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Luis D’Elía: el “negro de Laferrere” que asesoró a Gorbachov

Por Gabriel Princip

Luis D’Elía, histórico dirigente social del movimiento MILES, vuelve a irrumpir en la escena pública con declaraciones que combinan lo testimonial, lo político y lo geopolítico. Su relato, cargado de anécdotas  poco conocidas, y frases provocadoras, se convierte en un espejo de las tensiones de la Argentina y del mundo.

 De La Matanza a Moscú 

D’Elía sorprende al recordar su papel como asesor de Mijaíl Gorbachov: “Trabajé cinco años para la Fundación Gorbachov, lo asesoraba en temas latinoamericanos. Lo vi tres veces: en Francia, Luxemburgo y Bulgaria”, afirma. La historia se sostiene en nombres propios: Eduardo Sigal, Rubén Pascolini, Paula Durán. Y se condensa en una frase que él mismo repite con orgullo: *“Un negro de Laferrere que asesoró a Gorbachov”.

El relato se expande hacia Putin, hacia su hija antropóloga en San Petersburgo y hacia una nieta estonia que está por nacer. La biografía personal se entrelaza con la geopolítica, como si la vida de un dirigente barrial pudiera cruzarse con los pliegues de la historia mundial.

 Geopolítica en carne viva 

D’Elía habla de Irán, de misiles capaces de llegar a Tel Aviv en minutos, de la fragilidad del dólar y de la inevitabilidad de una guerra en Medio Oriente. Su tono es el de quien se siente testigo privilegiado: “Debo ser el único argentino que pudo ir a la planta misilística iraní”, asegura.

La narrativa se vuelve apocalíptica: Estados Unidos como potencia en decadencia, Rusia y China como contrapeso, Irán como actor militar formidable. La tercera guerra mundial aparece en su discurso no como hipótesis, sino como desenlace inevitable de una crisis de hegemonía.

 El kirchnerismo y la “perestroika” pendiente 

En el plano nacional, D’Elía se reivindica fundador del kirchnerismo, pero denuncia su deriva: “Hoy está lleno de arribistas y trepadores. El kirchnerismo necesita una perestroika”. Para él, el punto de quiebre fue la muerte de Néstor Kirchner en 2010.

El recuerdo del cajón cerrado lo obsesiona: “Ojalá algún día se abra y sepamos la verdad”. La sospecha sobre las circunstancias de la muerte se convierte en símbolo de una etapa que, según él, marca el inicio de la “dictadura de La Cámpora”.

 Cárcel, traiciones y memoria 

D’Elía recuerda sus años de prisión por el Memorándum con Irán y por la causa de la comisaría. Se define como preso político de Estados Unidos. Critica la indiferencia de Cristina y denuncia la presión de la embajada norteamericana. Su relato mezcla dolor personal con acusaciones políticas, y se carga de bronca contra quienes lo llaman traidor: “Fanático es todo lo contrario a revolucionario”, sentencia.

Máximo Kirchner y el futuro 

El dirigente apunta directamente contra Máximo Kirchner: “Dispuso de recursos para destruir todo lo que habíamos fundado. La Cámpora no hizo nada, solo aparato y cargos”. Frente a ese panorama, deposita expectativas en Axel Kicillof: “Tiene que animarse a hacer como Néstor: enfrentar a Cristina y Máximo, decirles ‘muchas gracias, vayan a su casa’. La historia de ellos terminó”.

Epílogo: la perestroika argentina 

La charla con  D’Elía es un mosaico de confesiones, denuncias y visiones geopolíticas. Desde Laferrere hasta Moscú, desde la cárcel hasta la Casa Rosada, su voz se instala como la de un protagonista incómodo, que reclama abrir cajones cerrados y rehacer la historia.

“Millones de argentinos tenemos derecho a que se abra el cajón”, insiste. Para él, la verdadera perestroika del kirchnerismo será esa: abrir lo que se cerró, discutir lo que se ocultó, y enfrentar lo que se enquistó en el poder.

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