de Cristina Fernández con una Nación de pie y referente mundial.
“No fue magia”, reitera en cada mensaje Cristina y es exactamente así. Un país en movimiento continuo que no rota su eje en torno a los imperios sino a su gente. Que no se traslada en función del poder real sino de los derechos de aquellos que habitan la República, que existe muy a pesar de Elisa Carrió.
Fernando de la Rúa ejerció la autoridad para hablar por cadena nacional en contadas oportunidades. No molestaba con la cadena, como con Cristina. En realidad, uno se sentía molesto con el mensaje. Jamás se dirigió al pueblo para comunicar algún mensaje positivo. Hablaba de deuda, pagos, sacrificios y siempre mirando hacia al norte. Esa visión lo llevó a la acabose, Cavallo y FMI mediante.
El matrimonio K, lector asiduo de Jauretche, siguió sus enseñanzas y las mezcló con un poco de Perón, una porción de Hernández Arregui, otra de Scalabrini Ortiz y todo sazonado con un pensamiento nacional a gusto. De esa manera, el gobierno cocinó la propuesta para su gente y de allí, partieron medidas para organizar la economía, ampliar los derechos y comenzar con la industrialización sin olvidar la justicia social.
“No fue magia”, y si, no fue magia. Amas de casa con jubilación, sirvientas que son empleadas, fútbol para todos, dos satélites en el espacio, leyes de protección a los fondos buitres votado en la ONU por 136 países, paritarias, veintena de universidades nacionales, más de 1200 escuelas y nuevos hospitales, YPF nacional, al igual que el correo y el agua. Hechos trascendentes fueron casi 200, y no fue magia.
En síntesis, pasamos del quinto piso del infierno con De la Rúa y la espera de algún milagro, a una Nación con la magia e impronta peronista. El cambio se logró y sin un globo amarillo. Sólo hubo que optar por otra visión, la nacional.

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