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La marcha y Los Fernández-Por De Renzis

Cuando Carlos Menem se bajó de la segunda vuelta y le allanó el camino a Kirchner, iba a ser la primera vez de una segunda vuelta. Pero no fue.

Por M. Ángel De Renzis.

Daniel Scioli está empeñado en participar de la segunda, aun sabiendo que setenta intendentes de la provincia que él gobierna, perdieron la elección. Y que, además, poco esfuerzo harán por cuidar su boleta.

Nunca un gobernador de Buenos Aires llegó por el voto ciudadano a ser presidente. Y si bien Scioli prefería a Julián Domínguez, la Cámpora se las ingenió para que en las PASO el Correo mandara menos boletas de Domínguez que de Fernández.

Era un secreto a voces que Aníbal había arreglado con la Cámpora y sus máximos dirigentes tranquilizaban a sus militantes diciendo que se iban a refugiar en Buenos Aires.

Estaban convencidos que ganaban la provincia aunque pudieran perder la Nación.

Por eso, en el Luna Park no había nadie de la Cámpora y ni siquiera una foto de Cristina Fernández.

La boleta medía 80 cms y para sacar a Aníbal había que cortarla en los 40. Ahí fue cuando muchos pusieron la boleta de Cambiemos completa, con tal de votar en contra de Aníbal.

En la historia peronista quedará como el mariscal de la derrota.

Él había elegido a un ex integrante del PC como Martín Sabbatella. Aníbal perdió en Quilmes, su distrito, y Sabbatella perdió en Morón con la candidatura de su hermano.

María Eugenia Vidal no solo le ganó a Fernández, sino que su marido le ganó a Sabbatella y es el nuevo intendente de Morón.

Y ahora, la gran pregunta: ¿cómo sigue el Movimiento Peronista?

Con un papelón de Fellner, presidente del PJ en Jujuy, asociado a Milagro Salas, y con un PJ nacional clausurado y manejado por Zannini desde un escritorio, se avecina un futuro de crisis.

Pero el Movimiento Peronista no es el Partido. Son los millones de hombres y mujeres que, fieles a la doctrina, fueron llevados a la encrucijada de optar y no de elegir.

Ahora, los dirigentes esclarecidos de la retaguardia deberán dar un paso al frente para limpiar la herramienta electoral que es el PJ, pero por sobre todas las cosas, para reafirmar doctrinariamente lo que Cristina quiso canjear por el kirchnerismo.

Así como el menemismo y el duhaldismo no existen más, tampoco existirá más el kirchnerismo.

Usaron a Perón y a Evita en la boleta, y le agregaron a Kirchner. Y perdieron setenta distritos.

En esa boleta había socialistas, radicales y comunistas, y por supuesto, también peronistas. Pero al pueblo no lo pudieron engañar. Una ciudadana de 101 años fue a votar. Hacía 30 que no iba. Y cuando terminó de votar, se puso a cantar la Marcha Peronista.

La señora se fue feliz, su voto no fue impugnado y la aplaudieron. Mientras que a Aníbal Fernández, que recomendó que nos pusiéramos la marcha en el culo, esta mañana le costaba hacer pie frente a la prensa, y también sentarse.

A nadie se le ocurrió preguntarle si a él le dolía su sentadera por la paliza de Vidal.

Dolor con dolor se paga. Chau Aníbal! Hasta nunca!

En la galería de los mariscales de la derrota por ahora hay un Fernández, pero el runrún de que haya dos empezará el 11 de diciembre, salvo que Scioli lo salve.

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