Quien escribe estas líneas, votó ayer por primera vez, ejerciendo su derecho de ciudadana extranjera nacionalizada en este país grande, hermoso y complejo que le tendió sus brazos. Fui aplaudida por los integrantes de la Mesa electoral, y junto con la sorpresa, vino la emoción y convicción de estar en un país donde se ejerce la democracia y se la estimula.
Por eso, al votar, no pensé en nombres de personas, sino en el modelo de país que está en juego, y no titubeé ni un solo instante al elegir.
Quien mira a la Argentina como referencia para el mundo, de un modelo que tuvo su parto en el 2003 y contra viento y marea ensayó la inclusión, la igualdad y las fórmulas de un mejor porvenir para los argentinos y argentinas, no comprende cómo todavía quedan miles de ciudadanos que no lo asimilan de ese modo, y votan otro modelo que es casi seguro que los va a excluir, y a dejar a la Argentina fuera de la constelación de naciones integradas para marchar con su propia fuerza, hacia una economía libre de las dependencias históricas del colonialismo norteamericano.
Hay solo dos puntos de diferencia entre quien representa el modelo de igualdad y de inclusión, del otro que entregará al país a las transnacionales extranjeras, y las políticas neoliberales que ya estaban condenadas al pasado. El mundo nos está mirando y nos juzgará por los errores.
Ante un seguro balotaje para decidir entre estos dos modelos, la Argentina se encuentra en una peligrosa línea de fuego.
Los Medios adversos al oficialismo salieron a despedazarlo y a echar más pasto a las llamadas presagiando el fín del ciclo Kirchnerista. Califican el impacto electoral de ayer como “terremoto”, “naufragio” , “batacazo”, entre otros términos apocalípticos y las plumas más filosas, rebuscan palabras para marcar una grieta entre la sociedad y el Frente para la Victoria, mostrándolo derrotado, para otros, traicionado.
Con la provincia de Buenos Aires en manos del macrismo, las fuerzas del kirchnerismo pierden por solo cinco puntos, una posición de primera línea, y eso obviamente envalentona al adversario macrista que saltó y bailó anticipadamente, para mostrarse vencedor absoluto.
El aire ahora, está enrarecido por el suspenso que marca esta ventaja exigua entre el kirchnerismo y el macrismo, sumado a los vientos que llegan desde el interior donde victoria y derrota se saborearon, con Morales que ganó en Jujuy , Alicia K, ganando en Santa Cruz, Insfrán apabullando en Formosa, Das Neves regresando, entre otros.
Scioli fue visualizado sin hablar del resultado y con discurso de balotaje. A Massa lo instalan como árbitro, como opositor y víctima de la polarización.
De fondo, Cristina, el Congreso, La Cámpora y un futuro en la línea de fuego.
Distintas opiniones, distintos ánimos y una misma realidad. Los datos ya están. El panorama ya se conoce. El horizonte de balotaje ocupa ahora a los analistas y columnistas y llueven las opiniones planteando estados de ánimo, deseos y especulaciones. Esto es solo el comienzo. El clima hostil irá in crescendo. La Argentina arde, pero cabe aún la esperanza de acá, al 25 de noviembre, de que prime el sentido común y nuestros conciudadanos reflexionen y vuelvan a votar, con más prudencia, pensando no en nombres, sino en el modelo de país que realmente quieren.