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La ñata contra el vidrio-Por Margarita Pécora

Fue  como una enfermedad silenciosa,  que avanzó  en corto tiempo, hasta apoderarse de todo  su cuerpo, sin mostrar  los síntomas. Todo, hasta que un día el hombre con ínfulas de clase media,  empezó a caer en  pánico. Le sucedía, cuando se iluminaba la pantalla  de la tele  y  se escuchaban voces, al principio engañosamente dulces,  pero que finalmente destilaban una toxicidad malsana.

Los rostros desfilaban  por la pantalla con  expresiones crispadas por el odio,  y las bocas, retorcidas,  escupían mensajes  injuriosos haciéndole  sentir a él,   terriblemente culpable  de  llevar una vida “equivocada”,  en un  entorno  ficticio, mal  habido,  y que, todo cuanto  había  recibido  era fruto de robos  y saqueos de sus  “bandidos” benefactores.

Con los ojos casi fuera de  las órbitas y  entre el  miedo  y la   confusión , el  individuo  se levantó  de un tirón, apagó la tele y sacó el rifle, disparándose ;  pero  el  proyectil  tomó un rumbo errático y  solo  le atravesó  un pie.

Ahora el hombre,  se arrastra  apoyado en una sola pierna  por frente a los comercios, bajo la mirada lastimera de la gente, contemplando con la ñata contra el  vidrio, los  modernos electrodomésticos que antes adquiría  por el Plan 12, los magníficos cortes de carne que escogía cada sábado para  el tradicional asado  familiar del domingo,  y  para colmo,  el pan, todos,   exhibidos burlonamente,  como en una galería de caricaturas,  con cartelitos de  precios abismales que sólo lo  llevan a  pensar nuevamente en el suicidio.

En eso  anda  el  herido  por mano propia,  cuando  vuelve a casa,  se tira en el sillón, prende  nuevamente la tele y  presencia los mismos rostros antes crispados, riendo a carcajadas de la víctima que cobraron para  sus planes  de  exterminio, reduciendo  a la clase media, a baja o marginal,  donde el indigente no necesitará  escopeta para suicidarse,  porque  su acta de defunción  ya  la trae escrita.

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