Opinión

La tregua de Trump pende de un hilo.

Por  Margarita Pécora  B.- 

Trump tiró la toalla en el último round, urgido de que Teherán abra la garganta del petróleo en Ormuz. El anuncio sonó a histórico, pero con la letra chica de dos semanas de pausa y la llave del Estrecho de Ormuz en manos iraníes.

El país persa que finalmente demostró ser un hueso muy difícil de roer para Washington,  dijo que  no va a aceptar  dialogar con  Estados Unidos en Pakistán,   sin imponer sus condiciones;  y  una de ellas   es  la implementación de un alto el fuego que incluya al Líbano.  Según fuentes citadas por The Wall Street Journal, Teherán advirtió que, si Israel mantiene sus ataques contra territorio libanés, responderá militarmente contra el país hebreo y otros actores regionales. Además, amenazó con revertir la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz si la tregua no contempla al Líbano, lo que subraya la dimensión geopolítica de su exigencia.

Por su parte, Washington confirmó que la tregua de dos semanas pactada con Irán no abarca al Líbano, debido a la presencia de Hezbolá, aunque el presidente Donald Trump aseguró que “esa cuestión se solucionará”.    Sin embargo, Israel lanzó la mayor ofensiva coordinada en territorio libanés desde el inicio de la operación León Rugiente, con cientos de víctimas  libanesas reportadas.

El primer ministro de Pakistán, mediador en las conversaciones, sostuvo que la tregua sí incluía al Líbano, pero Benjamín Netanyahu lo desmintió y las FDI anunciaron que continuarán sus operaciones selectivas contra Hezbolá, lo que aumenta el riesgo de una escalada directa entre Irán e Israel.

Este pugilato  lo que demuestra es  que  la tregua de dos semanas entre Washington y Teherán se ha convertido en un pacto colgado de un hilo:   Irán exige que el alto el fuego incluya al Líbano, mientras Israel intensifica sus bombardeos en Beirut.   El resultado es un escenario de tensión máxima, donde cada ataque puede ser la chispa que rompa el acuerdo.   La cuerda floja se balancea entre la diplomacia y la guerra, y cualquier paso en falso puede precipitar una caída hacia la escalada regional.

En medio de  semejante forcejeo, Trump aparece atrapado entre dos fuegos: el condicionamiento iraní, que amenaza con cerrar el estrecho de Ormuz y responder militarmente, y la postura irreverente de su socio carnal de  Israel, decidido a seguir “masacrando” en el Líbano bajo la bandera de su operación León Rugiente.

El presidente estadounidense se ve obligado a sostener un equilibrio imposible, intentando mantener abierto el canal con Teherán sin confrontar a Tel Aviv, mientras la tregua se tambalea como un puente colgante en plena tormenta.

Por lo pronto, mientras  Washington presume voluntad de paz, su socio israelí arrasa con fuego al Líbano. El contraste es brutal: alto al fuego en Ormuz, masacre en Beirut. ¿Qué credibilidad tiene un discurso de tregua cuando tu aliado actúa como martillo de guerra?

 

 

 

 

 

 

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